Boletìn 51 Libélula Libros

Page 1

Volumen 1, nº 51. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Fecha del boletín Abril 9 de 2009.

Boletín Bibliográfico. Cra. 23 A No. 59-104. Teléfono 8854201. Manizales. Colombia. libelulalibros@une.net.co - CAROLINA ARANGO * PABLO FELIPE ARANGO

NOTAS (pfa) Siguiendo los pasos de Joe Gould: Tres ancianas, de bastón cada una, caminando en la calle mientras conversan: -Yo digo que la maté a Usted, y entonces me sueltan. -Y hasta te premian. -Pero si alguien dice que yo la maté, y no lo hice, y así lo digo, pues me pudro en la cárcel. ***

Cuando los amigos entran a Libélula, a tomarse un café, se sientan en una de las sillas que los deja de espaldas a la calle, casi nunca en la que los pone de frente a la puerta. Con razón dejan el cuidado de la librería y de los libros a los dependientes, lo que quieren es salir de un mundo y entrar a otro, que presienten dulce y confortable, tal como es siempre la temperatura de Libélula: si afuera hace calor adentro fresco, si afuera frio adentro hay suave calidez, efecto que no buscamos y que no habríamos tenido como lograr, pero que sin duda nos agrada a todos.

“—Señores, voy a hablar de mí mismo a propósito de Shakespeare, a propósito de Racine, o de Pascal, o de Goethe. Son una bonita ocasión para hacerlo.”

(Anatole France)

ISSN 1909-0110

Una idea extrema y ególatra Informa la revista Ñ que el librero y escritor Hanns Josef Ortheil puso en marcha una idea que por extrema y ególatra, debería estar condenada al fracaso, que probablemente no suceda, dadas como están dispuestas las sociedades a deslumbrarse por la excentricidad vacua o la exacerbación del individuo. Abrió Ortheil en Alemania una librería que solo ofrece los libros que según el librero es indispensable leer, o permiten entender mejor el presente, o pueden hacer del comprador un buen lector o un buen escritor. Se arroga el Señor Ortheil la gracia de saber que necesitamos todos, afirmando además que: no se aceptaran pedidos, aunque el comprador podrá hacer sugerencias que él examinará para ―aceptarlas o rechazarlas‖. Pero no ha olvidado detalles aparentemente insignificantes: en la librería pondrá música también escogida por él, y todos sus dependientes deberán vestir de

negro –por ahí se comienza, por vestir a los adeptos con camisas negras-. Repugnan al menos las declaraciones, que ojala sean meras tergiversaciones, pero vienen a cuento para reiterar nuestra idea de librería: un espacio abierto y dispuesto en el que lectores y libreros construyen una comunidad de lecturas y gozos, en el que nadie puede endilgarse la verdad literaria, o convertirse en guardián del gusto. Un lugar en el que se esta dispuesto a conocer y se tiene la humildad de escuchar al otro, que por fortuna tiene mucho que decir. ¿Cuántos libros y autores debo a los clientes que han llegado a buscarlos?, sin duda esta pendiente la lista. Tal vez la crisis que se evidencia, ponga ciertas cosas en su sitio, entre ellas la librería de Ortheil, así como todos aquellos exabruptos sociales que solo reflejan el extravío del hombre. (pfa)

El verano peligroso. Ernest Hemingway. Trad. Jacinto León-Ignacio. DeBolsillo. 2005. La revista Life propone al ya, para 1959, consagrado Hemingway, un artículo que narre su regreso a España y a las corridas de toros, unas 10.000 palabras -que llegaron a ser unas caóticas 120.000- en las que Hemingway describe el verano taurino y sobre todo el ―mano a mano‖ entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, los dos toreros más importantes para ese momento en las plazas. Como crónica, El verano peligroso fatiga por sus repetidos momentos y su monótono deambular entre ciudades: todo lo mismo y escrito con las mismas palabras. Como evidencia de un derrumbamiento es donde asombra este libro: un Hemingway irreconocible, paranoico, torpe como escritor, incapaz de escribir un

buen artículo, «Siento vergüenza de haber entregado semejante trabajo», llegó a decir entre la depresión y una falsa modestia que no era otra cosa que una espantosa verdad. Pocos meses después el Hemingway fuerte e infatigable que todos conocemos y que como imagen, es la que perdura del escritor, desaparece: terapias de electrochoques, ineptitudes y olvidos que con gritos e insultos intentaban apaciguarse, invocaciones a un Fitzgerald hace varios años muerto (él precisamente, su obsesión interminable, como profética sentencia escribía en El Crack-Up: “Hay otro tipo de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre sano‖). Hemingway no se aguanta más, y el 2 de julio de 1961 se dispara en la frente; un escopetazo, y el dolor que se termina. Tomás David Rubio Casas – Libélula Libros.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Issuu converts static files into: digital portfolios, online yearbooks, online catalogs, digital photo albums and more. Sign up and create your flipbook.