Hoy, la luz se considera un material que, al igual que los ladrillos, el cemento, el vidrio o el acero, hay que tener en cuenta en todo proyecto arquitectónico. En el pasado, este papel solo lo desempeñaba la luz natural, como demuestran el Palacio de Cristal de Joseph Paxton, construido en Londres para albergar la Gran Exposición de 1851, o la Capilla de Notre-Dame-du-Haut de Le Corbusier realizada en Ronchamp, por citar algunos de los ejemplos más famosos. En la actualidad, las tecnologías de la luz artificial, las nuevas lámparas de descarga, los LEDs, los OLEDs, los láseres controlados por sistemas computarizados cada vez más sofisticados, han permitido reproducir, en la realidad cotidiana, efectos y situaciones que, hasta ahora, solo se veían en el cine.