EL GRITO DE LA GRULLA
Este es un buen libro muy triste, que pone a los niños en contacto con la realidad terrible de la guerra y de sus contradicciones. El hecho de que Junichiro -el niño protagonista- quiera ser piloto muestra la admiración limpia que un niño siente hacia su padre. Pero todos nos quedamos sorprendidos al ver cómo esta realidad infantil, tan importante en sí misma para todos los niños, se vuelve turbia con la guerra que todo lo ensucia: primero, transformando a su padre en un kamikaze que no podrá regresar a casa y, después, haciendo de quien sueña en ser piloto corriendo por la calle con los brazos extendidos a modo de alas de avión, una de las víctimas del bombardeo aéreo que descargó sobre la ciudad de Nagasaki la segunda bomba atómica el 9 de agosto de 1945. Este momento está recogido así en la página 84 del libro: Están sonando las sirenas.Oímos el rugido de los aviones cada vez más cerca. He oído una explosión. He sentido moverse las paredes. Las ventanas se han abierto. Hace un calor terrible.
Durante todo el libro Junichiro sólo ve las consecuencias de la guerra a través del sufrimiento que percibe en su madre. Lo que siente el resto del tiempo es, fundamentalmente, orgullo por imaginar a su padre sobre un avión, hasta que tiene que oír, de boca de su mejor amigo, que su misión consiste, precisamente, en no regresar: - Los kamikazes están ahora en la isla de Okinawa. - Mi padre me ha escrito una carta. Está en Okinawa. Pero no me cuenta nada de que haya kamikazes. - Seguro que es uno de ellos, se habrá presentado voluntario... Y entonces cambiaron de tema porque pasaron por allí unas grullas . (Pág. 57 y 59)