Hacer trampa para pasar una materia, examen o en el peor de los casos, falsificar un documento que acredite un logro educativo no es algo nuevo, sino que siempre ha existido. El problema es que los avances en la tecnología, las redes y los nuevos dispositivos están ampliando y exacerbado posibilidades para el engaño. Más allá de lo indignante que pueda parecer este tipo de actitud, resulta una gran oportunidad para generar debate y reflexión en torno a una reforma y modernización del sistema educativo.