¿Paz con Santos? | Editorial web agosto de 2012

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¿Paz con Santos? ¿Puede Santos resolver el conflicto social y lograr la cesación de la guerra? La respuesta negativa es mucho más probable que la positiva, dado que las dimensiones del cambio que debería producirse son de tal magnitud y profundidad que rebasan las capacidades y el tiempo de un solo gobierno. Pero ¿podría Santos dar algunos pasos? El conflicto armado, desde luego, está relacionado en forma muy estrecha con el conflicto social de la cultura, la economía y la política colombianas que Alejandro Angulo Novoa, S.J.* están construidas sobre una estructura de desigualdad y de exclusión, consciente y campante, entre estratos sociales muy marcados que han ido construyendo, con los siglos, una desconfianza total y un rencor recíprocos. Más aún, el conflicto armado es la forma extrema del conflicto social. Por consiguiente, la posibilidad del cese de la guerra depende totalmente de la paz social. Que Santos pueda obtener algún resultado positivo es, pues, una cuestión de probabilidades. Examinémoslas. Los eventos favorables podrían ser: a) que la ley de víctimas y de restitución de tierras tuviera una aplicación convincente. La tierra está desde hace rato en la raíz de la guerra colombiana. El PNUD lo acaba de documentar con lujo de detalles; b) que los programas de desarrollo y paz sobrevivieran en medio del conflicto y generaran, en medio de todas las dificultades que ello supone, iniciativas que podríamos llamar ‘laboratorios de paz’, a saber, empresas conjuntas entre inversionistas ricos y trabajadores pobres, como sustituto a las relaciones capitalistas salvajes que son la forma contemporánea de la esclavitud de antaño, dado que llevan en su concepción pragmática el desprecio de unas personas por la dignidad de otras. Esos programas podrían favorecer pactos sociales regionales favorables a la paz en las regiones; c) que el experimento de mediación entre empresarios y trabajadores fuera llevado a cabo por alguien, como lo ha logrado la Universidad Javeriana de Cali, donde las conversaciones civilizadas entre empresarios azucareros y corteros de caña se demuestran que estos diálogos exitosos no solamente se pueden lograr en Alemania sino también en Cali; d)por el lado de las guerrillas tenemos las cartas de Timochenco. La primera carta, de noviembre 2011, con motivo de la muerte de Cano, es, por lo menos, un hecho de comunicación con Santos, y su final “Así no es Santos, así no es” pudiera interpretarse como un implícito de “como podría ser”. La segunda carta, de enero del 2012 pareciera ir en esa dirección y describir la forma como las Farc aceptarían conversar. Las probabilidades desfavorables a) El debate explícito, pero mucho más el implícito, en los medios de comunicación muestra que una parte de la población pensante y, desde luego, toda la terrateniente, no está dispuesta a ninguna concesión en lo tocante a la propiedad y uso de la tierra, cueste lo que cueste. En este punto son del todo equiparables las visiones ideológicas de los insurrectos y las de los poseedores de bienes, o sea, que la vida del adversario no vale nada en comparación con los bienes materiales. Semejante convicción no es, para nada, favorables a las probabilidades de paz. b) la presión que ejercen muchísimos ganaderos y agricultores, junto con las empresas multinacionales del agro y de la minería, para que se despejen los terrenos explotables, dejando al Gobierno la solución

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