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El hombre que perdió su personalidad
“el capataz más eficiente y capaz” empleado por la compañía de ferrocarriles: Rutland y Burlington. Luego del accidente, Fineas experimentó un marcado decaimiento moral. Se volvió muy emotivo y sensible y se enojaba fácilmente. Perdió el interés en lo espiritual y dejó de asistir a la iglesia. Se volvió irreverente y muy profano. Perdió todo el respeto por las buenas costumbres sociales y llegó a ser totalmente irresponsable.
El 13 de septiembre de 1848 ocurrió un trágico accidente que asombraría al mundo de la ciencia médica. Fineas P. Gage de 25 años de edad, capataz de la construcción de ferrocarriles en Vermont, estaba encargado de dinamitar una zona montañosa para luego instalar una nueva línea de ferrocarril. La rutina era simple: debía perforar un agujero profundo en la roca, rellenarlo parcialmente con pólvora y luego cubrirlo con arena. Entonces con un pisón de hierro debía aplastar la arena para consolidar la carga. Finalmente, se utilizaba una mecha para detonar la explosión. En aquel día trágico, todo marchaba como lo planeado. El agujero en la roca se había perforado, el polvo explosivo se había colocado dentro del agujero pero alguien había olvidado colocar la arena encima. Fineas comenzó a apisonar directamente sobre la pólvora. Una chispa saltó repentinamente detonando la pólvora y una tremenda explosión provino del agujero. El pisón de hierro de aproximadamente 7 kilogramos de peso, 2.5 centímetros de diámetro y 1 metro de largo fue proyectado directamente hacia él. Con la fuerza de un misil, el hierro se incrustó en su mejilla izquierda, pasando por detrás del ojo izquierdo y a través del cerebro para luego salir por la parte superior del cráneo.
Foto de Fineas Cage tras su accidente.
De ser un respetado obrero pasó a figurar en las listas de desempleados. Su compañía lo despidió cuando no pudo, con responsabilidad, llevar a cabo su trabajo. El accidente traumático que sufrió Fineas le costó su personalidad, sus valores morales, y su compromiso con su familia, con la iglesia y con sus amados. Los investigadores han concluido que él perdió una parte importante de la zona frontal de su cerebro llamada lóbulo frontal. Es la parte responsable, en nuestro cerebro, del razonamiento moral y del comportamiento social. El cerebro está dividido en varias secciones o lóbulos. Cada lóbulo tiene funciones específicas. El lóbulo frontal detrás de la frente es el lóbulo más grande del cerebro. Es el asiento del juicio, razonamiento, intelecto y de la voluntad. Es el lugar de la espiritualidad y moralidad del cual resulta el carácter de todo ser humano. Por lo tanto, una persona con daños al lóbulo frontal puede aparentar ser la misma persona de siempre pero si uno se relaciona con ella, usualmente notará que “no es la misma persona”.
Increíblemente, este accidente traumático no mató a Fineas. El hecho fue, que vivió otros 13 años y casi logró recuperar todas sus fuerzas físicas. Se lo notaba tan inteligente como antes, podía hablar y hacer trabajo físico normal y su memoria estaba muy alerta pero el accidente le había costado algo muy valioso. Antes del accidente, Fineas era un responsable e inteligente trabajador y muy querido esposo. Se lo conocía como una persona de alta moralidad y se lo describía, por gente que lo conocía bien como “un hombre piadoso y muy reverente feligrés” Tan excelente era el carácter de Fineas que los archivos de trabajo lo laureaban como
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