CAPÍTULO 8
El campo de amapolas Nuestro grupito de viajeros despertó la mañana siguiente muy descansado y con grandes esperanzas, y Dorothy comió un principesco desayuno constituido por duraznos y ciruelas de los árboles próximos al río. A sus espaldas quedaba el oscuro bosque que acababan de cruzar sin mayores males, aunque con tantos inconvenientes; pero ante ellos se presentaba la hermosa y soleada región que parecía llamarlos hacia la Ciudad Esmeralda. Claro que el ancho río los separaba de aquella tierra tan hermosa, pero la balsa estaba casi lista, y luego que el Leñador hubo cortado algunos troncos más y los unió con trozos de madera aguzada, ya estuvieron listos para cruzar. Dorothy s e s e n t ó en el centro de la balsa con Toto en sus brazos. Cuando subió el León
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