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Carol Manglano In Memoriam de Antonio Sánchez Carrillo, Mi Compadre.
from LOS COLORAOS 2022
Los aires de mi vida.
Carol Manglano
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Escritora
Ahora que el fiel de la balanza ha rebasado con creces el ecuador de mi existencia, es el momento oportuno de analizar y ajustar con la mente los factores culpables, o casuales tal vez, que han conformado mi manera de ser. Los vientos recios de la dehesa extremeña se fundieron con el soplo suave y perfumado de la huerta murciana, y de esa unión afortunada brotó este fruto, demasiado sazonado ya, que germinó y floreció en mi querida tierra levantina. Mis ojos tuvieron como primera impronta un colorido lienzo, cálido y alegre, optimista, bullicioso y placentero. El sonido de los pájaros de acero traspasando el cielo azul, junto con el de la suave cadencia de las olas de su Mar Menor, orquestaron la melodía que acompasó el baile de mi infancia. Mi espíritu aventurero, heredado con seguridad de mis ancestros paternos, me llevaba a soñar con nuevos mundos mirando al horizonte en el que se dibujaban las siluetas de los navíos cuyo timón gobernaban con destreza los insignes marinos de la familia materna. Crecí allí, envuelta en un aire trufado de gotas de sal. Con el aderezo dulce del oro rojo de mi tierra unido al gusto intenso del condimento de la tierra paterna. Lecho tejido con flores de limonero, sábanas de campos de algodón bordadas con coloridos hilos de seda. Sal y rubí encendido. Energía esfuerzo y valor, en armonía con el color de las túnicas que pasean mi ciudad en solemne reverencia. Semana Santa Murciana. Pasión en el caminar, orgullo de guiar a una Madre al consuelo de un Hijo maltrecho. Dolorosas de rostro jugoso y bello frente a la oscura y enjuta tez de la Virgen de Guadalupe. Nazarenos coloridos junto a frailes penitentes de Zurbarán, dejando sus huellas en procesión devota. Equilibrio al fin. La tristeza presente y la esperanza en la resurrección
venidera.
Así corría en mis venas infantiles la sangre “colorá” y así inunda ahora todos mis sentidos. Bendita mi región y mi cuna. Benditos sean sus rezos alegres, los tragos de miel y de hiel, el dulce paladar de un caramelo robado al aire. Bendita y mil veces bendita. Aunque mi siembra esté ahora en otros surcos, en mi corazón te llevaré siempre como lugar de origen y escenario del comienzo de mis días. Gratitud eterna a ti y a los que cobijas y plegaria al Cristo de la Sangre para que nos guíe y proteja.