03 Coordinación: Doris Arenas / Edición: Carlos Sánchez
www.isc.gob.mx
Hermosillo, sonora, México
Corrección: Doris Arenas / Diseño: Argelia Juárez
Feria del libro hermosillo 2013
28 de octubre 2013
Foto: Juan Casanova
“Nenitas: personajes tiernas y bonitas, también lo son retorcidas, despeinadas y latosas”
Francisco Prieto
La literatura: complemento fundamental para mi existencia
Carlos Sánchez
E
n la mirada pende su nostalgia. Francisco Prieto es el escritor que fluye la memoria de la vida sobre las páginas que construye. En el preámbulo de la presentación de su novela “El calor del invierno”, en Feria del Libro Hermosillo 2013, recorre con palabras el tiempo de infancia. De pronto un partido de beisbol en el recuerdo lo emociona como si lo estuviera viendo en vivo. En esta charla, Francisco recorre también ese tema de misterio y maravilla que es la paternidad. También ahonda en el tema de escribir, acontecimiento que le disminuye los decibeles de la histeria. Aquí la conversación: --“El calor del invierno”, ¿cómo cae el título? --Esta novela la escribí un tanto sin título pero creo que el título estaba adentro, el título estaba dando la esencia, la sustancia, porque es una novela en la que confluyen varias cosas, varias temáticas. Por un lado la edad, el protagonista es un hombre de la tercera edad, un hombre jubilado, investigador antropológico, hijo de refugiados españoles, divorciado, con dos hijas que ya se van a casar, él siente que ya ha hecho en la vida lo que tenía qué hacer y de alguna forma tiene cierta pereza por lo que hay que hacer, esto por el desgaste y lo que significa la edad, lo que se pierde con la edad, como no tiene obligaciones se va a España y de alguna forma por el temor a la vejez, al deterioro. Esto pasa en la novela y muchas cosas más. El título es por el calor del invierno, el invierno de la vida, el invierno de la cultura, el invierno de la edad. --Los escritores escriben mucho de sus obsesiones, tú mencionas el temor a la vejez, ¿te está ocurriendo o sólo son ganas de explorar el tema? --No mucho. Indudablemente hay muchas cosas que ya no son iguales, todavía no hace muchos años yo era una persona que tenía entusiasmo por ver nuevas manifestaciones en todo: literarias, cinematográficas, me atraían muchas cosas, me invitaban a un lugar que no conocía e iba con mucha ilusión, entonces de pronto siento que ya no me atrae más
que volver a los lugares que quiero, que amo, que hay quizá menos curiosidad y de pronto me sorprenden menos las cosas, incluso en los toros, ya no tienen nada qué revelarme, y estas cosas me preocupan un poco, pero por otro lado es verdad que entras a otro nivel de satisfacciones, por ejemplo hablo mucho con mis hijos, tenemos cosas en común. Pero ahora estoy haciendo una novela y eso me indica que todavía tengo ilusión de vivir, porque para mí escribir es un modo de vivir, es un complemento fundamental para mi existencia cotidiana. No disfrutaría las muchas cosas de la vida que me gustan todavía si no fuera porque escribo, si me quitan la escritura seguramente sería un neurótico, irritable, escribo porque es una necesidad, y seguramente una necesidad de un cierto grado de escape, creo que como dijo Graham Green: todo escritor es un escapista que no sabe de qué escapa pero está escapando constantemente. --La literatura sin duda te ha hecho mejor persona, ¿también te ha hecho ser mejor padre? --Yo cuento en mi novela “Campo de batalla” (haciendo novela, no un texto autobiográfico, porque haciendo novela voy más lejos), lo duro que fue mi padre para mí: autoritario, terrible. Y lo que es peor desde la raíz no era un mal hombre, era un hombre muy condicionado sicológicamente pero yo y mis hermanas sufrimos mucho con él, al punto que dejé mi familia y me fui a vivir solo siendo muy chico, entonces hice una novela como forma de exorcismo de esto, pero yo creo que ese niño que veía gris aunque hubiera sol, ese niño que se sentía solo, que fue tímido, que tuvo que luchar para poderse relacionar, para ser lo que luego detestaría, una persona normal, creo que esto está presente en todas mis novelas, por eso digo que “Campo de batalla”, que narra los últimos días de un padre y su enfrentamiento con el hijo, es lo que ha estado apareciendo en todas mis novelas; los personajes son personas que tienen que luchar para construirse a sí mismas, que tienen que reconstruir su propia vida y que sienten las veces que han hecho el ridículo hasta encontrar su propia voz, su propio lugar en sociedad. --¿La literatura te hace un buen padre? --Me da un dominio sobre la vida y ese dominio influye en eso, desde luego tengo muy claro que yo no quise hacer con mis hijos lo que mi padre hizo conmigo. Mi padre me hizo feliz pocas veces en la vida, una vez me llevó a ver un partido de beisbol, me encantó, y nunca más lo repitió, yo con mis hijos fui a ver beisbol, fuimos a ver los toros que es una afición mía y que me heredó mi abuelo. Todo lo que mi padre no me dio se los di y lo gocé enormemente.
Heriberto Duarte
En el reloj dieron las seis de la tarde. La hora programada para presentar Nenitas de Sylvia Aguilar Zéleny, en el marco de la Feria del Libro Hermosillo 2013. Nenitas es un cuentario que reúne dieciséis historias, donde “Sylvia al darle vida a sus nenitas, las nenitas nos dan vida a nosotros, sus lectores”. Así lo manifestó Alejandro Cabral, presentador de los textos de Aguilar Zéleny. Esta obra es ganadora, en 2012, del Premio Regional de Cuento de la Ciudad de la Paz. Ya en el curso de la presentación, la autora lanza a la audiencia el primer golpe que sumerge a Nenitas, leyendo para los presentes: Sobreexpuestos, una cronología que explica diferentes sucesos y símbolos en la vida femenina del personaje: el nacer, el vestido de la abuela, el primer viaje en avión, despedidas, encuentros, cámaras fotográficas, zapatos, sexo, infidelidad, el tío Enrique que ya no es su tío. Un cuento caminante, que te lleva de la mano, que atrapa. El segundo cuento, que suena en el Auditorio Rosario Castellanos, es El mundo después del agua, aquí la historia de Mini, quien no tuvo temor de convertir la alberca en un mundo de retos, de aventuras, sin importarle cómo lucía en su bañador, las venas en sus piernas, su piel de naranja. La autora encuentra en la magia de la cotidianeidad momentos de gloria, de muerte, de nostalgia, atmósferas que al final del día son las de cada individuo en su quehacer diario. Como tercer y último cuento de la tarde, en voz de Alejandro Cabral, aparece el texto que le da nombre al libro: La historia de Sandy, Paty y Renata. La trama: orines, lonchera de Barbie y la existencia petulante de Rodrigo. Si bien los personajes “son nenitas tiernas y bonitas, también lo son retorcidas, despeinadas y latosas”, así lo dijo Aguilar Zéleny. Nenitas, historias que encierran la recurrencia a las ocho años de edad, a la deidad de Piporro, la vida en una alberca, la belleza de la nostalgia, el cáncer, los zapatos. “No dejar de asombrarse con la cotidianidad”, la constante que guarda el más reciente título de Sylvia, y que estuvo en la Feria del Libro. Al final de la presentación hubo fila para llegar hasta la firma de libros que compartió la autora.
¿Por qué leer? Muchas veces uno se siente solo, lees un libro y en ocasiones José Manuel Lizárraga, estudiante de preparatoria. hay algo que te anima. (Sondeo: Heriberto Duarte)
Publicación diaria durante la Feria del Libro
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