La política asistencial es como una “Cenicienta perversa” de las políticas sociales.
Cuando los capitalismos contemporáneos funcionan adecuadamente, generando
empleo en cantidad razonable, y servicios públicos de calidad aceptable, la política
asistencial ocupa un discreto segundo plano. Su rol se concentra y especializa en
el acceso de los grupos de riesgo a las condiciones de vida que fijan los pisos de
ciudadanía, y en la “sintonía fina” de la protección social. Cuando los capitalismos
trastabillan en sus crisis periódicas de redistribución negativa del ingreso, todos
los ojos se vuelven sobre la política asistencial. El bajo costo relativo y el impacto
político rápido que garantizan sus instrumentos de individuación y focalización,
la convierten en la alternativa ideal para gobiernos sin dinero, sin objetivos, o sin
ideas.