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CARTA EDITORIAL
El Correo es el servicio público que tiene por objeto transportar la correspondencia, ya sea oficial o privada.
En nuestro país, su origen data de los primeros años después de consumada la Conquista, en donde las autoridades utilizaban jinetes quienes fungían como heraldos para trasladar su correspondencia.
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Posteriormente, hacia 1580 su Majestad, el Rey Don Felipe II ordenó la creación en la Nueva España, de un servicio de correos, así transcurrían los siglos y sería hasta 1856, cuando por decreto del entonces Presidente de la República Don Ignacio Comonfort, se ordenó la primera emisión de estampillas postales, con el afán de sustituir el uso de sobres sellados, circunstancia que dificultaba tal servicio.
Pero, hasta antes de ser tomada esta medida, existió durante casi toda la vida de la Nueva España y en los primeros 56 años del México Independiente un sistema que bien podríamos llamar ahora pre-filatélico , en el que el uso del correo no implicaba el empleo de las estampillas como comprobante de pago.
Y es, precisamente sobre este particular que dedicamos el espacio del artículo central de este número, en el trabajo Correo sin Estampillas del Lic. Gilberto De la Torre Malacara, en el que nos presenta una breve reseña del Correo en León, desde finales del siglo XVIII y hasta el XIX. A través de fuentes documentales del acervo del Archivo Histórico y de testimonios que narran epístolas o frentes de cartas que forman parte de su colección, De la Torre, como el buen Filatelista que es, nos narra precisamente todo lo relativo al uso del correo antes de la implementación de las estampillas como requisito indispensable en la correspondecia.
En su trabajo, detalla cómo se realizaba el transporte de la correspondencia, donde la villa de León formaba parte de la ruta establecida en la carrera postal de Tierra Adentro, que iba de México a Durango y viceversa, pasando por Querétaro, San Miguel el Grande, con travesías hacia San Luis Potosí y las Provincias de Oriente, Guanajuato y Lagos; siendo León, claro está, parte de tal camino.
Más adelante, señala que las cartas en esos tiempos contenían: la marca de origen, la marca de la ruta de tránsito, un número que señalaba la tarifa pagada por el destinatario, por una carta.
Estos son solo unos cuantos aspectos que el Lic. De la Torre Malacara, nos aporta en su investigación, la cual reviste gran importancia en tiempos en los que la comunicación y sobre todo la correspondencia se ha reducido a Mails y WhatsApps.
En la segunda parte de este número, el Arq. Rodolfo Herrera Pérez aborda una añeja usanza leonesa, en torno a la festividad de San Nicolás de Tolentino y desarrollada en el tradicional Barrio Arriba, hablamos de los Panecitos de San Nicolás , toda vez que durante su conmemoración el 10 de septiembre, la Iglesia prescribe que se bendiga pan y agua donde quiera que se le venere.
Herrera, plantea la tesis que pudo haber sido el establecimiento del Hospital Civil en el edificio del Instituto Sollano en 1903, el factor detonante que hiciera que dicho pan se comenzara a vender precisamente en la fecha arriba señalada, ya que es muy probable que los familiares de los pacientes internados en el Hospital, pidieran al Capellán, bendijera los panes que los mismos enfermos habrían de consumir.
Esto y más es lo que descubrirá en este artículo, acerca de esta singular y tradicional fiesta que atrae en el Barrio a más de 20,000 devotos.