Bogotá está en deuda con los trabajadores y los profesionales de la salud Bogotá, 5 de septiembre de 2011 A las trabajadoras y los trabajadores de la salud Hay pocos juramentos tan sencillos y a su vez tan fuertes como el código hipocrático. La idea de dedicar una vida a curar y ayudar a los demás es muy poderosa y siempre he admirado a los trabajadores y profesionales de la salud por su manera de aplicarlo y seguir su doctrina. Pero yo también sé que para que sea justo, ese código no solamente depende del individuo. También depende de que el Estado cumpla con su parte y apoye las bases de un sistema de salud que debería poner ante todo las necesidades del paciente. La Ley 100 de 1993 les ha traído grandes problemas a los colombianos. Como nunca antes se habían gastado recursos y como nunca antes los problemas habían sido tantos. Cuando una persona está enferma inicia un verdadero vía crucis: demora en las citas, negación de servicios, no formulación de medicamentos y exámenes diagnósticos, no remisión al especialista, recorrer largas distancias para ir al sitio autorizado por la EPS, incluso, si se padece de una enfermedad de alto costo, enfrentar la muerte sin el apoyo que el Estado por obligación debería brindarle. Diversos estudios han recopilado las barreras geográficas, económicas y culturales y la iniquidad que el sistema de salud impone a los usuarios. Para colmo de males, además de no curar, la Ley 100 no previene la enfermedad. Frente a esta realidad, desde 2004 la Alcaldía Mayor de Bogotá emprendió la titánica tarea de vencer todas las barreras que impone el sistema de salud colombiano. O más bien, vencer las barreras que imponen las EPS. Por eso se aplicó lo que los especialistas denominan “gestión social del riesgo”. Siguiendo los lineamientos de la Atención Primaria en Salud se acercaron todos los servicios de salud a los ciudadanos, en especial a aquellos que viven en los barrios populares. Se crearon los programas Salud a su Casa, Salud al Colegio y Salud al Trabajo, se saneó financieramente la red pública hospitalaria del Distrito, las campañas de vacunación gratuitas se fortalecieron, se atendió la salud materna y de los neonatos, se creó la EPS Capital Salud, etc. Se logró llevar salud a todos los rincones de la capital. Todo para convertir la salud en un derecho. A pesar de este gran esfuerzo, hoy los hospitales pasan por un momento de dificultades, porque las EPS privadas les adeudan un cuarto de billón de pesos y todavía no hemos culminado la tarea de fortalecimiento institucional de nuestros hospitales públicos.
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