―No temas‖ murmuré ―Nuestro destino es estar juntos‖ Me sentí repentinamente sobrepasada por la verdad de mis propias palabras. Este momento era tan perfecto, tan correcto. No había forma de dudarlo. Sus brazos me envolvieron, Estrechándome contra él… Sentía como si cada terminación nerviosa de mi cuerpo fuera una corriente eléctrica. ―Por siempre‖ acepto. La niñez no es del nacimiento a cierta edad y hasta cierta edad. El niño crece, y se guarda las cosas infantiles. La niñez es el reino donde nadie muere. Edna St. Vincent Millay
*LIBRO UNO: BELLA. Prefacio Habia tenido mas que mi cuota correspondiente de experiencias cercanas a la muerte. No era algo a lo que realmente te acostumbras. Parecía curiosamente inevitable, sin embargo, enfrentar la muerte otra vez. Como si realmente estuviera marcada para el desastre. Había escapado repetidas veces, pero esta seguía volviendo a mí. No obstante, esta vez era tan diferente a las demás. Puedes correr de alguien que temes, puedes tratar de luchar contra alguien que odias. Todas mis reacciones habían sido dirigidas hacia aquel tipo de asesinos – los monstruos, los enemigos. Siendo la persona que estuviese matándote, alguien quien amaras, no tendrías opción que seguir. ¿Cómo podrías correr, cómo podrías luchar, cuando al hacerlo lastimarías a tu amado? Si tu vida fuera todo lo que tuvieras que darle a tu amado, ¿cómo podrías negársela si fuera alguien a quien realmente amaras?
1. COMPROMETIDA Nadie te esta mirando, me prometi a mi misma. Nadie te esta mirando. Nadie te esta mirando. Pero, porque no podía mentirme convincentemente ni siquiera a mi misma, tuve que echar un vistazo. Como estaba sentada esperando por las tres luces del tráfico en el pueblo que se volvieran verdes, mire a escondidas a la derecha -en su minivan, La Señora Weber dio vuelta completo su torso en mi dirección. Sus ojos perforaron los míos y me estremecí, preguntándome por qué no bajaba su mirada o se veía avergonzada.