TERCER TIEMPO: EL SILENCIO Cada fragmento de un espacio posee rasgos sonoros característicos que nos hablan de su habitabilidad, de las temporalidades, de los usos y sus habitantes. Estos rasgos constituyen su identidad ordinaria y cotidiana. El continuo sonoro de la arquitectura no es un “ruido” neutro y arbitrario; es el sentir de la ciudad. ¿a que suena un espacio? El solo hecho de distinguir el rumor continuo del tráfico, el bullicio de las voces, o el redoble de los pasos, el caer del agua y una infinidad de sonidos que pueblan sin tregua cada rincón y cada instante nos habla de la identidad de quien lo habita.
Contrariamente a nuestra percepción visual no podemos renunciar al sentido de oído “ellos no se cierran” nuestra escucha es omnidireccional tanto diurna como nocturna, es por ello que consciente o inconscientemente la escucha constituye a menudo nuestro primer acercamiento y modo de comprensión del espacio. Sí hablamos de espacios vacíos en un contexto deshabitado la conjugación de sonidos utiliza el lenguaje del silencio. Las paredes transmiten calma, temor y apaciguan el ambiente para dar cabida a los sonidos más extraños y desconocidos.
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