LOS SIETE CRANEOS OCULTOS DE LA EVOLUCION HUMANA Juan Luis Arsuaga sostiene un fragmento de uno de los cráneos humanos hallados en Atapuerca. JAVIER TRUEBA
MIGUEL G. CORRAL
19/06/2014 El eminente paleontólogo y estudioso de la evolución Stephen Jay Gould -fallecido en 2002- resumía el avance de las especies y los procesos que esculpen la geología del planeta con una simple frase cargada de significado: «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste en largos periodos de aburrimiento y breves periodos de terror». La paleontología es la ciencia que mejor ha sabido percibir tanto los larguísimos lapsos de tiempo de aburrimiento como las alocadas carreras por la evolución que se viven en las épocas de terror. Es lo que indica en la mayoría de los casos el registro fósil. Las especies se mantienen largos periodos de tiempo estables hasta que un cambio en el clima, en la orografía del terreno o en los organismos que comparten el entorno ecológico dispara el motor de la evolución a través de la necesidad de adaptación a las nuevas circunstancias. La estabilidad corresponde a los infinitos periodos de aburrida espera en la trinchera, mientras que los cambios ambientales extienden el terror entre las formas de vida que han de huir hacia delante por los caminos de la evolución para permanecer en el mismo sitio, como en la llamada hipótesis de la Reina Roja, enunciada en 1973 por el biólogo Leigh Van Valen basándose en la segunda parte del cuento de Lewis Carrol 'Alicia en el país de las Maravillas'. En el relato, los habitantes tienen que correr cada vez más deprisa para permanecer en el mismo lugar. Según Van Valen, los organismos acompañan al ambiente en el que habitan, pero un paso por detrás, ligeramente mal adaptados y sin alcanzar jamás su meta.