La obra de Luis Ortiz Monasterio se compone por dualidades: lo celeste y lo terrenal, el mito y la realidad, la espiritualidad y la racionalidad, ambos aunados a principios matemáticos. Conceptos recogidos tanto de la tradición clásica occidental, como de la prehispánica mesoamericana.
El escultor los sincretiza y dota a su obra de un motivo existencial, propio de la época, para encausar el camino del hombre mexicano.