alandar Revista de información social y religiosa · www.alandar.org
Año XXVIII - Nº 282. Noviembre 2011 - 2,50 euros
No da igual Estamos en mes electoral. Por segunda vez en el año aunque estas elecciones prometen ser mucho más aburridas (si cabe) que las de mayo. Desde el consejo de redacción de alandar no propusimos explícitamente ningún tema relacionado con los comicios generales para este número de noviembre. Sin embargo, en las páginas que siguen hay referencias explícitas de colaboradores y colaboradoras que, de manera espontánea, han tratado el tema en sus espacios de opinión y de humor. Motivos para ir a votar, motivos para no ir, opciones políticas personales, partidos inventados, programas electorales utópicos… son algunas de las cosas que aparecen en las páginas interiores.
Foto. Sestiere Castello, Venecia. Cristina Ruiz.
Hoy en día, cotidianamente, surge el encuentro con la increencia.
¿
Al encuentro de la increencia
Somos tolerantes los cristianos? ¿Sabemos convivir con quienes no comparten nuestra fe o, directamente, con quienes no tienen fe? El pasado verano se desataron en nuestro país las proclamas a favor de la libertad religiosa. Coincidieron con la visita del papa y de multitudes católicas a las que se concedieron
da al margen de las estructuras religiosas lo tienen difícil para encontrar su sitio. Hace ya muchos años que es posible casarse por lo civil en nuestro país y cada vez es menor la presión social. Es aún más difícil con las despedidas. Todos los tanatorios tienen capilla -católica, por supuesto- pero es muy difícil encontrar un lugar donde realizar
Hay cristianos de a pie y personas consagradas que cada día están presentes en entornos donde la fe no es compartida. locales públicos como alojamiento, exenciones fiscales y bonificaciones en el transporte, de modo que era evidente que la libertad de los católicos estaba más que garantizada. Otra cosa fue el respeto a la libre expresión de quienes deseaban hacer oír de forma pacífica una opinión contraria al gasto de recursos públicos en un evento confesional. Todavía resuenan los insultos. Quienes desean llevar su vi-
una despedida civil. Y, en muchos casos, la familia de un difunto ateo que ha expresado su deseo de marcharse de este mundo tan civil como vivió, se las ve y se las desea para esquivar los crucifijos omnipresentes en el ataúd, la sala y todos los adornos. Por no hablar de las personas convocadas a participar en eventos familiares o amistosos acompañados de ceremonias tradicionales católicas. Evidente-
mente, en estas ocasiones se encuentran personas de diferentes creencias y no creencias. Son las típicas circunstancias (la boda de un familiar, la comunión de un sobrino, el funeral de una persona querida) en las que no se está por adhesión o interés en el hecho religioso. Se está para acompañar a sus amigos y familiares en un momento especial, o delicado. Y esta situación, paradójicamente, no se tiene en cuenta: el oficiante da por hecho que hay que hacer lo de siempre y hace sufrir a quienes le escuchan con atención. Los no creyentes se sienten excluidos por las palabras y actitudes del oficiante, mientras los creyentes sienten que aquel está excluyendo a una parte importante de la familia porque no son “de los nuestros”. Claro que, quizá, en estas ceremonias el oficiante da por hecho que no le estarán escuchando con atención y los invitados procuran no hacer mucho caso de lo que se dice, por costumbre y
para no llevarse disgustos. En general, unos y otros salen con sus prejuicios bien confirmados. Y, frente a estas situaciones cotidianas, hay cristianos de a pie y personas consagradas que cada día están presentes en entornos donde la fe no es compartida, conviviendo en pie de igualdad, sin intención de proselitismo. Hay también personas ateas o agnósticas que se preocupan por buscar valores compartidos con personas de otras confesiones. Con la capacidad de percibir la riqueza que aportan distintas experiencias de vida, distintas opciones y creencias. Unos y otros son capaces de abrir las ventanas, ponerse en el lugar del otro y “cantar en tierra extraña”, como reza una de las secciones de alandar. Y todas esas personas que prefieren convivir y dialogar a reafirmarse en sus prejuicios, de uno y otro lado, son motivos de esperanza. A ellas les dedicamos este mes nuestro tema de portada.
Por supuesto, en la revista -como en ocasiones anteriores- no ofrecemos una opción cerrada ni un sentido para el voto de quienes nos leen y siguen. Sin embargo, detrás de muchos de los planteamientos recogidos en este número sí que hay una pregunta que ronda, similar a un mítico lema anglosajón: WWJD (What Would Jesus Do?, ¿qué haría Jesús?). ¿A quién votaría? ¿Cuál sería su “programa electoral”? Los derechos humanos, la opción por las personas marginadas, la no discriminación y la protección del medio natural son algunas de las respuestas evidentes que nos surgen al imaginar cómo sería ese Reino de Dios de la democracia. Intentaremos buscar, entre las papeletas disponibles el próximo 20 de noviembre, lo más cercano a esos principios. Pero, por encima de eso, lo que sí tenemos claro es la opción por ir a votar de manera consciente e informada. Porque no da igual un candidato que otro, no da igual ir a votar que no, no da igual votar en blanco o votar nulo. Aunque parezca que la suerte está echada en el 20N, en estas primeras elecciones de la democracia que celebramos sin terrorismo -lo cual añade más celebración a la palabra “celebrar”-, nos jugamos mucho. Nos jugamos nuestras libertades, el acceso a los servicios sociales básicos, los restos que quedan del Estado de bienestar y la pluralidad democrática, por mencionar algunas de las cosas que están en la palestra. Es desde ese enfoque desde el que queremos votar. Y después del domingo electoral nos tocará seguir luchando, seguir movilizándonos, seguir alzando la voz, seguramente con más fuerza ante las situaciones de injusticia. Porque nunca da igual.
En este número... Guatemala, entre las tinieblas y la luz
Foro Gogoa: Entrevista a Iñaki Gabilondo
Una iglesia en verde
El 11 de septiembre se celebraron elecciones generales en Guatemala. A los 15 años de la firma de la paz, el país parece optar nuevamente por la involución autoritaria, la militarización y la pena de muerte.
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Desmontar el negocio de la guerra
Entrevista a Consuelo Vélez Caro, teóloga laica colombiana
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