La tristeza de los ángeles

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La tristeza De los ángeles Mariana Cofré



Caigo por un abismo negro. Llego al suelo, mi corazón

palpita rápida y repentinamente se detiene, dejo de respirar. Abandono mi cuerpo. Estoy atemorizada. Me miro las manos, tienen un aspecto espectral. Estoy vestida de negro. Miro mi abdomen. Lo toco, pero mi mano lo atraviesa. Siento un escalofrío, veo a mi cuerpo en la tierra e intento despertarlo. Pero no responde. Desesperanzada, camino e intento escalar las paredes del abismo. Subo, voy a la mitad, me sujeto de una roca prominente. Esta se triza y caigo nuevamente. Estoy aterrada, no quiero que me pase lo mismo de antes. Siento turbación. No quiero, no quiero caer. Cierro los ojos. … Siento como si estuviera flotando. Los abro, veo el suelo nuevamente. Ya no caigo, estoy volando. Sonrío. 3


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Deseo seguir, y responde mi cuerpo; sigo volando, y a la dirección que yo quiera. Salgo del abismo y llego a tierra. Quedo mirando el fondo. Sonrío. Miro hacia delante para seguir. Hay árboles con hojas grises, el cielo está nublado. Cae nieve. Qué raro, pienso, y avanzo. Llego hasta un faro encendido, rodeado por árboles de las mismas características, todos iguales. No sé dónde estoy. Quiero escapar. Corro, quiero llegar a algún otro lugar. Agarro velocidad, cuando aparece una persona alimentando a un caballo por delante mío. No logro detenerme completamente y choco con él. Nos caemos los dos. —¡Auch! —dice. —¡Oh!, perdón, no sé qué lugar es este, por eso estaba corriendo. Estaba mirando el suelo, lo siento —respondo. —Oh, no hay problema, es culpa mía por pararme acá a alimentar a mi yegua. —¿Me puedes decir dónde estamos? —pregunto. —¿Nunca has estado acá? —No, no sé cómo aparecí en este lugar. —Bien, este lugar es Whousp, el lugar donde las almas esperan la llamada de regreso. Permíteme presentarme; yo soy Ángelo, vengo de Lopía y espero a que mi alma esté lista para poder volver. —Yo soy Lohan, y vengo de un abismo negro. Y no sé qué es lo que tengo que hacer ahora. 4


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—Si no sabes nada, yo te podría ayudar. Estoy aquí hace un tiempo ya. —Está bien. Ángelo se para y me ayuda a levantarme. —No debería estar acá, voy a estar estorbándote —digo. Ángelo me mira a los ojos, yo también lo miro, tiene los ojos de color rojo oscuro. Noto sinceridad en su mirada. Le sonrío. —No digas eso, Lohan. Cuando ya aprendas, serás una bella alma, que esperará a volver, así como todas. —¿Dices bella? —pregunto. Ángelo guarda silencio y mira hacia delante. —Bien, sígueme, más allá hay un pueblo. Tengo un hogar en él, si quieres podrías quedarte o buscar una casa —dice y nos subimos al caballo. —Ángelo —digo. —Dime. —Tengo alas, todos tienen, ¿verdad? —Sí, pero no te ayudarán a transportarte, solamente en momentos en los que de verdad los necesites. —¿Y por qué estamos vestidos de negro? —Creo que es porque aún nuestros cuerpos agonizan y las almas no están descansando. Estamos vagando, como almas en pena. —Oh.

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Llegamos al pueblo; las casas eran negras y grises, las calles de piedra y azules. —Bien, llegamos. Te llevaré a casa —dice Ángelo. —Está bien. Entramos en una casa negra, estaba oscuro adentro, pero cerró la puerta y se encendieron faroles en las paredes de la sala. Se veía muy bonito. —Bien, Lohan, te llevaré a tu cuarto —dice y me lleva a otra sala; hay solo una cama blanca en ella y faroles en las paredes, también una ventana pequeña enfrente de ella. —Si quieres apagar la luz, solo cierra la puerta. Me llamas si tienes algún problema —dice. —Buenas noches —digo y lo beso en la mejilla. —Duerme bien —dice y sale del cuarto. Cierro la puerta, se apagan las luces y me acuesto. Quedo pensando un momento. Luego duermo. Despierto en la mañana, observo por la ventanita. Está nublado, pero hay luz natural. Anda gente caminando y conversando. Me levanto, me pongo los zapatos de ayer. Me tocan la puerta. La abro; es Ángelo. —Buenos días, Lohan, ¿cómo dormiste? —pregunta. —Oh, bien, gracias, ¿y tú? —Bien, también… ¿Quieres comer algo? 6


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—Oh, bueno. —Acompáñame —dice y me toma de la mano. Llegamos a una mesita transparente, encima había fruta. Nos sentamos los dos. —¿Quieres alguna manzana? —pregunta. —Oh, claro, tenía un poquito de sueño, seguro que ahora se me pasa. —Me restriego los ojos. Me pasa una manzana. —Estoy emocionado, desde que estoy aquí nadie me había acompañado, bueno, hasta ahora. —Claro, me gustó dormir acá, creo que me quedaré contigo, si tú me lo permites. —Sí, como quieras —dice y me sonríe. Sus ojos rojos oscuro brillan cuando sonríe. —Bueno, Lohan, ¿quieres conocer más el pueblo? —Sí, sería una buena idea. Salimos de la casa, me toma de la mano y caminamos hacia una casa grande y blanca. Andaban otras personas caminando y de la mano también. —Ángelo, veo que por fin tienes una compañera, te felicito —dice un hombre que pasa enfrente. —No les hagas mucho caso a los demás, no siempre dicen la verdad —me susurra al oído. Seguimos nuestro camino hasta que llegamos a una plaza. Nos sentamos en una banca. Quedo mi7


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rando a los árboles cuando caen sus hojas grises. Ángelo observa mi rostro. —Lohan, dime, ¿te gusta este pueblo? —Bueno… —intento decir cuando una mujer se acerca a Ángelo. —Ángelo, hace tiempo que no te veía, ¿dónde habías estado? —le pregunta. —Bueno, yo he hecho lo mismo de siempre, he viajado con mi yegua, lo que hago últimamente. —Uh, ¿y quién es ella? —Es un alma nueva, la acompaño porque no sabe nada de acá, se llama Lohan. —Oh, hola, Lohan. Yo soy Domi —dice y me mueve la mano. —Hola —le respondo. —Oye, cuéntame, ¿has encontrado ya a una compañera? —No sé, por ahora ella es la que me acompaña, no sé si la llamarán al mismo tiempo que a mí. Es que tú sabes, para ser llamados debemos congeniar y acompañarnos mutuamente. —Mira, podríamos probar los dos, tú y yo, a ver si congeniamos o no. —Bueno, pero ¿cuidaremos de Lohan? —Ah, bueno, entonces, los dos la cuidaremos. —Está bien. Nos paramos y regresamos a la casa. 8


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—Lohan, ayúdame a poner la mesa para comer. —Bueno —asiento. Fuimos a preparar la mesa, Ángelo queda en la entra. —Tendrás mucha suerte si congenias con Ángelo —digo. —¿Sí?, ¿por qué lo dices? —Me doy cuenta al mirar sus ojos. Veo su sinceridad y su cariño reflejados en ellos. —¿Hablas de sus ojos?, yo creo que son feos, no reflejan nada porque son oscuros y el rojo me da nervios. —Y entonces, ¿por qué quieres congeniar con él? —Solo para regresar a la vida, porque de él no me gusta nada, lo dejaré cuando ya hayamos regresado. —Yo no te lo impediré, pero te pido que no lo hagas sufrir, por favor. —¿Por qué lo dices? —Porque me ayudó mucho más de lo que piensas y creo que se merece lo mejor. —¿Te gusta? —dice cuando percibo unos pasos acercándose. —No lo sé muy bien —digo. Al escuchar la tierna voz de Lohan decir eso pienso en si estoy en lo correcto al tratar de congeniar con Domi o no. Me acerco a la mesa. —¿Domi? —pregunto. 9


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—Mi amor, vamos a comer ahora, ¿qué quieres? —dice Domi. —¿Y Lohan, también va a comer, verdad? —Claro, siéntate. Lohan dice que nos va a servir la comida —dice y nos sentamos. —Domi, ¿puedo preguntarte algo? —Sí, claro, adelante. —¿Me amas? —Claro, ¿cómo no te voy a amar, si quise congeniar contigo? —dice y me abraza. —Sí, lo siento por dudar —digo y veo a Lohan; está seria, no nos mira, nos sirve la comida y se sienta, y quedo preocupado. Terminamos de comer; anochece. —Acostémonos, mi amor —dice Domi y me toma de la mano. Esa noche llovió, me costó dormir, no podía dejar de pensar en Lohan, estaba preocupado. Anoche soñé con Ángelo; me decía que nunca lo dejara y que lo perdonara por la decisión que había tomado y que iba a tratar de arreglarla, para poder estar conmigo. Me tocan de nuevo la puerta, esta vez es Domi, me manda a buscar un amuleto cerca del abismo. Tengo que cavar la tierra para encontrarlo, es una piedra con alas negras. Por el camino de vuelta, divi10


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so un manantial de aguas celestes, me lavo en él. En el fondo de las aguas cristalinas notaba una piedra que brillaba con el sol. Es una piedra pequeña y celeste, la guardo y sigo. Llego, le entrego el amuleto a Domi. Me encierro en mi cuarto, me armo un collar con la piedra. Cuando me lo coloco, este brilla. Siento también una emoción volátil en el corazón; siento seguridad, confianza. Me siento hermosa. Salgo, Ángelo viene caminando con Domi. —Lohan, vamos a salir, iremos a ver si nos dan la llamada de regreso. Te dejaremos sola, pero tú ya sabes qué hacer. Adiós —dice Domi y sale, Ángelo queda mirándome un momento y luego sale también. Tal como Domi dice, esa noche me quedo sola. Me acuesto y duermo. Está amaneciendo cuando despierto, llueve y empieza a salir el sol. —Qué raro —pienso y me siento en la cama—. Todo esto es extraño. Me levanto. Siento algo en el corazón. Reviso mi piedra, está roja. «Qué raro». Salgo a caminar por las calles. Yo soy la única solitaria que sale a caminar sin pareja. Llego a un castillo blanco. 11


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Adentro hay unas escaleras blancas que me llevan a una azotea. Quedo mirando la lluvia. Descanso los ojos. Despierto, y me voy de ese lugar. Camino por las calles de piedra, desamparada, sin saber qué hacer ni a dónde ir. Regreso a la casa. Está la yegua amarrada acá afuera. La acaricio. Da vuelta la cabeza y veo sus ojos, son rojos. Veo dolor reflejado en ellos. Mi amuleto empieza a volverse de un color azul y resplandeciente. Observo su cara; sus ojos cambian lentamente de color, de rojo pasa a naranja y luego a café. Quedo observando mi amuleto. —¿Esto le habrá cambiado el color de los ojos? —pienso—. No, eso es imposible. Se hace tarde, entro a la casa y me acuesto. Despierto. Observo por la ventanilla, está despejado. Me levanto, saco una manzana. Salgo a la calle a caminar, voy comiéndola. Como siempre, veo solamente a las parejas caminando. Llego a la plaza, me siento en un banco. Los árboles negros están cargados de hojas blancas, ya no se caen. Mi amuleto me provoca una pequeña emoción efímera. Lo veo, está celeste, color como de un diamante, brilla con el sol. Me paro, camino sin rumbo ni paradero. Voy mirando el suelo, Paso por los mismos lugares todo el rato. 12



La historia se desarrolla un mun-te busqué por todos —¡Lohan!, al fin teenencuentro, do imaginado, muchos lados. Ven donde —dice,ocurren y le observo con más claridad a la hechos que lo caracterizan por ser un cara, tiene los ojos rojos oscuro. lugar triste. Lohan llega a este mundo —¿Ángelo?, ¿eres tú? cuando está agonizando, tras caer en —¡Sí,En Lohan, soy yo!a —dice me abraza. un abismo. él conoce Ángelo,y y —¡Te capaces extrañé!,de pero ¿qué pasó? ¿No los devolvieron juntos serán salir adelante y dejar a laeste vida?lugar ya mencionado, sin antes pasar poralgo distintos —Pasó raro. sucesos que darán una idea de cómo se caracteriza —Cuéntame. este mundo, y de cómo son cada uno —Estábamos en el portal de la vida. Domi entró de los personajes que hay en él.

228314 788419 9

ISBN 978-84-19228-31-4

y yo la seguí. Cuando de repente, siento algo que me retiene y no puedo seguir. En el pecho de Domi vi una imagen pequeña de un ángel negro. Al ver eso, sentí que me empujaba bruscamente y no pude seguir. —… Ese amuleto fue el culpable entonces. —¿De qué amuleto hablas? —Ángelo, ella el día anterior me pidió que buscara un amuleto cerca del abismo. Esa era una piedra negra con alas. —¿En serio? Ella habrá planeado entonces todo esto, Dios, ¿cómo pude ser tan tonto? Fue pésima la decisión de acompañarla. Me dejé engañar.—dice y se agacha. —Tranquilo, volvamos a la casa —digo. Regresamos; Ángelo miró a su yegua, observó sus ojos cafés. mirahadas.com


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