Qué increíblemente simple poder explicar el surgimiento de un barrio gracias a la fortaleza transformadora del trabajo. Unas quintas, varias casitas, un par de almacenes y talleres... Y después, la llegada de una fábrica, y arrimaron cientos de inmigrantes deseosos de ponerse manos a la obra, y los conventillos, y más comercios... Y por fin se lotea. Llegan libaneses, armenios, judíos. Comercios, transportes, bares, clubes y bibliotecas.
Qué increíblemente rico y complejo el entramado de Villa Crespo. Crisol de razas y de credos. Fervor de ideas y de encuentro. Cuna de músicos, artistas, escritores, intelectuales y obreros. En su diversidad está el secreto. Villa Crespo fue y será un barrio siempre despierto. Ayer y hoy, lleno de bares, gastronomía, espacios culturales, teatros y libreros.
Un barrio son miles de historias, entrelazadas en un mismo espacio, en sucesivas capas de tiempo.