PASTOREANDO EL CORAZÓN DEL NIÑO
Por Tedd Tripp
INTRODUCCIÓN Jennifer estaba fallando en hacer su tarea. La maestra llamó a sus papás para solicitar ayuda. Ellos no pudieron ayudar. Jennifer, una niña de 12 años no los obedecería. Ella no estaba bajo su autoridad. Ellos tenían la esperanza de que la escuela le proporcionara la dirección y motivación que ellos no pudieron proporcionarle. Esta historia es muy común. Entre los 10 y 12 años bastantes niños ya han abandonado su hogar. No me estoy refiriendo a la trágica escena de los niños de la calle en la ciudad de Nueva York o en su comunidad. Yo me refiero a los niños que, entre los 10 y 12 años han dejado efectivamente a mamá y a papá como una autoridad o punto de referencia para sus vidas. Nuestra cultura ha perdido el camino con relación a la educación de los hijos. Somos como un barco que no tiene dirección ni brújula. Nos hace falta el sentido de dirección y la capacidad de dirigirnos nosotros mismos. ¿Cómo pudo pasar esto? Varios problemas se han conjuntado en esta intersección en nuestro tiempo y cultura. Muchas personas tienen niños, pero no quieren ser padres. Nuestra cultura los ha convencido que necesitan extinguir su sed personal de realización. En una cultura que es absorbente, los niños representan un riesgo muy claro. Por lo tanto, los padres pasan el menor tiempo posible con sus hijos. La noción de tiempo de calidad es más atractiva que la vieja idea de tiempo de cantidad. 2