

Pedro Fernández | Aitana Carrasco


Pregúntaselo a la verdulera porque es cosa verdadera.

Que había una vez un rábano centenario y un poco ordinario

que a una zanahoria amaba porque mucho le gustaba.


Se celebró la boda con mucha pompa y circunstancia

y el banquete fue todo un primor.

Hubo tarta de flores, caricias y muchos amores,

rocío del prado y de todo lo amado.

El rábano saludó muy a gusto y hasta hubo algún susto.

La zanahoria en su hermosa boquita dibujó una dulce sonrisita.





