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DIÁLOGO DE ARTISTAS
from Ronald Araujo
EL MUSEO NACIONAL THYSSENBORNEMISZA REÚNE A DOS DE LOS GRANDES CREADORES DEL SIGLO XX EN LA NUEVA EXPOSICIÓN PICASSO/ CHANEL, UNA MUESTRA QUE EXPLORA LA RELACIÓN CREATIVA ENTRE EL PINTOR Y LA DISEÑADORA ENTRE LOS AÑOS 1910 Y 1920.
TEXTO PAULA POLIZZOTTO
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ÉL CON EL PINCEL Y ELLA CON LAS TIJERAS, ambos cambiaron el concepto de libertad dentro del arte de principios del siglo XX. Pablo Picasso, reflejando en sus obras el ímpetu y la experimentación de las vanguardias pictóricas y acabando definitivamente con la tradición académica a través del cubismo. Coco Chanel, creando una ética del vestir coherente con la nueva mujer que el nuevo siglo había traído, decidida a participar activamente en un mundo hasta entonces inventado para el hombre. Ambos coincidieron en el mismo círculo de artistas dentro del París más provocador de comienzos de siglo, en el sitio y momento adecuados para concebir una obra significativa, pero, ante todo, novedosa y revolucionaria.
Tras los devastadores acontecimientos de la I Guerra Mundial, el mundo del arte experimentó un profundo cambio influenciado por el triunfo del Modernismo, un movimiento artístico que buscaba una nueva estética donde las bellas artes convivieran con los objetos de la vida cotidiana. Esta ruptura con los cánones
} En la otra página: Arlequín con espejo.
Pablo Picasso,
1923 (Museo Nacional ThyssenBornemisza). } Junto a estas líneas: Vestido de día.
Gabrielle Chanel,
hacia 1922 (Museo de Artes Decorativas de Berlín).
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tradicionales de creación respondía al deseo de muchos creadores de que el arte dejara de ser visto como algo exclusivo de la élite intelectual. Los años 20 contemplaron así una unión entre arte y moda nunca vista hasta entonces, favorecida por el abandono de la rigidez estética planteada por los Modernos. El diseño artístico comenzó a influenciar ampliamente la moda femenina y nombres como el de Coco Chanel se vieron marcados por el ‘espíritu Picasso’, que agitó todas las artes decorativas de la segunda década del siglo XX. En muchos de sus diseños se aprecian aspectos cercanos al entorno del pintor, como el lenguaje geométrico del cubismo, la estrecha amistad que mantuvo con él y con su mujer Olga y los proyectos profesionales en los que ambos coincidieron.
Esta relación entre dos de los más grandes creadores del siglo pasado la explora a partir del 11 de octubre el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en la nueva exposición Picasso/Chanel, enmarcada dentro de la Celebración Picasso 1973/2023, que conmemora el 50 aniversario del fallecimiento del pintor con una serie de exposiciones y eventos alrededor de España y de Francia. La muestra, comisariada por Paula Luengo, reúne una asombrosa selección de vestidos, óleos, dibujos y otras piezas procedentes de museos y colecciones estadounidenses y europeos, que pretenden desglosar el lenguaje común utilizado por ambos artistas, fruto de intereses y afinidades personales e intelectuales.
Coco Chanel se sirvió de algunos aspectos formales del cubismo, como sus líneas rectas o la reducción cromática, en su caso al blanco, negro y beis, para desterrar el aspecto de ‘mujer aristocrática’ –busto realzado y una diminuta cintura ceñida por un corsé– extendido antes de la guerra. La influencia de estos elementos en favor de un estilo elegante, funcional y de líneas simples los aborda la primera parada de la exhibición, que descubre también otros paralelismos entre la producción artística de ambos, como el dinamismo visual ofrecido por la corriente cubista. En él, se reemplaza la perspectiva central por una visión de los objetos desde distintos ángulos al mismo tiempo. Chanel asimiló esta nueva idea integrando la facilidad de movimiento en prendas que se relacionaban con el gesto corporal y con otras prendas entre sí. Gracias a Chanel, la moda femenina dejó de ser estática.
El recorrido continúa con la relación de amistad que la diseñadora mantuvo con
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Arriba: Conjunto de deporte en seda. Gabrielle Chanel, 1927. Bajo a estas líneas: Léon Woizikovsky,
Lydia Sokolova, Bronislava Nijinska
y Anton Dolin en El tren azul, 1924. (Library of Congress, Washington D.C. Estados Unidos). } A la derecha: Vestido de noche. Gabrielle Chanel, 1929-1930. Bajo estas líneas: Mujer frente al mar. Pablo Picasso, 1922. (The Minneapolis Institute of Art. Legado de Putnam Dana McMillan).
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| A la izquierda: Capa de seda y plumas.
Gabrielle Chanel,
1926.
| junto a estas líneas: Olga Picasso. Lápiz y carboncillo sobre papel. Pablo Picasso, 1918. (Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid. © FABA Photo: Marc Domage).
Sobre estas líneas: Las fotografías de los trajes pertenecen a Patrimonio de Chanel, París © CHANEL. / Las de las obras de Pablo Picasso a © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2022 el pintor y con su mujer Olga, fiel clienta de la casa, sobre todo tras su boda con Picasso en 1918, cuando la situación económica del pintor comenzó a mejorar y este no reparaba en satisfacer la pasión de su mujer por la moda de vanguardia. Olga fue retratada por Picasso en múltiples ocasiones, muchas de ellas en la intimidad del hogar, probablemente vestida con diseños de Chanel por su corte lineal y sencillo. La muestra recoge varias de estas obras, donde se aprecia el gusto de esta bailarina de origen ruso por las prendas que dotaban al cuerpo de libertad y autonomía.
La danza fue para Chanel una forma de apertura al mundo y la máxima expresión de movimiento. Su relación con esta disciplina se materializó junto a Picasso en dos ocasiones, él a cargo del decorado y ella del diseño de vestuario. Ambas se produjeron de la mano de Jean Cocteau y son el foco de los últimos
} A la derecha: Vestido de seda. Gabrielle Chanel, hacia 1926.
Bajo a estas líneas, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Estudio para la cabeza de ‘Desnudo con paños’. Pablo Picasso, 1907 (Museo Nacional ThyssenBornemisza); Cabeza de mujer (Fernande). Pablo Picasso, 1909-1910 (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía); y conjunto de día en seda, cuero, metal y vidrio. Gabrielle Chanel, 1928-1930.
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capítulos de la muestra. La primera colaboración tuvo lugar en 1922 en Antígona, una obra dirigida por Charles Dullin con una puesta en escena extremadamente experimental debido al reducido espacio que ofrecía el escenario. La segunda sucedió dos años más tarde, en El tren azul, un ballet del director ruso Serguéi Diághilev, con libreto de Cocteau, que mezclaba por primera vez la danza con pantomima, acrobacias, música y sátira.