Con el profundo deseo de huir del ruido, constatamos que no podemos deshacernos de nuestra propia voz y recuerdos; por lo cual, la destrucción canalizada en creación, inacabada e insuficiente para el genio, termina en un nuevo mundo, el cual no es más que el reflejo de todas las dudas que la vida y su porvenir provee. Este relicario es un conjunto de recuerdos de la condición humana que engendra muerte y retorna a la nada. Hay, desde el principio hasta el final, el deseo de comunión con una divinidad aciaga y solitaria, en busca del amor y vestigios de lenguaje.