La gruta 435

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La Gruta

Marzo de 2013

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BOLETÍN del SANTUARIO NACIONAL de La Gruta de Lourdes Avda. de las Instrucciones 2223. MONTEVIDEO - Uruguay. Tel.: 2222 3532

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gracias ¡ Benedicto! Lo que fue el Concilio Se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros... Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos... Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar". La Gruta n.435

Hechos 15,1-6

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Actualidad

Papa Benedicto XVI y el Cónclave La renuncia imprevista del Papa Benedicto XVI y su retiro a un monasterio de clausura han motivado la sorpresa general y suscitado muchos interrogantes.

El Papa Benedicto, que en abril cumple 86 años, ha declarado que “por la edad avanzada” ya no tenía fuerzas para ejercer su ministerio. “Es necesario el vigor del cuerpo y del espíritu, vigor que en los últimos meses ha disminuido de tal forma que me siento incapaz de seguir con la misión encomendada”. El Papa no tiene enfermedades graves. La renuncia del Papa fue una sorpresa para todos porque eran siglos que esto no sucedía y nunca pasó en época moderna. Son varios los problemas internos de la Iglesia que pueden haber afectado la fortaleza física y espiritual del Papa, sin considerar las calumnias y desinformaciones. El Papa no ha renunciado para huir de las dificultades; lo ha hecho por amor a la Iglesia. Si por disposición de Pablo VI los obispos se jubilan a los 75 años, el Papa Benedicto bien podía renunciar. El gesto contracorriente de humildad y valor del Papa Benedicto, le atrajo la simpatía de todos, aún de los hermanos protestantes, ortodoxos, anglicanos, judíos y musulmanes; un gesto casi único en un mundo donde se lucha vergonzosamente por el poder. El cardenal Ratzinger ya quería retirarse casi al final del pontificado de Juan Pablo II, después de haber estado al frente de la Congregación por la Doctrina de la Fe por 25 años; el Papa le pidió continuar. Él nunca buscó ni deseó ser Papa. Trató de llevar adelante las líneas fundamentales del pontificado de su antecesor, sin tener su carisma popular. De un trato personal afa2

ble y cordial, buscó la unión de la Iglesia y de las Iglesias y en particular la reevangelización de Europa. La última aparición pública del Papa Benedicto tuvo lugar el 27 de febrero en la plaza de san Pedro repleta de gente. A los dos meses, volverá al Vaticano para encerrarse en el monasterio “Madre de la Iglesia” , acompañado por el secretario y la familia pontificia. No figurará más como Papa, sino simplemente como “papa emérito”. Tampoco formará parte del colegio cardinalicio. Su vida estará dedicada a la oración y al estudio y, como él dijo, vivirá “escondido para el mundo”. La tradición de la Iglesia prevé, durante la “sede vacante”, que los 116 cardenales electores (es decir menores de 80 años) se reunan en la Capilla Sixtina del Vaticano para elegir al nuevo Papa. El Cónclave (del latín=con llave) es la asamblea de los cardenales, absolutamente secreta, que tiene que elegir al nuevo Papa con dos tercios de los votos. El nuevo Papa es presentado a la muchedumbre con las palabras: “Habemus Papam” (del latín= tenemos Papa) e imparte la bendición “urbi et orbi” (del latín= a la ciudad, de Roma, y al mundo). El humo blanco que sale de la antigua estufa de hierro para significar la elección del Papa, es el resultado de la quema de las papeletas después de la votación, mezcladas con paja seca. El Papa Benedicto ha hecho un acto de fe, en el Año de la Fe, porque sabe que nadie puede pretender salvar a la Iglesia, que es de Cristo; a la Iglesia solo hay que servirla. Ha actuado sin pretensiones y sin aspavientos, con la misma sencillez que en el año 2005 anunció su aceptación desde la ventana de san Pedro: “Soy un pobre obrero de la viña del Señor”. Así vino y así se va.


Concilio Vaticano II: vivir la fe en diálogo con el mundo

El Concilio de Jerusalén Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto. Hechos 15,1-6

Preguntas Nos preguntamos a nivel personal: ¿Queremos encontrarnos con el otro? ¿Vemos interesante lo que el otro me pueda aportar? A nivel de Iglesia nos preguntamos: ¿Qué problemas tenemos para enfrentar y encontrarnos para dialogar? ¿Cómo hacer para encontrar un diálogo que incluya a las distintas generaciones?

La celebración del Concilio Vaticano II se * inscribe en una larga historia que se remonta al Libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando narra el encuentro decisivo de Jerusalén. Como los Apóstoles en Jerusalén, los obispos se encontraban para enfrentar problemas particulares y para dar juntos respuestas. Pero desde el Concilio de Trento (1545-63) la Iglesia católica solo había celebrado, sin concluirlo, La Gruta n.435

el Concilio Vaticano I: la tradición conciliar encontraba poca entrada en el mundo católico. Por eso el anuncio del Papa Juan puede bien ser representado como la apertura de una ventana de la Iglesia, para que entre aire nuevo. 3


Concilio Vaticano II: vivir la fe en diálogo con el mundo El problema que tenía la Iglesia primitiva * surgió con el anuncio de Jesús a los no-judíos (gentiles). Como leemos en Hechos, algunos pensaban que para adherirse a Jesús había que adherirse también a la Ley de Moisés (ya que Jesús era judío); otros como Pablo estaban convencidos que la adhesión a la Ley judía no era necesaria para ser cristiano. Para solucionar el problema se decide una * reunión en Jerusalén: el primer Concilio. Esta reunión es un acontecimiento que sigue dando un ejemplo no solo en la Iglesia sino también en las relaciones humanas.

diálogo no es fuente de la verdad, pero según el mandamiento de Jesús, el amor al otro, escucharlo, hablarle, es la verdad más importante. El testimonio de la Iglesia en sus primeros * tiempos fue dar este paso : escuchar al otro, buscar avanzar en el camino de Jesús. También en la Iglesia, en la Parroquia, se pien* sa que es más importante, hacer, organizar, concretar actividades que encontrarse para vivir el diálogo, compartir la fe, escuchar lo que el otro tiene para decir. El Concilio muestra la importancia del encuentro en la vida de la Iglesia y de la humanidad.

Para encontrase hay que juntarse. CuanHay problemas de encuentro en la familia, un * do nos vemos ante problemas, para resol- * lugar donde nos queremos: igual nos cuesta esverlos hay que hablarlos, buscar un acuerdo para avanzar y no estancarse, buscar unidad. Este encuentro debe tener una caracte* rística importante: escucharse entre los que se reúnen, para que el aporte nuevo sea recíproco. El texto bíblico insiste mucho sobre el hecho que Pablo y Bernabé “fueron bien recibidos... y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos”. El hecho de escuchar al otro, dialogar, * hablar... muchas veces diluye los problemas, los hace ver con otros ojos, ayuda a ver la buena intención que tienen los demás. El

El miércoles 13 de marzo, a las 17:30 hs. nos encontramos en el despacho parroquial para preparar esta página del boletín, para el mes que viene.

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cuchar. La Palabra de Dios invita a encontrar momentos de discernimiento, de reflexión, pero no para imponer mi persona o mi idea, sino dejando el centro de mi interés en el otro. De esta forma veremos más clara la salida hacia un acuerdo. Hay que tener confianza en el otro.

Salmo 133 (132) ¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! Es como el óleo perfumado sobre la cabeza, que desciende por la barba –la barba de Aarón– hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío del Hermón que cae sobre las montañas de Sión. Allí el Señor da su bendición, la vida para siempre. Amén.


Concilio Vaticano II: vivir la fe en diálogo con el mundo

Lo que fue el Concilio Un Concilio Ecuménico es la asamblea general de todos los obispos católicos del mundo, convocada por el Papa con la finalidad de estudiar y deliberar sobre temas doctrinales y pastorales y para enfrentar los nuevos desafíos de la historia. Ya hubo 21. El último fue el Concilio Vaticano II, hace 50 años (justamente estamos celebrando sus bodas de oro y por eso el Papa lanzó el Año de la Fe). El Concilio empezó sus reuniones en el Vaticano el 11 de octubre de 1962 bajo el pontificado del Papa Juan XXIII y se clausuró el 7 de diciembre de 1965, bajo el pontificado de Pablo VI. Los Concilios, que son la autoridad máxima en la Iglesia, no se celebran muy a menudo porque proyectan sus orientaciones para toda una época. El último Concilio se desarrolló a lo largo de 3 años, con los obispos que se reunían en la basílica de san Pedro los últimos dos meses del año. LA FIGURA DE JUAN XXIII El día 11 de octubre de 1962, después de una preparación que duró casi 4 años, empezaba el Concilio en el Vaticano con la presencia de 2.450 obispos sin contar los teólogos, expertos, observadores de otras Iglesias, etc. Fue un acontecimiento que llamó la atención de todo el mundo, también por la popularidad del Papa Juan XXIII, llamado “el Papa bueno”, que lo había convocado. Angelo Roncalli (este es su nombre), fue un hombre sencillo, de origen campesino pero lleno del Espíritu de Dios, había sido elegido como Papa de transición a los 77 años, después del excepcional pontificado de Pío XII. La sorpresa fue enorme cuando el 25 de enero de 1959, a los tres meses de ser elegido Papa, anunció el Concilio. Roncalli había viajado mucho por todo el mundo y se había dado cuenta que el mundo estaba cambiando y que en la base misma de la Iglesia había nuevos fermentos que brotaban con fuerza como el renacimiento de los estudios bíbliLa Gruta n.435

cos, la renovación litúrgica, una nueva sensibilidad social, el apostolado laical, el movimiento ecuménico. El Papa Juan quería que la Iglesia supiera leer los “signos de los tiempos”, escuchar la voz de Dios en la historia. Decidió que había que abrir las ventanas también del Vaticano para que en toda la Iglesia entrara ese nuevo aire fresco. INAUGURACION DEL CONCILIO El Papa Juan encontró resistencia en la mentalidad anquilosada de la curia vaticana y de ciertos ambientes, pero también encontró una aceptación entusiasta en otros. Permitió en el Concilio hablar y expresar su opinión, aunque no tenían derecho al voto, a los observadores de otras iglesias cristianas. “Consideré como una inspiración de Dios esta idea del Concilio”, había dicho el Papa y contra viento y marea lo propuso, confiando en la ayuda de Dios. En la noche de la inauguración del Concilio, después de un discurso a la muchedumbre donde se alegraba porque también la luna brillaba esplendida e invitaba a darle un beso a los niños en nombre del Papa, dijo a su secretario: “No esperaba que Dios me concediera esta gracia (ya estaba enfermo de cáncer). Me hubiera bastado anunciar el Concilio; y ahora Dios me ha permitido empezarlo”. Papa Juan había puesto el Concilio en las manos de Dios y morirá ofreciendo sus sufrimientos por el éxito del Concilio. El primer tema que se abordó 5


Concilio Vaticano II: vivir la fe en diálogo con el mundo en la primera sesión, fue la Liturgia. El Concilio había empezado. OBJETIVO DEL CONCILIO ¿Qué quería el Papa Juan con este Concilio? Antes que nada el Papa quería la participación plena de todos los obispos, que hablaran de los principales desafíos a los que se enfrentaba la Iglesia. Durante la primera sesión del Concilio, el Papa estuvo presente solo dos veces en la asamblea para no condicionar a nadie. Pero el discurso de apertura del Concilio deslizó claramente los objetivos del Concilio. El Papa apuntaba a la renovación de la Iglesia, a su “aggiornamento” (en italiano= puesta al día). Quería un nuevo estilo de Iglesia más cercana a la gente, con un lenguaje positivo y accesible, con autoridades que configuraran la imagen del Buen Pastor al servicio del Pueblo de Dios. Quería sustituir la severidad y el castigo con la “medicina de la misericordia”. Quería que se “mostrara la validez de la doctrina, más que renovar condenas”. Denunciaba los falsos “profetas de desgracias” anunciando un mensaje de esperanza. LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS Y LOS POBRES El Papa Juan también buscaba la reconciliación y unión de todos los cristianos (católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos), pero no en términos de una vuelta a la Iglesia Católica sino de un común esfuerzo de conversión al Evangelio. Porque las culpas históricas de la división en el pasado, había que repartirlas entre todos. Él decía: “Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”. Al Papa le gustaba hablar de “hermanos separados” (es decir distanciados, pero bautizados en la misma fe en Jesús y por lo tanto hermanos). Otro objetivo del Papa lo había anunciado un mes antes de la apertura del Concilio con la famosa frase: “Ante los países pobres del mundo la Iglesia se presenta como es y como quiere ser: la Iglesia de todos, pero especialmente la Iglesia 6

de los pobres”. El tema de los pobres y de la pobreza de la Iglesia será un tema defendido por muchos padres conciliares, pero tendrá su plena elaboración en América Latina con las grandes asambleas de Medellín y Puebla. EL NUEVO PAPA PABLO VI A los 8 meses de haber empezado el Concilio, el 3 de junio de 1963 el Papa Juan murió; fue un acontecimiento que conmovió a gran parte de la humanidad. Él había abierto un nuevo tiempo en la Iglesia. Pablo VI siguió su obra y tres meses después se abrió nuevamente el Concilio para la segunda sesión. Nombró a cuatro cardenales como moderadores del Concilio (Suenens, Lercaro, Dopfner, Agagianian) para que dirigieran la asamblea y llevaran a cabo la conexión entre el Papa y la asamblea. El nuevo Papa marcó definitivamente los tres grandes objetivos del Concilio: la renovación de la Iglesia y de la evangelización, la unidad de los cristianos, el diálogo con el mundo moderno. Al nuevo Papa se debe la participación en el Concilio de un cierto número de laicos y laicas, hasta aquel momento totalmente excluidos. CONCLUSION DEL CONCILIO Al terminar el Concilio, con la firma del Papa se promulgaron cuatro documentos fundamentales: sobre la Palabra de Dios, la Liturgia, la Iglesia, la Iglesia en el mundo. Los otros 12 documentos hablan de la libertad religiosa, el ecumenismo, los no cristianos, la tarea de los obispos, ministerio de los sacerdotes, formación sacerdotal, vida religiosa, misiones, apostolado de los laicos, educación cristiana, medios de comunicación, iglesias católicas orientales. La recepción del Concilio fue en general entusiasta, aunque acompañada a veces por excesos y contestaciones. No cabe duda que los efectos positivos del Concilio se han notado ampliamente a lo largo de estos 50 años, con una Iglesia más fiel a Cristo, gracias al Concilio.


Parábolas de HO Y “...en la fferia” eria” HOY Frente a la parada, mientras esperaba el ómnibus en un día de feria, una señora llegó con una inmensa bolsa de nailon negro. Conducía un cochecito en el que apenas se veía un bebé y, tomado del cochecito, un niño de aproximadamente dos años. Colocó la bolsa en el suelo y acomodó a los hijos en la parte alta de la vereda que tiene una notable pendiente hacia el cruce de la calle. La vereda muy fea hacía pensar que en un descuido, colocando el cochecito en la pendiente lo hubiera lanzado a la calle que ese día estaba muy transitada. Con mucha calma la señora abrió la bolsa en la que, un poco desacomodados, estaban unos cuantos pares calzado: apenas juntaba el par lo acomodaba a lo largo de la simple lona negra, tendida para la vista de los clientes. En la altura de la vereda, el chiquilín de dos años, aprovechando la ocupación de la madre, intentaba mover el cochecito que parecía trancado por la punta de una piedra saliente. Empujaba con todo. De pronto la madre dejó los zapatos y se aproximó al hijo. Le habló. No escuché. Blanco con blanco, sandalia con sandalia y colocándolos en fila y en serie. Medio minuto, tal vez menos. Largó los zapatos y de vuelta subiendo a la vereda para decirle al chiquilín, de un impecable completito celeste, que dejara el cochecito del hermano que dormía. De las señales pude interpretar dos cosas: “calláte y dejálo dormir” y “no empujes el cochecito” que se puede ir a la calle y lo pueden atropellar. La seriedad de la madre estaba escrita en su rostro. Pocos segundos, pero sin titubeos. El chiquilín de celeste la miró sin pestañear. ¡Segundos! Apenas la madre retomó el trabajo él emprendió la tarea de “mover el cochecito” de su hermano. Tal vez lo había hecho otras veces en casa, y ahora ¿Por qué no se movía? Mirando la escena, me di cuenta que, sin querer, estaba sonriendo con aprensión, cuando miraba al niño, mientras que, cuando miraba a la madre me ponía casi impaciente. Ahora, pensaba, se va a dar vuelta y le va a clavar la mirada hasta el ombligo. ¡Ojalá no se enoje! ...lo agarraría de la mano desprendiéndosela del coche con La Gruta n.435

fuerza, terminando así, los riesgos de una tragedia. Así fue. Lo sacudió, me acordé de mi madre, me acordé de Dios, miré si vendría el ómnibus y respiré. Del ómnibus ni sombra y seguí disfrutando de la contemplación y de la meditación. Volviendo a sus zapatos la mamita siguió acomodando lo que le quedaba. Unas tiras, entre zapatos y zapatillas entre championes y sandalias, acomodados en dos grandes zonas. “El celeste” miró a la madre y volvió a intentar. ¡Cuantas veces le salió fácil mover a su hermanito! Pero nada. Se acomodó el gorrito, dio una rápida mirada hacia el hermano dormido, otra de reojo a su madre y, como plantándose frente a un gigante movió al cochecito para un lado y para el otro y todo arrancó. El frente estaba orientado hacia la calle, hacia donde todos corrían. Era lógico, como debía ser..., pero la madre, con ese instinto propio de toda madre, se lanzó hacia el coche del bebé. Lo agarró. Lo reacomodó. Tomó al chiquilín por el brazo, los volvió a colocar arriba de la vereda y puso una piedra delante de la rueda, agarró al más grande y se sentó con él en la punta de la lona sobre la que estaba, como en un mostrador, su mercadería. Yo no había hecho nada de nada, pero me estaba por tomar un pequeño descancito, cuando vi llegar el ómnibus. Subí, me senté, mirando hacia la nada recuperé todas las escenas y no pude que compartir la sonrisa de Dios. ¡No! Las sonrisas de Dios, mirando lo mismo y sentirse orgulloso de tantas madres, de tantos chiquilines y de tantas penas y nervios enfrentados por los “hijos compartidos”. Pensé en algún momento que muchos no hubieran merecido “un diez” como esa madre. Si esa madre no va al cielo es porque no hay cielo. Suerte que el cielo se gana en la tierra y la oportunidad está vigente. La esperanza está viva. ¡Qué bien me hizo esa madre. Me recordó la mía, los mil gestos de paciencia y las mil precauciones sin inhibir, desde el vamos, ni en homenaje a la propia tranquilidad, la creatividad con la que todos nacemos para enfrentar la vida. Si te agarra el pesimismo, “andate a la feria, se encuentran también santos”. ¡Ojo! no solo santos... Rodolfo. 7


Oración a los pies de La Gruta

Oh Padre que guías en tu Providencia a toda la humanidad, te agradecemos por tu amadísimo hijo el Papa Benedicto XVI . Concédele por tu infinita misericordia, vivir sus días en la oración y la comunión contigo, para seguir acompañando al mundo por senderos de paz y justicia, de amor y prosperidad y de verdadera santidad. Dale a su sucesor, por la intercesión de la Virgen María, fuerza, protección y los dones del Espíritu para cumplir con la misión que le has encomendado. Gracias Señor por darnos en el Papa un hermano que cuida la unidad de la Iglesia y su servicio al mundo. Danos la gracia de estar siempre con él, unidos a tu rebaño, la Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor Amén.

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El Santuario de La Gruta, por decreto del Obispo, es lugar para recibir la Indulgencia plenaria en todo el Año de la fe. Este año de la fe es un momento de gracia para todos los creyentes; la indulgencia es un don de gracia especial que Jesús resucitado nos otorga, para nosotros, nuestra salvación y la de nuestros hermanos vivos y difuntos; como signo que queremos entrar en este don de gracias, la Iglesia pide que: nos confesemos, comulguemos, rezemos el Rosario aquí en la Gruta y hagamos un gesto de caridad hacia nuestros hermanos.


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