Identidades de género trans: violencias y resistencias1 Tak Combative (Diana Catalina Hernández) Colectivo Entre-tránsitos En el marco de las identidades de género diversas, el presente documento tiene como objetivo describir el trabajo del Colectivo Entre-tránsitos, señalar las violencias de las cuales son víctima la población con la cual se trabaja, y resaltar las estrategias y metodologías que el Colectivo implementa para enfrentar estas violencias en un marco de construcción de paz. 1. Caracterización de la realidad 1.1.
¿Qué es el Colectivo Entre-tránsitos?
El Colectivo Entre-tránsitos trabaja desde el año 2009 por la defensa de los derechos humanos de las personas trans y, específicamente, de la población transmasculina (personas que, al nacer, fueron asignadas según su genitalidad como mujeres, pero que construyen una identidad de género masculina) en la ciudad de Bogotá, Colombia. Una de las vías para lograr nuestro trabajo es procurar “la transformación en los ámbitos políticos, culturales y sociales de los imaginarios convencionales de masculinidades, visibilizando en ellas experiencias de vida trans en el contexto colombiano” (entretransitos.org). Además de ello, trabajamos con estrategias específicas como la incidencia legal directa, el arte y los medios de comunicación, etc. que se explicarán a lo largo del escrito. El Colectivo está conformado no solo por hombres trans, sino también por personas que no se identifican con hombre o mujer (y que hemos denominado “personas trans”), hombres “biológicos” y mujeres “biológicas”. 1 El presente escrito es el trabajo final del diplomado Urdimbre: abordaje de violencias desde el punto de vista comunitario, organizado por RELTRAN, el departamento de Trabajo social de la Universidad Nacional de Colombia y la Fundación Procrear. Agradezco a la profesora Patricia Sierra por sus aportes y correcciones.
Históricamente, por lo menos en Colombia, los hombres trans hemos sido triplemente invisibilizados. Primero, como cualquier población perteneciente a los sectores LGBT; segundo, dentro de la misma “comunidad” LGBT, siendo víctimas de discriminación por parte de gays, lesbianas, etc. (lo que se conoce como endodiscriminación o discriminación desde adentro); y, tercero, dentro de la misma población trans, dado que los hombres trans, a diferencia de las mujeres trans, no existimos. Las personas tienen en su imaginario solamente a las mujeres trans, debido a muchas razones, entre las cuales se encuentran que: sus cuerpos hacen muy notorio su tránsito, han sido llevadas a ejercer la prostitución y son ellas quienes primero han aparecido en la televisión y en los medios. De hecho, somos el primer colectivo de hombres trans en Bogotá y, en gran medida, la fuente de los activistas transmasculinos en la actualidad. Por esa especificidad de nuestras experiencias de vida, a diferencia de las mujeres trans, los hombres trans no nos concentrados en una sola localidad de la ciudad de Bogotá. Aunque el Colectivo Entre-tránsitos tiene su sede en la casa de nuestros aliados Radio Diversia, en el barrio Santa Isabel, realmente no es allí donde se concentra la población transmasculina ni los integrantes de nuestra organización. 1.2.
Comprensión de las identidades trans
Una de las realidades que tiene que enfrentar una persona que se identifica como hombre trans es la comprensión que se hace de su identidad desde la psiquiatría, la religión y los medios de comunicación. Durante varias décadas, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM), emitido por la Asociación psiquiátrica americana (APA), ha determinado que una persona trans (a quien denomina transexual) padece de un trastorno psiquiátrico que se conoce como: “trastorno de identidad de género”, “disforia de género”, “incongruencia de género”, entre otras. Así mismo, el Clasificación internacional de enfermedades (CIE),
emitido por la Organización mundial de la salud (OMS), ha determinado que las personas trans padecen de una enfermedad. A pesar de que la homosexualidad fue retirada de esta clasificación de enfermedades, las identidades de género trans aún continúan en la lista, a pesar de que en cada versión de dichos manuales se ha ido avanzando en la terminología utilizada. De todas formas, en el ámbito médico-psiquiátrico, el paradigma de la “transexualidad” pareciera referirse únicamente al sexo (macho, hembra, intersex) y a la identidad sexual de la persona y no a su género. Por otra parte, la religión (sea el catolicismo, el cristianismo, judaísmo, por no mencionar otras) en Colombia ha calificado a las personas trans como pecadoras, enfermas, peligrosas, mala influencia sobre otros, etc. El cielo no es asequible para nosotros. Finalmente, los medios de comunicación se han apegado, de forma ligera, al discurso médico-psiquiátrico a la hora de patologizar las identidades trans, sin mencionar que constantemente en los reportajes sobre mujeres trans (porque los hombres trans no existen, hasta ahora se empieza a hablar de ellos) se les menciona en masculino y se hace énfasis en el estigma de que son peligrosas, criminales, etc. 1.3.
Situación de los hombres trans en Bogotá
La población transmasculina tiene obstáculos para acceder a sus derechos debido a su identidad de género. Esta situación está sujeta a la edad a la cual el hombre trans decide llevar a cabo su tránsito, su clase social y su entorno familiar, entre otras. Muchas veces, si la decisión de asumir una identidad trans se da en edades tempranas, el niño trans puede ser expulsado de su familia y perder todas sus redes de apoyo. En ese contexto, puede también ser sujeto de discriminación en la escuela, teniendo así problemas para continuar con sus estudios y tener un pleno derecho a la educación.
En caso de que el joven trans tenga la oportunidad de graduarse de bachiller, podría tener inconvenientes cuando ha cambiado su nombre y es llamado a prestar el servicio militar2. Si el hombre trans decide realizar su tránsito en la universidad, estará sujeto al matoneo y discriminación, pero, más allá de eso, si decide cambiar su nombre a esta altura, tendrá el problema de que la universidad no quiera emitir su título con su identidad de género o le pida la libreta militar3 (todos estos son casos que hemos ido documentando en Bogotá). Finalmente, si la persona logra llegar a ser profesional o técnico y se lanza al mercado laboral, tendrá serias dificultades en conseguir trabajo, puesto que su nombre no coincide con el sexo de su cédula, o su apariencia no concuerda con su documento, y además por el asunto de la libreta militar4. Por estas razones, muchas veces los hombres trans dilatan su tránsito para poder acceder a educación y trabajo, o deciden no hacer parte del mercado laboral formal y pueden llegar a tener unas condiciones de vida muy precarias. Finalmente, hay una dificultad en el acceso a salud, debido a que, como lo mencioné en el apartado 1.2., hay una fuerte psiquiatrización de las identidades trans, estigmatización y desconocimiento, lo cual genera que el hombre trans decida no formar parte del sistema de salud y lleve a cabo no solo su proceso de hormonación de manera no monitorizada, sino también sus dolencias y enfermedades que puede presentar como cualquier otra persona. 2 En Colombia, según el artículo 10 de la ley 48 de 1993: “todo varón colombiano está obligado a definir su situación militar a partir de la fecha en que cumpla su mayoría de edad, a excepción de los estudiantes de bachillerato, quienes definirán cuando obtengan su título de bachiller”. Esto quiere decir que los hombres en Colombia (no es claro si se refiere a hombres “biológicos” únicamente) deben formar parte del ejército durante un cierto tiempo para prestarle un servicio a la patria. Los hombres trans que tienen una apariencia relacionada con lo masculino (voz gruesa, barba, etc.) o aquellos que han cambiado su nombre a uno masculino, son llamados a prestar el servicio. Dado que esta posibilidad resulta altamente peligrosa para una persona trans, esto resulta en un serio inconveniente. 3 De acuerdo con el artículo 111 del decreto 2150 de 1995 que modifica una parte de la ley antes mencionada sobre el servicio militar, se dictamina que es necesaria la libreta militar para “obtener grado profesional en cualquier centro docente de educación superior”. 4 El decreto 2150 menciona que la libreta militar solo es necesaria para un contrato con entidades públicas, sin embargo, las entidades privadas en Colombia solicitan este documento, aunque no sea lo legalmente estipulado.
En este caso, es pertinente mencionar que, en Colombia, para acceder al uso de hormonas, cirugías, etc. en el servicio de salud, es necesario el documento en el cual se certifica que la persona tiene un trastorno mental relacionado con su identidad de género. 2. Identificación de las violencias presentes De acuerdo con lo anterior, podemos decir que la población transmasculina está expuesto a las siguientes formas de violencia: -Violencia administrativa: Dean Spade, un activista trans norteamericano que admiramos mucho y que conocimos personalmente en Bogotá a comienzos del año 2014, acuña este término a propósito de la violencia que ejerce el Estado sobre la población trans. En el caso de nuestro contexto colombiano, los hombres trans sufren de violencia administrativa debido principalmente al asunto de la documentación. Hablamos aquí principalmente de la libreta militar, de la cual ya se comentó arriba, y del documento de identificación o “cédula de ciudadanía”. A propósito de este último, cabe decir que actualmente no existe una reglamentación para realizar el cambio de sexo en dicho documento de identificación, lo cual significa que la persona está a merced de la transfobia del funcionario, sus juicios y pareceres sobre su identidad. Lo que usualmente se dice es que para cambiar el sexo es necesario el certificado psiquiátrico, la cirugía y un proceso con un juez. De acuerdo con Matías González, activista, abogado y amigo: [L]as prácticas arbitrarias se naturalizan a un nivel tan rígido que los procedimientos violatorios de derechos humanos se entienden como jurídicos, como lo que debe ser, como lo justo y “verdadero”. Tanto así, que en las frases cotidianas se dice como si fuera una verdad absoluta: “pues actualmente en las leyes colombianas no se puede cambiar el sexo en la cédula sin una operación de reasignación sexual” […] Con respecto al cambio de sexo en la cédula ocurre algo similar ya que los/las notarios/as y jueces/zas, basándose en argumentos prejuiciosos, exigen a las personas transgeneristas o con construcciones identitarias no normativas realizar trámites que no están regulados. Lo peor es utilizan argumentos culturales prejuiciosos y esencialistas como si fueran verdades jurídicas. Específicamente, lo que ocurre en la práctica respecto al cambio de sexo en el Registro Civil y la cédula es que las personas acuden a la notaría y allí se les informa (o desinforma) que dado que el sexo hace parte del Estado Civil, deben realizar el proceso ante un juez de familia, porque solo estos pueden modificar el Estado civil mediante un procedimiento de jurisdicción voluntaria. (www.hojablanca.net)
Quienes ejercen esta violencia administrativa son principalmente los funcionarios públicos, aunque esto también tiene repercusiones en instancias privadas como los bancos, por ejemplo, los aeropuertos, etc. El daño que generan sobre nosotros se resume en la obstaculización del acceso al trabajo, estudio, salud y movilidad. Este último es particularmente complejo, porque implica dificultades para transitar en la ciudad (trasporte público denominado Transmilenio, por ejemplo) y casos de abuso policial. -Violencia de género: a los hombres trans no se les reconoce su identidad de género, son sujetos a discriminación y maltrato, se les nombra con su nombre de pila (“femenino”) para ofenderlos y todo el tiempo se les cuestiona su genitalidad para que tengan un reconocimiento. Su vida privada se ve vulnerada con preguntas del tipo: ¿con quién tienes sexo, cómo lo haces, ya te operaste?, etc. Esto sucede en espacios de estudio, de trabajo e inclusive en cualquier instancia de la vida cotidiana que implique un trato con el otro. Adicionalmente, dado que las identidades trans están fuertemente estigmatizadas (se cree que somos peligrosos, criminales, pervertidos, etc.) tenemos, de nuevo, problemas de movilidad en la ciudad (no nos paran los taxis ni los buses, no nos dejan entrar en los bares, etc.). Aquí los actores que ejercen la violencia somos todos, incluso personas no trans que pertenecen a los sectores LGB, quienes no nos permiten la entrada a lugares de esparcimiento y fiesta, como por ejemplo los bares gays del barrio denominado Chapinero que queda en el norte de la ciudad de Bogotá. Las consecuencias de este tipo de violencias son una calidad de vida disminuida, una cotidianidad traumática e incluso un peligro sobre la integridad física. -Violencia médico-psiquiátrica: como se mencionaba arriba, a las personas trans se nos comprende como enfermos psiquiátricas cuyo cuerpo no concuerda con su género, hay que
curarnos, arreglarnos, ajustarnos, etc. Lo que aún no he mencionado con suficiente énfasis es que, bajo esta mirada, solo es posible ser un hombre trans si uno sigue un modelo de masculinidad hegemónico. Es decir, si uno es un hombre trans debe ser heterosexual, le debe gustar el fútbol, el azul, el alcohol y las peleas de puños. Cuando el psiquiatra realiza el test para dar el certificado de disforia de género, tiene en cuenta todas estas características. Si a uno le gusta llorar y jugar a las muñecas, entonces no obtiene su certificado, lo cual significa que uno simplemente es una lesbiana muy masculina, y no puede acceder a hormonas a través del sistema de salud, ni al cambio de sexo, etc. Lo más complicado del asunto es que los médicos también suelen inmediatamente programar la esterilización (histerectomía) y la cirugía de senos, sin tener en cuenta la forma en la que la persona está construyendo su tránsito y si en verdad desea o no dichas operaciones. En definitiva, no hay, bajo la mirada médico-psiquiátrica, la posibilidad de existencia de una identidad de género que no esté conforme con el binarismo, no son posibles las identidades estratégicas, móviles, que juegan entre el masculino y femenino, etc. No se comprenden estas identidades como una decisión, sino como un trastorno que tiene que ser corregido y normalizado según lo que se supone son los estándares de la mujer y el hombre, que en verdad son estereotipos que replican la violencia y la desigualdad entre las personas. Quienes ejercen este tipo de violencia son principalmente todo el cuerpo médico y las personas que se adhieren a él, como los funcionarios públicos que piden un perito de medicina legal para comenzar el proceso de cambio de sexo en el documento. Las consecuencias sobre los hombres trans de este tipo de violencia dependen mucho del empoderamiento de la persona y sus redes de apoyo. Un hombre trans puede convencerse de que está enfermo, que debe curarse y hacer “concordar” su cuerpo, volviéndose un hombre hegemónico, machista, violento, heterosexual por obligación, etc. Si el hombre trans no cree en esta patologización, igual tendrá problemas para acceder a una atención de salud y un proceso no traumático de cambio en su documentación.
Es importante recordar que esta visión de las identidades trans ha permeado todo el discurso y representación de nosotros en los medios de comunicación, quienes utilizan este paradigma para definirnos y representarnos como transexuales, irrespetándonos y vulnerando nuestra dignidad como personas. Y no solo eso. La ciencia es el discurso más poderoso y verosímil hoy en día. Entonces, también los colegios y las universidades lo adoptan como la verdad y replican esta idea violenta y errada, que además perpetúa otro tipo de violencias. -Violencia personal: debido a los problemas para el acceso a salud y los estigmas alrededor de las identidades de género alternativas, los hombres trans deciden asumir su proceso de hormonación sin acompañamiento médico, razón por la cual pueden sufrir de problemas hormonales, metabólicos, quistes en los ovarios, osteoporosis, acné severo, etc. Entendemos esto como violencia personal debido a que el sujeto no ejerce un cuidado de sí mismo y de su cuerpo, queriendo a toda costa los beneficios de la testosterona, como la barba, la voz, el cambio en la masa muscular, etc. Adicionalmente, debido a las dificultades de tener redes de apoyo y afecto y conservar la familia, los hombres trans también son proclives de caer en el consumo de psicoactivos y toda clase de excesos que son nocivos para su salud. Quien ejerce esta violencia es la persona misma sobre sí misma, y las repercusiones van desde el detrimento de su cuerpo, de su calidad de vida, de sus redes sociales e incluso la muerte. -Violencia epistémica: se trata de la violencia que ejerce la academia sobre nosotros, sus supuestos "objetos de estudio", cuando elaboran sus tesis y ejecutan sus proyectos con el Estado para "ayudar" a la comunidad trans o "entender y teorizar" sobre nosotros, sin que haya un proceso de construcción de conocimiento colectivo que nos tenga en cuenta, que construya de la mano con nosotros, esté al tanto de cómo nos enunciamos, cómo nos entendemos y cuáles son nuestras verdaderas necesidades. Nosotros como Colectivo
tenemos experiencias traumáticas con estudiantes de universidades y funcionarios públicos que nos ha utilizado para sus propósitos sin reportarnos ningún beneficio, sino todo lo contrario. Además, como los hombres trans tenemos problemas en el acceso a la educación, ni siquiera tenemos en general la facilidad de llegar al lugar de poder de donde emerge el "conocimiento" y no podemos entonces teorizar sobre nosotros mismos. En nuestro contexto, los principales agentes de esta violencia son la Escuela de género de la UNAL, que en la actualidad concentra la producción de conocimiento sobre asuntos de género en Bogotá, y también los funcionarias del estado que hacen parte de la secretaría distrital de la mujer, la subdirección para los asuntos LGBT y planeación distrital. También los estudiantes de carreras como trabajo social, antropología y psicología de universidades públicas y privadas, que todo el tiempo se aproximan al grupo para llevarse el conocimiento que nosotros, con los años de experiencia, hemos acumulado y enriquecido. Las repercusiones de este tipo de violencia pocas veces se tienen en cuenta y están relacionadas con la marginación de las personas trans de la producción de conocimiento, la perpetuación de estigmas e ideas erradas sobre nosotros, la invisibilización de nuestros cuerpos y nuestras identidades, y el refuerzo de la eterna tensión entre la academia y el activismo, y la academia y las comunidades base. 3. Estrategias de resistencia y transformación En este apartado quisiera mencionar las estrategias principales del trabajo del Colectivo Entre-tránsitos y su importancia en la construcción de paz. Analizando de forma amplia el trabajo que se ha realizado desde la fundación del Colectivo en el 2009, puedo agrupar las acciones en las siguientes estrategias: 3.1. Incidencia formal
Esta estrategia consiste en la documentación de casos y el avance de litigio estratégico 5 a través de nuestra alianza con el consultorio jurídico de la Universidad de los Andes PAIIS (programa de acción por la igualdad y la inclusión social). Aquí recolectamos los casos de vulneración de derechos (salud, trabajo, educación, etc.) para lograr, a través del trabajo con abogados, cambios estructurales en Colombia. Es pertinente mencionar la conformación de una alianza con otras organizaciones denominado “Aquelarre trans” donde tenemos una agenda compartida para la obtención de un mundo más justo para las personas trans.6 Esta estrategia es importante, porque busca incidir en las leyes colombianas y en todo el sistema de justicia para que podamos utilizar el derecho como herramienta para tener una vida digna. También tenemos acciones de veeduría ciudadana para mantener un seguimiento de las políticas y leyes y su implementación. Finalmente, también trabajamos con la elaboración de “informes sombra” (informes dirigidos a organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos que sean alternativos a los que presenta el Estado colombiano)7 y participación en instancias internacionales que puedan incidir directamente sobre el Estado. 3.2. Trabajo en medios de comunicación El Colectivo Entre-tránsitos cuenta con un programa en la Radio Comunitaria Radio Diversia (www.radiodiversia.com) denominado Señales de tránsito. Este es un espacio para 5 Esta estrategia consiste en tomar casos ejemplares de vulneración de derechos de personas trans para formular acciones de tutela que puedan llegar a generar sentencias que ayuden a las personas trans que atraviesen situaciones similares.
6 El Aquelarre trans se define como: “una coalición de organizaciones de la sociedad civil y activistas independientes que busca: 1. El reconocimiento de las identidades trans como parte de una experiencia de vida válida y valiosa 2. El reconocimiento de los derechos de las personas trans” Su objetivo principal es: “avanzar en el reconocimiento de los derechos de las personas trans y una vida libre de violencias por identidad de género”. 7 El último informa sombra que presentamos como parte de un grupo de organizaciones fue ante la comisión de la CEDAW en Ginebra y está disponible aquí: http://www.law.cuny.edu/academics/clinics/iwhr/publications/IWHR-Report-Colombia-2013-SPA.pdf
hablar de temáticas que les pueden inquietar a los hombres trans y a la comunidad en general con un enfoque educativo y de derechos humanos. También hemos trabajado en dos productos audiovisuales, un cortometraje denominado Transvengers inicia (http://www.youtube.com/watch?v=5kZOSFwoZh4) sobre el asunto de la
libreta
militar
y
otro
denominado
Identidad
(video
musical
http://www.youtube.com/watch?v=r5dzaXB7wTM) sobre la vivencia de un hombre trans cuando decide iniciar su tránsito. Como la mayoría de nosotros hemos podido graduarnos de nuestras carreras en la universidad, también decidimos desde ese lugar de poder que hemos logrado adquirir producir artículos académicos que hemos publicado en diferentes medios y revistas, y que aparecerán en la bibliografía de este escrito. Esta estrategia es importante no solo porque logra hacer visibles y congregar a diferentes hombres trans y personas interesadas en los asuntos de identidades de género en Colombia y a nivel internacional, sino porque también nos permite educar y sensibilizar a la población a través de medios de comunicación que tengan un largo alcance. Finalmente, a través de este medio podemos tener voz para producir nuestro propio conocimiento y nuestros propios modos de auto-representarnos. 3.3. Educación popular En esta misma línea mencionada arriba, el Colectivo Entre-tránsitos adelanta un proyecto de educación popular denominado Universo pedagógico que pretende, a través de la educación popular, llevar a cabo encuentros donde se piensen las experiencias de vida trans como algo por lo que todos atravesamos y donde sea posible también identificar las violencias de género que se reproducen debido a los estereotipos, así como la posibilidad y existencia de nuevas masculinidades no solo trans, sino no hegemónicas, ni patrialcales, ni heterosexuales por obligación, etc. Para nosotros es muy claro que la educación es una
herramienta muy poderosa para el cambio social y la construcción de paz y por ello depositamos nuestros esfuerzos en este espacio. 3.4. Artivismo Aunque personalmente considero que todo arte es político, he utilizado este término de “artivismo”, que se utiliza hoy en día en Bogotá, para hacer énfasis en la creación de arte como ejercicio político de activismo en pro de los derechos de las personas trans. Consideramos el arte y la movilización en el espacio público como una alternativa para la transformación de los imaginarios culturales violentos y discriminadores sobre los hombres y las mujeres, y sobre las identidades trans. Dentro de las acciones aquí propuestas se encuentra el performance, las movilizaciones en calle y también la música, la literatura y los títeres. Tenemos un grupo de reggaeton denominado La jeringa mueca que transforma las letras machistas y sexistas del reggaeton para ponerle letras donde se visibilizan las personas trans y sus problemáticas. Creamos un grupo de títeres denominado Transpuppets donde re-escribimos los cuentos infantiles para llenarlos de diversidad de género y orientaciones sexuales. Y, finalmente, tenemos un espacio de escritura denominado La panadería, donde nosotros mismos escribimos sobre nuestras vidas y vivencias haciendo un ejercicio de ficción autobiográfica que nos permita tener voz y soñar con un mundo más justo. 4. Conclusión Espero que este recorrido haya sido útil para visibilizar las problemáticas de la población transmasculina en Bogotá y las acciones de resistencia y transformación que, desde el Colectivo Entre-tránsitos, hemos venido realizado.
Para nosotros, la construcción de paz en Colombia no se trata solo del cese del conflicto armado y la “reparación” de las que se definen como víctimas del conflicto (definición que no abarca ni un tercio de quienes han sido realmente damnificados por la violencia). Consideramos que la paz en Colombia involucra también una vida digna y plena para las personas que, en su diversidad, optan por alejarse de los modelos tradicionales y hegemónicos de masculinidad y feminidad, que ostentan otros cuerpos (unos cuerpos transformados, diferentes, trasgresores) y otras decisiones sobre su orientación sexual y su estilo de vida. Hasta que el valor de las vidas de estas personas diversas no sea reconocida, hasta que no haya un mundo justo donde las personas trans podamos habitar y ser felices, entonces no habrá llegado todavía esa paz tan anhelada. Bibliografía Nuestra página del Colectivo Entre-tránsitos: www.entretransitos.org y una página antigua: http://entretransitos.tumblr.com/page/2 Benavides,
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