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hojaparroquial Semanario de la Di贸cesis de Segorbe-Castell贸n
9 de diciembre de 2012
Puentes de fe con Am茅rica
Vida Diocesana
Quinientos niños participan en la Jornada Diocesana de la Infancia Misionera
REDACCIÓN. CASTELLÓN.
El sábado pasado, 24 de noviembre, el Seminario Mater Dei acogió el XII Encuentro Diocesano de la Infancia Misionera, organizado por la Delegación de Misiones. El lema de este año era “Con los niños de Europa acoge-
mos a todos como Jesús”, y participaron cerca de quinientos niños y niñas de una veintena de parroquias y colegios de la Diócesis. Durante la Eucaristía, el obispo, mons. Casimiro López Llorente, comentó el tema de la jornada a través de un diálogo con tres niños que hizo subir
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al presbiterio junto a él, y los invitó a participar en la jornada de Sembradores de Estrellas. El encuentro comenzó con la eucaristía, que incluyó la proclamación del Evangelio y una petición en lengua de signos. El programa prosiguió con diversos talleres organizados por colegios y parroquias: teatro, danza y oración, manualidades, pintura… Destacó un espacio en el que dieron su testimonio dos hermanos inmigrantes, explicando cómo se habían sentido acogidos en la España. La jornada se concluyó con la intervención del responsable del Secretariado de Migraciones, Fernando Latre, que resumió en imágenes el encuentro. La animación musical estuvo a cargo del grupo COM, de las hermanas de las Consolación, excepto los cantos de
la eucaristía, encargados a la parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón. Además de la Jornada de la Infancia Misionera, la Delegación Diocesana de Misiones ofrece a los niños y niñas la posibilidad de participar en otras iniciativas como la campaña de Sembradores de Estrellas, que se realiza en las fechas próximas a Navidad y que consiste en felicitar las fiestas de parte de los misioneros. También divulga las revistas misioneras Gesto y Super Gesto. A nivel estatal, la Jornada de la Infancia Misionera se celebra el día 27 de enero con una colecta que se destina a proyectos de desarrollo de la infancia en los países pobres. Precisamente este año se cumple el 170 aniversario de una obra que promueve el espíritu y compromiso misionero entre los niños y niñas.
Tribuna
Fe y conversión Queridos diocesanos: El Adviento es un tiempo de gracia para fortalecer y purificar la fe tras la huellas de Maria. No podemos olvidar que no hay fe sin conversión radical. No se nace cristiano. Uno se va haciendo cristiano. La fe consiste precisamente en “estrenar un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez 18,31). “Conversión” quiere decir, antes que nada, “giro del corazón”. Pasar de la autoafirmación y autosuficiencia al abandono confiado a Dios. Dejar de ser el centro de uno mismo para vivir desde Dios. Entender y vivir la existencia, no en referencia a uno mismo ni al mundo, sino en referencia al Misterio de Dios. Por eso hay una manera radicalmente falsa de vivir la fe cristiana y consiste en que la persona siga siendo el centro de sí misma y sólo acuda a Dios para sus propios intereses. La conversión exigida por la fe es una especie de “nuevo nacimiento” (Jn 3,35). Es una actitud nueva ante el mundo, diferente de la de aquél que no cree. Es una manera nueva
entenderse a si misde cada persona y, mo, de pensar, sentir por tanto, cuando se y actuar; es un modo da, modifica esa vida nuevo de mirar, de dándole más autentipensar y de juzgar la cidad. Cuando la perrealidad. Dios no es la sona se abre a Dios se explicación concreta hace más humana. de los fenómenos que Sin esta conversión se dan en el mundo, Mons. Casimiro moral, la fe puede ser pero sí el que les da su López Llorente * pura ilusión. No se sentido último más puede vivir ante Dios auténtico y trascendente. Es sin sentirse responsable ante el un modo nuevo de ser y de hermano y ante la sociedad. vivir: Dios es el horizonte y la El criterio decisivo de la fe medida de la criatura; desde él cristiana en un Dios Creador quedamos confrontados a la y Padre es el amor al hermano verdad y al bien; desde él so- y la apertura a su necesidad: mos invitados al amor. “Quien no ama no ha conocido En esta conversión no a Dios, porque Dios es amor” hemos de ver sólo “exigencia (1 Jn 4,8). Por otra parte, la moral”. Convertirse a Dios es, fe cambia la actitud moral de antes que nada, curarse de la la persona. Lo que el creyente falsa autosuficiencia y de la in- busca no es atenerse sin más autenticidad, de nuestro ‘nar- a unos principios éticos, sino cisismo’. Ponerse ante Dios responder a la invitación de ayuda al ser humano a cono- Dios. Los mandamientos y cerse a sí mismo, a descubrir las bienaventuranzas son el su pequeñez y finitud, pero camino para responder a esta también su dignidad y grande- invitación divina. La converza, a enraizar su vida en la ver- sión no consiste en un remordad y a esperar con confianza dimiento cerrado y estéril, sino su último destino en Dios. en retornar al Padre y acoger Esta conversión a Dios su perdón regenerador en el tiene lugar dentro de la vida Sacramento de la Penitencia.
La conversión no es esfuerzo solitario, sino obediencia a Dios, acompañada y sostenida por su gracia. La fe en Dios para que no se atrofie y se fortalezca, exige además formas concretas para reconocer la presencia de Dios, invocar su nombre, alabar su grandeza y adorar su misterio. En la vida de fe se busca el encuentro con Dios. Por eso, la puerta de la fe y su alimento es la oración, basada en la escucha de la Palabra de Dios, que es siempre viva y eficaz. Y, junto a ella, la celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía. Por último, no hemos de olvidar que la fe implica siempre un contenido. No es posible creer en Dios sin creer en lo que Dios nos revela. Por eso, el creyente va configurando su adhesión a Dios, su concepción del hombre y de la historia, y su visión del mundo a la luz de la revelación de Dios en Jesucristo, cuya síntesis encontramos en el Credo. Con mi afecto y bendición,
(*)ObispodeSegorbe-Castellón
La vida de Jesús resucitado y nuestra vida de resucitados por Juan Manuel Gil
Nuestra vida humana participa ya de la vida del Resucitado. Esa es nuestra fe. Sin embargo la vida de los que murieron, su espíritu, está a la espera de la resurrección final de la carne, donde se unirán cuerpo y alma. Juan XXIII insistía en la necesidad del cuerpo resucitado para tener la visión beatífica completa. Por ello, los que han muerto están a la espera de la resurrección final y tienen una visión beatífica parcial. Benedicto XVI insistía en que los difuntos poseen ya la felicidad completa de la visión beatífica, aunque están a la espera de la resurrección final. La preocupación común era la felicidad integral de la persona después de la muerte. Por ello, Jesús resucitado, su nueva vida después de la muerte, puede ser el paradigma para entender y expresar la vida de los fieles difuntos. Veamos la acción del resucitado
Jesús para entender mejor la vida de los resucitados. Más allá de esta vida terrena continua para los que han muerto el compromiso y la tarea moral de guardar la promesa gracias a la acción de Cristo resucitado, que les mantiene en esta fe escatológica. Para imaginar esta vida activa de los que han muerto, hemos de imaginarlos en el compromiso de superar el pecado propio en su vida terrena. La noción católica de la “comunión de los santos” puede ayudarnos a entender esa común actividad que une a vivos y muertos en su nueva relación con Cristo resucitado, imitando su vida aquí y en el más allá, ayudados por la gracia y por una relación personal con Dios. Esta acción de Cristo que olvida su fracaso por culpa nuestra y nos reconcilia con Él, se refleja ya en los credos más antiguos
cuando unen escatológicamente el perdón de los pecados y la resurrección de la carne. La oración que nos enseñó Jesús lo resume muy bien (Mt 6,12). A la luz de esto, podemos imaginar la vida de los difuntos como una actividad incesante para ofrecer un perdón escatológico imitando así la voluntad de Jesús de perdonar sin reprocharnos nada de nuestras culpas pasadas. La manera cómo el Resucitado perdona a Pedro, es la muestra más clara: renueva su relación como discípulo, profesa su nuevo amor, y es confirmado en la misión. Lo mismo podemos decir de los que han muerto: la comunión de los santo, perdonados y perdonadores, renueva nuestro seguimiento de Jesús en la otra vida. El resucitado Jesús se manifiesta plenamente como es.
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Reportaje
Puentes de fe entre Segorbe G. FARRÉ.
Este sábado, el Secretariado para las Migraciones ha organizado en la parroquia de la Sagrada Familia de Castellón una eucaristía con motivo de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, que se celebra el 12 de diciembre. La iniciativa, que en solo tres años ha conseguido una excelente acogida entre los latino americanos que viven en la Diócesis, pone de manifiesto la vinculación que desde hace cerca de cinco décadas existe entre Segorbe-Castellón y los pueblos iberoamericanos. La aventura comenzó en enero de 1963, a raíz de la petición que el Beato Papa Juan XXIII hizo a los obispos españoles al finalizar la primera sesión del Concilo Vaticano II. La demanda consistía en enviar misioneros a América. Mons. José Pont i Gol, obispo de la
Foto 1: Actual misión diocesana en República Dominicana. Foto 2: Antonio Sánchez con un grupo de fiele
recientemente constituida Diócesis de Segorbe-Castellón, transmitió este deseo a los sacerdotes, y sin esperar recibió la presentación de dos candidatos: Vicente Gómez Vilar y José Doménech Besalduch, párrocos de Tales y Vistabella, respectivamente. Recordando aquellos inicios, mn. Doménech explica: “Estoy convencido de que los protagonistas
de este primer momento sabían mucho de la teología misionera de la iglesia local; pero no sabría decir qué parte hay que atribuir a estas profundas verdades y qué parte corresponde a la espontaneidad de entrega y sacrificio de las personas. No fue el resultado de una pastoral de laboratorio, sino la respuesta a unos hechos que se precipitaban”. La primera misión dio-
cesana fue en Puchacay, un suburbio de la ciudad de Concepción, en Chile. Allí comenzaron su labor los sacerdotes diocesano con una población obrera que trabajaba con tenacidad, pero que al mismo tiempo sufrían las consecuencias del paro y del alcoholismo. Paralelamente, daban clases en el Seminario y participaban en movimientos, dando un impulso especial a los Cur-
Testimonio misionero en República Dominicana
Comunidades sedientas de la Palabra de Dios
JUAN CARLOS GIMENO. ONDA.
El viaje realizado este año a la misión de República Dominicana ha sido mi segunda experiencia de misión. Esta vez, he podido comprobar cómo trabaja el sacerdote misionero Juan Cárdenas en su nuevo destino, Pueblo Viejo (Ázua), donde el calor es sofocante pero donde también son sofocantes las ganas de celebrar la liturgia. Juan celebra la Eucaristía en sencillas parroquias con sus manos tocando las palmas, con su voz cantando, y también con el Espíritu que lo hace parecer cada día más joven. El año de la fe en República Dominicana es una celebración diaria. Los más vulnerables acogen su
fe con toda una pedagogía cotidiana. Aferrándose a ella y transmitiendo desde su vida cómo luchar por los demás, con otra cultura, con muchas limitaciones pero con un gran amor. Las comunidades están sedientas de la Palabra de Dios y no existen tantos prejuicios a la hora de compartirla; las personas son mucho más espontáneas en las celebra-
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ciones y hacen continuas referencias a cómo les habla Dios en sus vidas. En el proyecto de apadrinamiento me han hecho sentir uno más, compartiendo canciones, experiencias educativas y la sabrosa comida que se ofrece en sus aulas. Esos niños recogen el fruto del año de la fe ya que pueden disfrutar de una educación
y una nutrición por el gran milagro del compartir que surge en los corazones de las personas que creen en el proyecto y por las personas que permiten que se lleve a cabo. Es una bendición que, en estos tiempos en que la sociedad permite una economía que solo mira los beneficios y genera más diferencias entre ricos y pobres, la solidaridad se abra un camino desde España hasta República Dominicana. Le agradezco a mi comunidad parroquial San Bartolomé esta fe en el Evangelio desde los más necesitados que nos obliga a salir de nosotros mismos para el encuentro con Dios y, con Él, el encuentro con nuestros hermanos.
Reportaje
e-Castellón y América Latina
es en Perú. Foto 3: Misión diocesana en Chile
sillos de Cristiandad. En 1969 hubo el primer relevo de sacerdotes, pero el golpe de estado de 1973 forzó el final de esta colaboración. La colaboración misionera en América se retomó en 1976, esta vez en República Dominicana, y
Al margen de las misiones diocesanas, muchas otras personas, tanto sacerdotes, como religiosas y seglares, algunos con sus familias enteras, han participado y siguen asegurando una labor evangelizadora en América Latina. Es ocasión de recordar la labor que hizo el sacerdote José María Sangenaro, fallecido el pasado 6 de octubre, y fundador de los Hermanos del Buen Pastor, o al presbítero Antonio Sánchez, que ha dedicado más de cuarenta años de su vida a la Iglesia de Perú. Actualmente hay 34 misioneros. La próxima, es la religiosa Marta Iturralde, de Castellón, miembro de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón que partirá en enero hacia Perú. - Argentina Mª Dolores García, hermana de la Consolación. Natividad Guillamón, hermana de la Consola-
enviando a cinco jóvenes, que el 3 de enero recibían el crucifijo misionero en la parroquia de la Vilavella. Eran los esposos Francisco Granell y Julia Gómez, y tres chicas solteras: María Dolores Cantos, Margarita Rojas y Lola Llopis. Este
fue el inicio de una larga representación de seglares diocesanos que han participado en la misión. Su trabajo consistió en la evangelización, promoción de la mujer y de los campesinos, apertura de una guardería y una farmacia, e impulso del
Evangelizadores en las Américas
ción. Concepción Ortells, franciscana misionera de María. Agustín Piquer, seglar del Camino Neocatecumenal. - Colombia Mª Fernanda Benejam, seglar del Camino Neocatecumenal. Mª del Carmen Piquer, seglar del Camino Neocatecumenal. - Costa Rica Mª Carmen Doménech, seglar del Camino Neocatecumenal. Mª Dolores Pérez, seglar del Camino Neocatecumenal. Mª Pilar Tejedo, seglar del Camino Neocatecumenal. - Chile Juan Albiol y Mª Amparo Enrique, familia en misión del Camino Neocatecumenal. - El Salvador
Manuel Batalla, sacerdote dominico. - Guatemala Antonio López, mercedario. - Honduras Manuel Botet, padre lazarista. Enrique Silvestre, padre pasionista. - Méjico Teresita Bagán, seglar de Lumen Christi. Josefina Llop, hermana de la Consolación. Susana Llusar, angélica. María Rubio, hermana de la Consolación. Francisca Vilar, teresina. - Nicaragua José María Sacedón, escolapio. - Panamá Javier Mañas, mercedario. - Paraguay José Miguel Celma, claretiano. - Perú Mª Josefa Gimeno, car-
cooperativismo y la agricultura. En 1978 la Diócesis envió al primer sacerdote, de nuevo mn. Doménehc fue pionero, hasta entonces delegado de misiones. La implicación diocesana con República Dominicana llegó incluso a influir en la decisión de las Capuchinas de Castellón de hacer una fundación en el país caribeño: en 1979 llegaron las fundadoras, entre las que estaban la religiosa María Dolores Ballester. Actualmente asegura la presencia el sacerdote Juan Cárdenas, que tomó la responsabilidad de la parroquia de Guayabal en 1996. (Ver testimonio en cuadro adjunto de un joven que acaba de hacer una experiencia misionera ahí).
melita de la Caridad. Mª Dolores Izquierdo, misionera dominica del Rosario. Concepción Molinos, hermanita de los Ancianos Desamparados. Mª Pilar Monferrer, hermana de la Caridad de Santa Ana. María Dolores Montoliu, religiosa de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón. Ana María Soria, carmelita de la Caridad. - Puerto Rico José Alcocer, sacerdote de Acies Christi. Amparo Blasco, Franciscana de la Inmaculada. Enrique Oria, padre carmelita. - República Dominicana María Dolores Clausell, clarisa capuchina. Juan Vicente Cárdenas, sacerdote diocesano. Vicente Sacedón, escolapio.
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Vida Diocesana
Los responsables de las diversas áreas de la Diócesis preparan el próximo plan de pastoral REDACCIÓN. CASTELLÓN.
Recientemente se reunieron los responsables de las diversas áreas de pastoral de la Diócesis de SegorbeCastellón con el Obispo, mons. Casimiro López Llorente, para empezar a preparar el nuevo Plan Diocesano de Pastoral, que seguirá al que este curso culmina después de cinco años de aplicación. En la misma línea de trabajo se situaron, los días siguientes, el Consejo Diocesano de Pastoral y el Consejo de Presbiterio. En el 2008 se inició un
trabajo que tenía como objetivo consolidar una Iglesia Diocesana de Comunión para la Misión. Durante estos años, se han profun-
dizado aspectos como la corresponsabilidad, la formación, los sacramentos -con especial atención a la celebración dominical de
la misa-, el compromiso social, y la misión, que este curso concluye el quinquenio. El Plan Diocesano de Pastoral se elaboró con la participación de todas las entidades y realidades católicas, y es en esta misma dinámica que ya desde ahora se está recabando los criterios y prioridades que marcarán la vida diocesana los próximos años. En la reunión de hoy con los Delegados, también se ha hablado del Encuentro Diocesano de la Fe que se celebrará el 23 de febrero próximo.
Retiro Adviento 14 y 16 de diciembre P. Eduardo Sanz, ocd. Fin de año en el Desierto de las Palmas Del 30 de diciembre al 2 de enero
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El Evangelio del Domingo
“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor” Primera Lectura Bar 5,1-9. Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad». Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos in-
II Domingo de Adviento (2ª Semana del Salterio) vocando a Dios. A pie se Salmo responsorial marcharon, conducidos Sal 125. por el enemigo, pero Dios R/. El Señor ha estado grande te los traerá con gloria, con nosotros, y estamos alegres. como llevados en carroza real. Dios ha mandado Segunda Lectura abajarse a todos los mon- Flp 1,4-6.8-11. tes elevados y a las colinas encumbradas, ha manda- Evangelio do llenarse a los barrancos Lc 3,1-6. hasta allanar el suelo, para En el año quince del reinaque Israel camine con se- do del emperador Tiberio, guridad, guiado por la glo- siendo Poncio Pilato goria de Dios. Ha mandado bernador de Judea, y Heal boscaje y a los árboles rodes virrey de Galilea, y aromáticos hacer sombra a su hermano Felipe virrey Israel. Porque Dios guiará de Iturea y Traconítide, y a Israel con alegría a la luz Lisanio virrey de Abilene, de su gloria, con su justicia bajo el sumo sacerdocio de y su misericordia. Palabra Anás y Caifás, vino la palade Dios. bra de Dios sobre Juan, hijo
de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.» Palabra del Señor. Próxima semana: Domingo III de Adviento Sof 3,14-18a / Sal Is 12,26 / Flp 4,4-7 / Lc 3,10-18
Año de la Fe CUERPO Y ALMA 362 La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios. 363 “Alma” significa el principio espiritual en el hombre.
364 El cuerpo participa de la dignidad de la “imagen de Dios”: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu (cf. 1 Co 6,19-20; 15,44-45). 365 El espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza. 366 Cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “pro-
ducida” por los padres-, y que es inmortal. 368 La tradición espiritual de la Iglesia también presenta el corazón en su sentido bíblico de “lo más profundo del ser” “en sus corazones” (Jr 31,33), donde la persona se decide o no por Dios (cf. Dt 6,5; 29,3; Is 29,13; Ez 36,26; Mt 6,21; Lc 8,15; Rm 5,5). (*) La numeración al inicio de cada párrafo corresponde al artículo del Catecismo de la Iglesia Católica.
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Suplemento del B.O. del Obispado
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Mn. José Domenech Besalduch, primer misionero diocesano en Chile
“Cuando desde nuestra pobreza de sacerdotes y medios nos abrimos a compartirlo con los otros, es una forma de enriquecernos” G. FARRÉ. CASTELLÓN.
Históricamente, la evangelización de América la hicieron los franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios de las provincias castellanas, mientras que nuestras tierras no pudieron enviar misioneros hasta el siglo XVIII. Como fruto del Concilio, en los años sesenta hubo una nueva primavera misionera. El primer sacerdote que respondió fue mn. Domenech (Sant Mateu, 1928). - ¿Qué le motivó a responder a la llamada del obispo Pont i gol y ofrecerse para ser enviado en misión? - Yo pertenecía a la Diócesis de Tortosa, y pasé a Segorbe-Castellón el 31 de enero de 1963. En el segundo boletín que recibí, el Obispo Pont y Gol pedía voluntarios para ir a América para cumplir el deseo de Juan XXIII. Como que acababa de llegar y no tenía ningún lazo aquí, me ofrecí y me aceptó. El compromiso de la Diócesis era aportar dos sacerdotes, y mn. Vicent Gómez y yo enviados a Chile. - ¿Qué le aportó personalmente esta experiencia?
- Mi experiencia más rica en Tortosa habían sido los Cursillos de Cristiandad, y a los dos días de llegar a Chile me llamó el Arzobispo para que me encargara de ellos. Al mismo tiempo, daba clases en el Seminario, en la universidad Católica, y me ocupaba de la juventud universitaria. Este trabajo me aportó seguridad en mi entrega al sacerdocio y el afán de comunicar a todos las realidades de la Iglesia Católica de todo el mundo. - Y a nivel diocesano, ¿qué aporta la misión? - De pronto, cumple la obligación de participar en
una acción de la Iglesia Católica. En este sentido, los territorios de nuestra Diócesis siempre ha gozado de buena fama misionera en España por la cooperación con las Jornadas Pontificas como la Santa Infancia, y eso demostraba que los movimientos eclesiales habían trabajo mucho en la misión. Las misiones también aportan una visión universal de la Iglesia y distintas formas de vivir la fe. Todo ello enriquece con una pastoral más abierta. - ¿Qué claves piensa que son esenciales en la misión actual? - Lo primero que diría
es que cuando los obispos españoles se quejaron a Juan XXIII de que pidiera enviar sacerdotes, él les respondió que “la generosidad nunca ha arruinado a nadie”. Por tanto, cuando nosotros, desde nuestra pobreza de sacerdotes y medios, nos abrimos a compartirlo con los otros, es una forma de enriquecernos. Por otra parte, cuando uno va a misiones lo hace sin las protecciones institucionales que tenemos aquí. De ahí que, aunque al principio comencé centrándome solo en el servicio parroquial, pronto me di cuenta que es como labrar en el mar, porque contactar con el sacerdote dos veces en la vida no hace nada. Es necesario ir más allá y por eso hice un plan basado en los Cursillos de Cristiandad, con la espiritualidad carismática, y clases bíblicas para la formación. Y pienso que esto también sirve aquí. - En estos años son muchos los latinoamericanos que han venido y que colaboran en nuestras parroquias. ¿Qué nos aportan? - La frescura de una experiencia nueva, de un cristianismo que vive como un estreno del amor.