Boletín 54 Libélula Libros

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Volumen 1, nº 54. Libélula Libros. Boletín Bibliográfico. Fecha del boletín Enero 17 de 2010.

NOTAS (pfa) Conversación escuchada en un avión, en primera clase, a dos jóvenes ejecutivos: - Tengo que comprar Cien años de soledad, no lo he leído. - Yo lo compre este fin de semana en el Éxito, en Medellín, me costo veintitrés mil pesos. - Huy que bien, esta barato, así si vale la pena, que dejen de ganar tanta plata esos hijueputas. - Claro, así si le ganan a la piratería. - Tengo que comprarlo, ¿será muy complicado? - No se, yo lo voy a volver a leer. (¿Compraran un kindle?) *** “… los diferentes libros de Kafka no vendieron más de seiscientos ejemplares. Hay muchos buenos libros que tardarán años en vender relativamente bien y hay otros que nunca venderán demasiado. Y los editores sabíamos eso, estábamos preparados para ello. Pero hoy en día la situación es completamente diferente, son los departamentos de marketing los que deciden qué libros se publican y cuáles no, basados en juicios de riesgo y beneficio…” (Conversando con Andre Schiffrin, Letras libres, entrevista de Diego Salazar, junio de 2008)

“—Señores, voy a hablar de mí mismo a propósito de Shakespeare, a propósito de Racine, o de Pascal, o de Goethe. Son una bonita ocasión para hacerlo.” (Anatole France)

Boletín Bibliográfico. Cra. 23 A No. 59-104. Teléfono 8854201. Manizales. Colombia. libelulalibros@une.net.co - CAROLINA ARANGO * PABLO FELIPE ARANGO

ISSN 1909-0110

Algo no funciona en el mercado del libro electrónico Entre el 27 y el 28 de diciembre pasados circuló en los periódicos una noticia según la cual subió el valor de las acciones de Amazon en la bolsa Nasdaq debido a la supuesta venta desbordada del lector kindle durante la pasada navidad. Amazon sin embargo, y según lo señalan las mismas publicaciones, se abstuvo como ha venido haciéndolo de suministrar información acerca del número de aparatos vendidos. La negativa como es obvio genera suspicacias y provoca molestia frente a la evidente falta de trasparencia que inunda los mercados: no puede existir razón valida para guardar el dato. Sirve la oportunidad sin embargo para volver a pensar en la pertinencia y futuro del libro electrónico aun cuando otros consideren inútil el debate pues le dan por ganada la batalla frente al libro tradicional, un análisis un tanto menos prejuicioso podría indicar todo lo contrario. En primer lugar cabe advertir que el libro electrónico es un gadget, es decir un artilugio tecnológico como todos los demás que emocionan y agobian a ciertos consumidores; basta con revisar los comentarios que circulan en internet acerca del mismo y descubriremos que casi todos se presentan en paginas dedicadas a estos elementos. Curiosamente sin embargo no he conocido aun tienda no virtual alguna de elementos tecnológicos, que los ofrezca como sucede con otros, incluso los más novedosos. Debe insistirse entonces que el libro electrónico es un elemento tecnológico creado por la industria tecnológica y que pretende mercadearse como lo que es. Se sustenta en una necesidad satisfecha y pretende resolver requerimientos inexistentes o al menos no planteados de manera genérica. La necesidad de lectura la resolvió el libro de manera ingeniosa y practica, y no hay quien haya manifestado el deseo de andar con cien o doscientos -y no digamos mil quinientos- libros al hombro. No solo es absurdo sino absolutamente inútil. El libro electrónico, digámoslo de manera clara, no resuelve una necesidad, se sustenta en una ya existen y resuelta, y esta es su primera dificultad. Debe revisarse entonces la necesidad sobre la que descansa la pertinencia del lector electrónico, que tal como se ha dicho se encuentra ingeniosa y

eficientemente resuelta, así como su comparación con el ipod. Los niveles de lectura son bajos, aún en los países más cultos, sobre todo si se comparan con los niveles de audiencia de música. Es decir se lee poco y se escucha mucha más música, sobran incluso los ejemplos, y basta con observar el entorno. Y es lógico que así sea, la lectura implica un nivel de exigencia del lector, la música casi nunca, por esta razón todos, aun los menos oyentes pueden tener interés en el ipod y por tanto alguna tendencia a su compra y utilización. No sucede igual con el lector electrónico. Para querer comprarlo se debe ser primero lector, y por supuesto un lector al que le sirva adquirir un elemento relativamente costoso, es decir un lector que lea al menos varios libros al año. Consideremos las siguientes cuentas: el lector kindle cuesta según la página Amazon quinientos mil pesos (US$259), si al mismo le agregamos al menos cinco libros no pirateados, tendremos que sumar setenta mil pesos más (siete dólares aproximadamente por cada libro), es decir que en total serían quinientos setenta mil pesos, cifra que le permitiría comprar en nuestra librería dieciséis libros, a razón de treinta y cinco mil pesos cada uno, es decir para un lector promedio en Colombia, tal cantidad significaría lecturas para ocho años, dieciséis en México, o para un lector medio en España entre tres y cuatro años y para un lector Francés dos años. Ahora bien el libro electrónico ha sido creado por la industria de tecnología, es decir no surge del mundo del libro sino del mismo escenario interesado en crear otros y diversos elementos tecnológicos y la lógica del mercado de estos productos descansa sobre el principio de su constante renovación. No en vano se han vendido más de cien millones de ipods en el mundo. Muchos de los compradores del ipod están y estarán interesados en cambiar su modelo cada año o cada dos años, y ahí reside el negocio, no en el suministro del aparato sino en su constante renovación, por eso precisamente se le agregan utilidades alternas o no coincidentes con su cometido inicial. Basta considerar la forma como se utiliza el ipod y compararla con la posibilidad de utilización del libro electrónico, las diferencias saltan a la vista. (pasa a la página 2)


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