Enredados en la escuela 2.0
La red que está aquí. La red ha abierto un campo de prestaciones para la comunicación entre sujetos con intereses comunes. Y los docentes no se quedan al margen. Muchos profesionales se ponen en contacto, comparten ideas y trafican, como nunca, con las propuestas. Con sus limitaciones, la creatividad y la percepción es ahora mucho más participativa. Los creadores descubrimos con asombro como “mi genial idea” ya la había puesto en práctica otro compañero en el otro extremo del mundo. Por lo que cada vez, se hace más significativa la máxima que en educación, sea en el ámbito que sea, que crecemos y aprendemos más, cuánto más compartimos. El uso de las redes sociales, en dónde no sólo compartimos aspectos profesionales, ha supuesto un avance en la misma línea que comentábamos en el párrafo anterior: encontramos viejos conocidos, rehabilitamos relaciones, hallamos recursos que creíamos perdidos, iniciamos proyectos, nos unimos a otros que tengan intereses parecidos a los nuestros, etc. No toda mi generación es nativa en el uso de las nuevas tecnologías para la comunicación y el reconocimiento de la información. Esto supone que aún exista cierta resistencia en la utilización de las herramientas que configuran la Web 2.0, pero nuestros alumnos y alumnas, no tienen ninguna dificultad, y obviar esta circunstancia, sería arrojarnos al vacío, nuevamente, como ya hicimos los docentes en otras revoluciones pasadas. No en vano, considero que muchos docentes han encontrado en Internet una fuente ilimitada de conocimiento y de encuentro y un espacio donde exponer propuestas didácticas y proyectos de trabajo. En la escuela, con los nativos. El alumnado no se plantea las disyuntivas que le surgen a muchos docentes que se han incorporado a los nuevos medios de comunicación. Y quizás esta despreocupación y desconocimiento del funcionamiento de la red, no, obliga en el aula a desenredar y focalizar los caminos, que no siempre conducen a Roma, y que en ocasiones empujan a los menores a callejones oscuros en el mundo digital. Es relativamente fácil acceder a medicamentos milagrosos en Internet, páginas con violencia o pornografía explícita y otras con un mensaje que roza lo inmoral, sin ética y que deja los derechos humanos a la altura del betún.
Daniel Martín Castellano
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