Seis décadas como princesa del glamour
CAROLINA DE MÓNACO
Un recorrido por los momentos más emotivos de su apasionate vida, desde su adolescencia rebelde hasta su papel de abuela amorosa E
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Con tan solo 40 días de nacida, Carolina llegó a la portada de ¡Hola! (arriba izquierda). Sobre estas líneas, junto a sus padres el Príncipe Rainiero y la Princesa Grace y sus hermanos Alberto y Estefanía. Izquierda, otra imagen de su infancia, acompañada de su hermano menor. En la otra página, la joven Carolina cuya belleza combina el atractivo de su madre y la sensualidad mediterránea.
ntre las mujeres de la realeza más hermosas y magnéticas, ella ha sido una estrella desde su nacimiento. La hemos visto en sus contrastes década tras década, y en cada etapa de su vida, y durante todas ellas, nos ha entregado una elegancia imposible de imitar. La tragedia y el dolor parecen haberla seguido por momentos, pero jamás aplacaron su luz. El Príncipe Rainiero y su novia de cuentos de hadas, la estrella de Hollywood Grace Kelly, dieron la bienvenida a su princesita en 1957, y no solo el principado mediterráneo sino que el mundo entero quedó perdidamente enamorado de ella. Fue en el año en que empezó la Era Espacial, la época de Elvis y ‘I Love Lucy’... Y el año en que el pequeño satélite Sputnik voló en órbita y se encontró compartiendo titulares con otro anuncio estelar. Esa primavera, revista ¡Hola! presentaba a una de sus estrellas más jóvenes en portada, la pequeña Carolina, de apenas 40 días de nacida. Su aparición pública y bastante precoz valió para anticipar una vida llena de acontecimientos y que, tras entrar a sus años adolescentes, la vivió siempre como centro de atención. Mucho antes de Diana, la princesa de Gales, Carolina era una experta para lidiar con los paparazzi que seguían cada uno de sus pasos. También se convirtió en un ícono de moda, un rol que mantiene hasta hoy, gracias a ese chic tan original e innato. Antes de (sigue)
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Diana, ya había sobrevivido al dolor, escándalos y tragedias haciendo malabares de manera admirable para cumplir con las demandas de su papel real y las de madre. Carolina vino al mundo el 23 de enero en medio de una tormenta. La lluvia sería un buen presagio, decían los locales, que auguraban salud, prosperidad y carácter. Como era propio de su rango, su bautizo fue un evento suntuoso, conducido por cuatro obispos y 15 sacerdotes. Los orgullosos súbditos de la princesa le enviaron regalos: jarrones chinos, un caballo, periquitos en una jaula dorada, un juego de cubiertos de plata para bebé, y además se dispararon fuegos artificiales en su honor. Durante los primeros 14 meses de vida, hasta el nacimiento de su hermano, el príncipe Alberto, Carolina fue la heredera al trono, y su infancia estuvo colmada de afecto pero también fue estricta. Sin embargo, a pesar de haber crecido en el palacio, de muchas maneras, esta fue una familia normal. «Mi madre tenía un tremendo sentido del humor», recuerda Carolina. «La
Considerada como una joven rebelde durante sus años adolescentes, a sus 21 años Carolina tuvo un breve matrimonio que terminó en divorcio. La Princesa encontró a su Príncipe en Stefano Casiraghi, un amante de la lancha rápida, con quien se casó en 1983 (arriba). Desgraciadamente, su madre no lo pudo conocer porque murió en un trágico accidente un año antes. Arriba derecha, apoyando a su padre en el funeral de su madre. Derecha, feliz junto a su familia: «No me molestaría para nada no ser Princesa de Mónaco. Prefiero estar en casa con mi esposo y mis hijos…».
«Tuve mi cuento de hadas. Cuando nos conocimos lo super. No había duda sobre ello», re48 cuerda Carolina sobre su difunto marido, Stefano Casiraghi, socialité y empresario italiano