Ezra pound selección de poemas (traducción de René Correa - Cinosargo 2016)

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Selecci贸n de poemas de Ezra Pound (Traducci贸n de Ren茅 Correa)



Ezra Pound

Selecci贸n y traducci贸n de poemas a cargo de Ren茅 Correa


Colecci贸n Pink Cigarette


Contacto Editorial: carrollera@hotmail.com Web: www.cinosargo.com Primera edición: 2016 Traducción a cargo de René Correa © Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este documento por cualquier medio, sin el previo y expreso consentimiento por escrito de los autores. Cinosargo Ediciones © es propiedad de Daniel Rojas Pachas.



E.P. ODE POUR L’ÉLECTION DE SON SEPULCHRE

I Durante tres años, fuera de tono con su época. Luchó para resucitar el arte muerto De la poesía; para mantener “lo sublime” En el antiguo sentido. Equivocado desde el comienzo…

No; no del todo; pero al ver que había nacido En un país semisalvaje, a destiempo, Resueltamente se dedicó a exprimir lirios de las bellotas; Capaneo; trucha para carnada artificial,

Ιδ μ ε ν γ α ρ (Idmen gar toi panth, hos eni troie) Preso en el oído no tapado, Como las rocas daban poco paso Los mares picados lo retuvieron ese año.


Su verdadera Penélope fue Flaubert; Pescó por islas obstinadas, Observó la elegancia del cabello de Circe Más que los lemas en los relojes de sol.

No afectado por “la marcha de los acontecimientos”, Se borró de la memoria de los hombres en l’an trentuniesne De son eage; el caso no ofrece Ningún adorno para la diadema de las Musas.


II

La época exigía una imagen De su mueca acelerada, Algo para el escenario moderno; No, a ningún precio, una gracia ática;

Ni, por cierto, las oscuras fantasías De la contemplación interior; ¡Más vale mendacidades Que paráfrasis de los clásicos!

La “época exigía” sobre todo un molde en yeso Hecho sin pérdida de tiempo, Una cinética prosa; no alabastro, seguramente, Ni la “escultura” de la rima.


III

El vestido para té rosa-té, etc. Suplanta a la muselina de Cos,

La pianola “remplaza” Al barbito de Safo.

Cristo sigue a Dionisios Fálico y ambrosíaco Abrió paso a las maceraciones; Calibán expulsa a Ariel.

Todas las cosas fluyen El sabio Heráclito dice; Pero una baratura chillona Durará más que nuestros días.


Hasta la belleza cristiana Defecciona, tras Samotracia; Vemos a Kalon Decretado en la plaza del mercado.

La carne del fauno no es para nosotros Ni la visión del santo. Tenemos la Prensa por hostia; El sufragio universal por circuncisión.

Todos los hombres son iguales ante la ley. Libres de Pisistrato Escogemos a un bribón o a un eunuco Para que nos gobierne. ¡Oh preclaro Apolo, (tin andra, tin eroa, tina theon) A qué dios, hombre o héroe Habré de colocarle una guirnalda de latón!


IV

Estos lucharon en todo caso, y algunos creyendo, pro domo, en todo caso… algunos dispuestos a las armas, algunos por la aventura, algunos por temor a la debilidad, algunos por temor a las censuras, algunos por amor, en su imaginación, a la matanza que luego conocieron… algunos temerosos, que aprendieron el amor a la matanza; Murieron algunos, pro patria, non “dulce” non “et decor”... se hundieron en el infierno hasta los ojos, creyendo en las mentiras de los viejos; después, descreídos, volvieron al hogar, al hogar para una mentira, al hogar para muchos engaños, al hogar para viejas mentiras y nueva infamia; a la usura vieja y espesa de siglos y a los mentirosos en las plazas públicas.


Audacia como nunca antes, despilfarro como nunca antes, sangre joven y sangre ardiente, tersas mejillas y cuerpos esbeltos; fortaleza como nunca antes, franqueza como nunca antes, desilusiones como nunca se contaron en dĂ­as pasados, histerias, confesiones de trinchera, carcajadas de vientres muertos.


V

Allí murió una miríada, Y de los mejores, entre ellos, Por una vieja ramera desdentada, Por una civilización remendada,

El encanto, sonriente en la buena boca, Ojos vivaces cerrados por el párpado de la tierra,

Por dos gruesas estatuas rotas, Por unos pocos miles de libros estropeados.


UN PACTO

Hago un pacto contigo, Walt Whitman, Te he detestado ya bastante tiempo. Vengo a ti como un chico crecido Que ha tenido un padre terco; Ya tengo edad suficiente para trabar amistad. TĂş fuiste el que partiĂł la madera nueva, Y ahora es el momento de tallarla. Tenemos una sola savia y una misma raĂ­z Que haya comercio entre nosotros.


UNA MUCHACHA

El árbol ha penetrado en mis manos, La savia ha ascendido por mis brazos, El árbol ha crecido en mi pecho Hacia abajo, Las ramas brotan de mí, como brazos. Árbol eres, Musgo eres, Eres violetas agitadas por el viento. Una niña –tan alta- eres; Y todo esto es desatino ante el mundo.


FIGURA DE DANZA

Para las bodas en Canaán de Galilea

De ojos negros, Oh mujer de mis sueños, Con sandalias de marfil, Ninguna hay como tú entre las danzarinas, Ninguna de pies tan ligeros.

No te encontré en las tiendas, En las tinieblas rotas, No te encontré junto al aljibe, Entre las mujeres con cántaros.

Tus brazos son como renuevos bajo la corteza; Tu rostro como un río con luces.


Blancos como almendras son tus hombros, Como frescas almendras despojadas de sus cáscaras.

No te guardan con eunucos Ni con barrotes de bronce. Turquesa dorada y plata hay en el lugar donde descansas. Un manto oscuro con hebras de oro tejidas en dibujos has extendido en torno tuyo, Oh Nathat-Ikanaiae, “Arbol-junto-al-río”.

Como un arroyuelo entre los juncos son tus manos sobre mí Tus dedos una corriente helada.

Tus doncellas son blancas como guijarros; Su música en torno tuyo.

Ninguna hay como tú entre las danzarinas, Ninguna de pies tan ligeros.


UNA INMORALIDAD

Cantemos al amor y al ocio, Nada más merece ser habido.

Aunque he estado en muchos países, No hay nada más en la vida.

Y más quisiera tener a mi amada, Aunque las rosas mueran de aflicción.

Que realizar grandes hazañas en Hungría, Para sobrepasar la imaginación de los hombres.


PORTRAIT D’UNE FEMME

Tu pensamiento y tú son nuestro Mar de los Sargazos; Londres se ha deslizado en torno tuyo durante estos veinte años Y brillantes embarcaciones te dejaron esto o aquello como retribución: Ideas, viejas habladurías, sobras de todas las cosas, Extraños mástiles de conocimiento y opacas mercaderías de precio. Grandes mentes te han buscado… faltándoles algún otro ser. Siempre has sido segunda. ¿Trágica? No. Lo preferiste a la cosa usual: Un hombre obtuso, embotador y doméstico, Con una mente corriente… con un pensamiento menos cada año. ¡Oh! Eres paciente. Te he visto sentada Durante horas, cuando algo podría haber emergido. Y ahora pagas. Sí, pagas con largueza. Eres una persona de cierto interés, uno llega a ti Y se retira con insólita ganancia:


Trofeos extraídos; alguna curiosa sugerencia, Hechos que no llevan a ningún lugar, y un cuento para dos, Preñado de mandrágoras, o de algo más Que podría demostrar su utilidad y, sin embargo, nunca la demuestra; Que nunca ensambla bien ni revela su empleo Ni encuentra su hora en el telar de los días: La antigua obra empañada, chillona y maravillosa; Ídolos y ámbar gris y raras incrustaciones. Tales son tus riquezas, tu gran tesoro; y, sin embargo, A pesar de toda esta acumulación marina de cosas fugaces, Extrañas maderas medio podridas y nuevo material más brillante: En el lento flotar de luz y profundidad divergentes, ¡No! ¡no hay nada! En todo el conjunto, Nada que sea enteramente tuyo. Pero eso eres tú.


N. Y.

Ciudad mía, amada mía, cándida mía. Ah esbelta, ¡Escucha! ¡Escúchame y te infundiré un alma! ¡Delicadamente con la flauta, óyeme!

Ahora ya sé que estoy loco, Pue hay aquí un millón de personas ásperas de tráfico: Esta no es doncella Ni yo podría tocar en una flauta si la tuviera.

Ciudad mía, amada mía, Eres una doncella sin pechos, Eres esbelta como una flauta de plata. ¡Escucha, préstame atención! Y te infundiré un alma Y vivirás eternamente.


LA GUARDILLA

Ven y apiadémonos de aquellos que viven más cómodos que nosotros. Ven, amiga, y recordemos que los ricos tienen mayordomos y no amigos, En tanto que nosotros tenemos amigos y no mayordomos. Ven y apiadémonos de los casados y los solteros.

La aurora entra con sus piececillos Como una dorada Pavlova, Y yo estoy próximo a mi deseo. No contiene la vida nada mejor Que esta hora de clara frescura, La hora de despertarnos juntos.


BALADA PARA TINIEBLAS

Porque Dios, nuestro Dios es un enemigo valeroso Que juega tras el velo.

Amé a mi Dios como un niño de corazón Que busca profundos senos para descansar, Amé a mi Dios como una doncella a un hombre; Pero mirad, esto es mejor;

Amar a vuestro Dios como a un enemigo valeroso que juega tras el velo; Encontraros con vuestro Dios como los vientos de la noche se encuentran más allá de los límites de Arturo.

Jugué con Dios por una mujer, Aposté con mi Dios por la verdad, Perdí ante mi Dios como un hombre, con los ojos claros; Sus dados no son de compasión.


Porque estoy hecho como una espada desnuda, Pero oíd esto que os digo en verdad:

Quien pierde ante Dios de hombre a hombre Ganará a la vuelta del juego.

Desenvainé mi espada allá donde se encuentran los relámpagos Pero el fin es el mismo: Quien pierde ante Dios como pierden las hojas de las espadas Ganará al fin del juego. Porque Dios, nuestro Dios es un enemigo valeroso que juega tras el velo. Aquél a quien Dios no se digna derribar necesita triple malla.


DORIA

Sé en mí como los modos eternos Del viento helado, y no Como las cosas transitorias Alegría de las flores. Tenme en la fuerte soledad De acantilados sin sol Y de aguas grises. Que los dioses Hablen por lo bajo de nosotros en días por venir, Las sombrías flores del Orco Te recuerden.


CERCA DE PERIGORD (Fragmento III) Ed eran due in uno, ed uno in due Inferno, XXVIII, 125

Desconcertante primavera, y junto al Auvezere Amapolas y gamones en el verde esmalte Se alzaron sobre nosotros; y conocíamos todo ese río Y nuestros dos caballos descifraron los valles: Habíamos conocido las tierras bajas anegadas con sus cuadros de álamos, En los tempranos días en que el profundo cielo nos protegía. Y grandes alas batían sobre nosotros en el crepúsculo. Y las grandes ruedas en el firmamento nos taladraban unidos … agitándose… y separándose… Creyendo que debíamos encontrarnos con labios y manos, Alto, alto y seguro… y luego el contragolpe: “¿Por qué me amas? ¿Me amarás siempre? Pero yo soy como la hierba, no puedo amarte”.


O: “Amor, y amo y te amo, Y odio tu mente, no a ti, tu alma, tus manos”. Entonces, a esta última separación, Tairiran! Encerrada en el castillo de él, Tairiran. Aquélla que no tenía oídos ni lengua salvo en las manos, ¡Se fue –ah, se fue- sin ser tocada, inalcanzable! Aquélla que nunca pudo vivir sino a través de una persona, Aquélla que nunca pudo hablar sino a una persona, ¡Y todo el resto en ella en un movedizo cambio, Un roto manojo de espejos…!


LA TUMBA EN AKR ÇAAR

Soy tu alma, Nikoptis. He velado Estos cinco milenios, y tus ojos muertos No se movieron, ni nunca respondieron a mi deseo, Y tus miembros ligeros, que recorrí llameante No ardieron conmigo, ni por ninguna cosa de azafrán.

Mira: la hierba leve creció para hacerte una almohada, Y te besó con una miríada de lenguas herbosas; Pero tú no me besaste.

Gasté a fuerza de leerlo el oro de la pared Y fatigué mi pensamiento en los signos. Y no hay nada nuevo en este sitio.

He sido bondadosa. Mira, dejé selladas las ánforas Para que al despertar no sollozaras por tu vino. Y cuidé que tus vestiduras te estuvieran cómodas.


¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría yo olvidar! Ni aun el río, hace mucho tiempo. ¿El Río? eras muy joven.

Y tres almas vinieron hacia ti Y vine yo. Y fluí sobre ti, las hice huir; He estado en tu intimidad, he conocido tus maneras. ¿No he tocado acaso tus palmas y las puntas de tus dedos, Acaso no me he deslizado por allí, y a través de ti hasta los talones? ¿Cómo “entré”? ¿Acaso no fui tú y Tú?

Y ningún sol viene a ayudarme en este sitio, Y estoy desgarrada en la escabrosa oscuridad, Y ninguna luz cae sobre mí, y no dices Palabra, día tras día.

¡Oh! Podría salir, a pesar de las señales Y su diestra labor sobre la puerta,


Salir a través de los campos verde botella…

Pero aquí hay quietud; No me voy.


LETANIA NOCTURNA

O Dieu, purifiez nos coeurs! Purifiez nos coeurs!

Sí, las líneas que me has trazado en los sitios hermosos Y la belleza de esta Venecia tuya que me has mostrado Hasta que su hermosura se me hizo digna de lágrimas.

Oh Dios, ¿qué gran favor habremos hecho en días pasados y olvidado, Que nos otorgas esta maravilla, Oh Dios de las aguas?


Oh Dios de la noche, ¿Qué gran pesar Vendrá hacia nosotros, que tú nos recompensas Antes del tiempo de su llegada?

Oh Dios del silencio, Puriefiez nos coeurs, Puriefiez nos coeurs, Pues hemos visto La gloria de la sombra de aquélla que es Parecida a tu criada,

Sí, la gloria de la sombra de tu Belleza ha caminado Sobre la sombra de las aguas En esta Venecia tuya, y ante la santidad De la sombra de tu criada he escondido mis ojos,


Oh Dios de las aguas. Oh Dios del silencio, Puriefiez nos coeurs, Puriefiez nos coeurs, Oh Dios de las aguas, limpia nuestros corazones, Pues he visto la Sombra de esta Venecia tuya Flotando sobre las aguas y tus estrellas He visto, desde sus remotas órbitas. He visto esto Oh Dios de las aguas, Así como tus estrellas son Silenciosas para nosotros en sus remotas órbitas Así también mi corazón se ha vuelto silencioso en mi interior. Purifiez nos coeurs,


Oh Dios del silencio, Purifiez nos coeurs, Oh Dios de las aguas.


LA VUELTA

¡Vedlos, vuelven, ah mirad los tentativos Movimientos, y los pies lentos, La turbación en la marcha y los inciertos Titubeos!

Vedlos: vuelven, de uno en uno, Con temor, como semidormidos; Como si la nieve hubiera de vacilar Y murmurar en el viento, y volverse a medias; Estos fueron los “Alados de Espanto” Inviolables.

¡Dioses del calzado alado! ¡Con ellos, los sabuesos de plata husmeando la huella de aire!


¡A… hijú! ¡A… hijú! Estos fueron los veloces para asolar; Estos, los de olfato agudo; Estas fueron las almas de sangre.

¡Lentas en la traílla, y pálidos los hombres al sujetarlas!


ELOGIO DE ISOLDA

En vano he luchado para enseñarle a mi corazón a reverenciar; En vano le he dicho: “Hay muchos cantores mayores que tú”. Pero su respuesta viene, como los vientos y como son de laúd. Como un vago lamento en la noche Que no me da reposo, diciéndome siempre: “Canción, una canción”.

Sus ecos, jugando, se entrelazan en el crepúsculo Buscando siempre una canción. ¡Miradme! Estoy rendido de tantas tareas Y errando por tantos caminos mis ojos Se han vuelto oscuros círculos encarnados llenos de polvo. Aunque todavía algo tiembla en mí, durante el crepúsculo. Y rojas palabras duendecillos claman: “¡Una canción!”


Y grises palabras duendecillos claman por una canción, Y amarillas palabras hojas claman: “¡Una canción!”, Y verdes palabras hojas claman por una canción, Las palabras son como hojas, viejas hojas amarillas en la primavera, Que vuelan sin saber a dónde en busca de una canción.

Blancas palabras como copos de nieve pero frías, Palabras de musgo, palabras de labios, palabras de lentas corrientes.

En vano he luchado para enseñarle a mi corazón a reverenciar, En vano le he aducido: “Hay almas mayores que tú”.

Pues en la mañana de mis días llegó una mujer Atractiva como la luz de la luna; Como la luna atrajo los mares: “Canción, una canción”. Y por eso le hice una canción y ella se apartó de mí


Como la luna lo hace del mar, Pero aún vinieron las palabras hojas, alas amarillas palabras duendecillos Diciendo: “El alma nos envía” “¡Una canción, una canción!” Y en vano les grité: “No tengo ninguna canción, Pues aquella a quien canté se ha alejado de mí”, Pero mi alma envió una muer, una mujer del pueblo maravilloso, Una mujer como el fuego en los bosques de pinos, Clamando: “Canción, una canción”. Como la llama clama en la savia. Mi canción ardió en ella, y ella se apartó de mí Como la llama deja los carbones así se fue hacia nuevas florestas Y los bosques conmigo quedaron Clamando siempre: “Canción, una canción”.

Y yo respondí: “No tengo ninguna canción”, Hasta que mi alma envió una mujer como el sol: Sí, como el sol que llama a la semilla,


Como la primavera sobre la rama, Así es aquella que se volvió madre de las canciones, Aquella que contiene las palabras maravillosas en sus ojos, Las palabras, las palabras duendecillos que siempre me reclaman: “Canción, una canción”.

En vano he luchado para enseñarle a mi corazón a reverenciar. ¿Qué el alma se inclinaría mientras en su corazón estés tú?


EL ÁRBOL

Me quedé quieto y fui un árbol en medio del bosque, Aprendiendo la verdad de las cosas no vistas antes, De Dafne y la rama de laurel Y de aquella vieja pareja devota Que se convirtió en olmo-roble en medio del bosque Recién cuando los dioses fueron Humildemente invocados y transportados, Hasta el centro del hogar de sus corazones, Pudieron hacer cosa tan asombrosa; Sin embargo fui un árbol en medio del bosque Y muchas cosas nuevas comprendí Que antes me parecían rematadas locuras.


ENCARGO

Id, cantos míos, al solitario y al insatisfecho, Id también al que tiene los nervios destruídos, al esclavizado por las convenciones, Mostradles el desprecio que siento por sus opresores. Id como una gran ola de agua fría, Mostradles mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente, Hablad contra la tiranía de la falta de imaginación, Hablad contra las trabas.

Id a la burguesa que está muriendo de aburrimiento, Id a las mujeres de los suburbios. Id a los horriblemente casados, Id a aquellos cuyo fracaso está oculto, Id a la infortunadamente desposada, Id a la esposa comprada Id a la mujer impuesta.


Id a aquellos de lujuria exquisita, Id a aquellos cuyos delicados deseos son desbaratados, Id como una plaga sobe la estupidez del mundo; Id con vuestro filo contra esto, Reforzad las cuerdas sutiles, Llevad confianza a las algas y los tentáculos del alma.

Id amigablemente, Id con palaras sinceras. Estad ansiosos por hallar nuevos males un nuevo bien, Estad contra todas las formas de opresión. Id a aquellos que están embotados por la madurez, Hacia aquellos que han perdido su interés.

Id al adolescente que es sofocado en familia… ¡Oh! ¡Cuán asqueroso resulta Ver tres generaciones de una misma casa reunidas! Es como un árbol viejo con renuevos,


Y con algunas ramas podridas que ya se caen.

Salid y desafiad a la opini贸n popular Id contra esta servidumbre vegetal de la sangre, Estad contra cualquier clase de opresi贸n.


CANTO I

Y entonces descendimos al barco, Pusimos proa hacia las rompientes, adelante por el mar religioso, y Levantamos mástil y vela en el barco curtido Llevamos ovejas a bordo, y también nuestros cuerpos Pesados de sollozos, y lo vientos de popa Nos empujaron hacia adelante combando la lona. De Circe fue este artificio, de la diosa acicalada con cofia. Entonces nos sentamos en medio del navío, el viento golpeteando el timón. Así, con la vela extendida, fuimos por el mar hasta el fin del día. Dormido el sol, las sombras cubriendo todo el océano, Llegamos entonces a los límites de las aguas más profundas, A las tierras cimerias, y las pobladas ciudades Cubiertas con niebla de ceñida malla, nunca atravesada Por destellos de la luz del sol


Ni por las estrellas forzadas, ni reflejada desde el cielo La más oscura noche extendida sobre los desdichados. Al bajar el océano, llegamos al lugar Mencionado por Circe. Aquí cumplieron los ritos, Perimedes y Euríloco, Desenvainando la espada que tenía a la cintura Cavé la fosa midiendo un ana en cuadro; Hicimos las libaciones por cada uno de los muertos, Primero hidromiel y luego vino dulce, agua mezclada con harina blanca. Luego de muchas plegarias por las achacosas calaveras; Como estaba establecido en Ítaca, toros estériles de los mejores Para el sacrificio, armando la pira con mercancías, Una oveja sólo para Tiresias, negra y una oveja madrina Sangre oscura corrió hacia la fosa, Almas salidas del Erebo, rostros cadavéricos, de novias De jóvenes y de viejos que habían soportado mucho; Almas manchadas con recientes lágrima, muchachas tiernas,


Hombres muchos, desgarrados por puntas de lanzas de bronce, Despojos de batalla, sosteniendo aún sombríos brazos, Se apiñaban en torno mío; con alaridos, La palidez sobre mí, a gritos pedí a mis hombres más bestias; Devastados los rebaños, las ovejas matadas por el bronce, Derramé ungüento, grité a los dioses, A Plutón el poderoso, y alabé a Proserpina; Desenvainada la angosta espada, Me senté para tener a distancia a los impetuosos muertos impotentes, Hasta que pudiera oír a Tiresias. Pero vino primero Elpenor, nuestro amigo Elpenor, Insepulto, arrojado en el ancho mundo, Miembros que dejamos en la casa de Circe, Sin llanto, sin mortaja en el sepulcro, pues otros afanes no rugían. Lastimoso espíritu. Y le grité con palabras apresuradas:


“Elpenor, ¿cómo has llegado a esta sombría costa? “¿Viniste a pie, aventajando a los marinos? Y él, con lenta palabra: “Mala suerte y vino abundante. Yo dormí en el fuego del hogar de Circe. “Bajando por la larga escala desguarnecida, “Caí sobre el contrafuerte, “Quebrado el nervio de la nuca, el alma buscó al Averno. “Pero a ti, ¡oh Rey!, te ruego que me recuerdes, sin llantos; insepulto. “Apilas mis miembros; que sea la tumba cerca de la playa y que se inscriba: “¡Un hombre sin fortuna y con un nombre por hacer! “Y eleva mi remo para que bata entre compañeros”. Y vino Anticles, a quien aparté a golpes, y luego Tiresias el Tebano, Empuñando su vara dorada, me conoció y habló primero: ”¿Por segunda vez? ¿Por qué? Hombre de mala estrella, “Enfrentando a los muertos sin sol y a esta ingrata región


“Apártate de este foso, déjame el sangriento brebaje “Para adivinar”. Y yo retrocedí, Y él, fortalecido por la sangre, dijo entonces: “Odiseo “Ha de volver a través del malévolo Neptuno, sobre mares oscuros, Perdidos todos tus compañeros”. Y Entonces vino Anticles. Reposa tranquilo Divus. Me refiero a Andreas Divus, En oficina Wecheli, 1538, más allá de Homero, Y navegó junto a las Sirenas y desde allí mar afuera y muy lejos Y hasta Circe. Venerandam En la frase cretense, con la corona dorada, Afrodita, Cypri munimenta sortita est, alegre, oricalcos, con cinturones dorados y bandas para los senos, ¡Oh tú, de oscuros párpados, Sosteniendo la rama dorada del Argicida!


CANTO XIII

Kung andaba caminando por el templo dinástico Y por el bosquecillo de cedros y luego por la margen del río, Y con él iban Khieu Chi y Tien el de voz baja. Y “Somos desconocidos”, dijo Kung, “¿Te dedicarás a los carros de guerra? Entonces te darás a conocer, ¿O quizás yo debiera dedicarme a los carros de guerra o a la arquería? ¿O al ejercicio de los discursos?” Y Tseu-Lou dijo: “Me gustaría poner las defensas en orden”. Y Khieu dijo: “Si yo fuera señor de una provincia, La ordenaría mejor que ésta”. Y Chi dijo: “Yo preferiría un pequeño templo en la montaña,


Con orden en las ceremonias, con una apropiada ejecución del ritual”. Y Tian dijo, con la mano sobre las cuerdas del laúd, Continuando el suave sonido cuando ya su mano había dejado las cuerdas Y el sonido ascendía como humo, bajo las hojas, Y él seguía con la vista el sonido: “La vieja piscina Y los muchachos tirándose de los tablones O sentados en la maleza, tocando mandolines”. Y Kung sonrió igualmente ante todos ellos. Y Thseng-sie deseaba saber cuál había contestado correctamente. Y Kung dijo: “Todos ellos han contestado correctamente, Es decir, cada uno de acuerdo a su naturaleza”. Y Kung levantó su bastón contra Yuan Jang, aunque Yuan Jang era mayor que él Porque Yuan Jang estaba sentado junto a la carretera y simulando estar recibiendo sabiduría,


Y Kung dijo: “¡Viejo estúpido! Sal de ahí, Levántate y haz algo útil”. Y Kung dijo: “Respetad las facultades de un niño Desde el instante mismo en que inhala el aire puro, Pero un hombre de cincuenta años que nada sabe No es digno de ningún respeto”. Y “Cuando el príncipe haya reunido en torno suyo A todos los sabios y artistas, sus riquezas estarán plenamente aprovechadas” Y Kung dijo y escribió sobre las hojas de bo: “Si un hombre no tiene orden en su interior No puede irradiar orden en torno suyo; Y si un hombre no tiene orden en su interior Su familia no procederá con el debido orden; Y si el príncipe no tiene orden en su interior No puede poner orden en sus dominios” Y Kung dio las palabras “orden” Y “deferencia” fraternal


Y nada dijo de la “vida después de la muerte”. Y dijo: “Cualquiera puede caer en excesos, Fácil es tirar fuera del blanco, Lo difícil es permanecer firme en el medio”.

Y ellos dijeron: “Si un hombre comete un crimen. ¿Ha de protegerlo su padre, y ocultarlo”? Y Kung dijo: “Ha de ocultarlo”.

Y Kung dio su hija a Kong-Chang Aunque Kong-Chang estaba prisionero. Y dio su sobrina a Nan Young Aunque Nan Young estaba sin empleo. Y Kung dijo: “Wang gobernó con moderación, en sus días el Estado estaba bien guardado, Y hasta puedo acordarme De una época cuando los historiadores dejaban blancos en sus escritos,


Quiero decir para las cosas que no sabían, Pero esa época parece que está terminando”. Y Kung dijo: “Sin carácter serás Incapaz de tocar en ese instrumento O de ejecutar la música apropiada para las Odas. Las flores de damasco Vuelan de este a oeste Y he tratado de impedir que cayeran”.


CANTO XLV

Con Usura

Con Usura nadie tiene una casa de s贸lida piedra con cada bloque cortado parejo y bien ensamblado para que el tallado pueda cubrir su frente con usura nadie tiene un para铆so pintado en la pared de su iglesia harpes et luthes o donde la virgen recibe un mensaje y el halo sobresale de la incisi贸n, con usura no ve ninguno de los Gonzaga a sus herederos y concubinas no se hace cuadro alguno para perdurar o vivir con uno sino para venderlo y venderlo pronto con usura, pecado contra natura, es tu pan m谩s bien un harapo enranciado


es tu pan seco como papel, sin trigo montañes, sin fuerte harina. Con usura la línea se vuelve gruesa con usura no hay demarcación clara y nadie puede encontrar sitio para su vivienda. El picapedrero es alejado de su piedra el tejedor es alejado de su telar CON USURA la lana no llega al mercado las ovejas no dan ganancias con la usura. La usura es una peste, la usura embota la aguja en la mano de la doncella y paraliza la habilidad de la hilandera. Pietro Lombardo no surgió mediante la usura Duccio no surgió mediante la usura ni Pier della Francesca. Zuan Bellin no con usura ni fue “La Calunnia” pintada. No surgió mediante la usura Angelico; no surgió Ambrogio Praedis,


No surgió ninguna iglesia ni labrada piedra firmada: Adamo me fecit. Ni mediante la usura San Trófimo Ni mediante la usura San Hilario, La usura herrumbra el cincel Herrumbra el arte y el artesano Roe el hilado en el telar Nadie aprende a urdir oro en su molde; La usura inflige un cáncer al azur; el carmesí queda sin ser bordado Esmeralda no encuentra ningún Memling La usura asesina al niño en el vientre Detiene el galanteo del muchacho Trajo parálisis al lecho, yace Entre la joven desposada CONTRA NATURAM Han traído rameras para Eleusis Colocan cadáveres en el banquete por orden de la usura.



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Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972) Poeta estadounidense. Tras graduarse en la Universidad de Pensilvania en lenguas románicas, se instaló en Londres en 1908; ese mismo año apareció A lume spento, con el que comenzó un período de intensa producción, como demuestra la publicación de Personae (1909), Provença (1910), Canzoni (1911), Sonetos y baladas de Guido Cavalcanti (1912), Cathay (1915), Lustra (1916) y Hugh Selwyn Mauberley (1920). En 1925 se editaron en París, adonde se había trasladado pocos años antes, los dieciséis primeros Cantos, su obra más ambiciosa, que luego amplió y reeditó a lo largo de toda su vida, y entre los que se cuentan los Cantos pisanos (1949) y los Cantares (1956). En ellos incluye versos en diversas lenguas, y adapta y retoma materiales procedentes de otros autores y de varias tradiciones, incluso de China. Enemigo del romanticismo y del discurso lógico, su obra resulta extremadamente compleja y difícil. Influyó, entre otros, sobre T. S. Eliot, su principal discípulo, y James Joyce, además de dirigir y aconsejar en sus primeros pasos literarios en París a su amigo Ernest Hemingway. Durante los años treinta publicó diversos ensayos sobre literatura y política, entre los que destacan Cómo leer (1931), ABC de la economía (1933), ABC de la lectura (1934).


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