Ante el proyecto en altura de 100.000 metros cuadrados, se plantea una solución única que permite una clara identificación y diferenciación entre los diferentes usos y su geometría correspondiente.
Siendo la primera idea la de un único volumen el altura, se intentaba tratar cada parte del programa de manera distinta pero con un único lenguaje. Finalmente el edificio fue quebrándose, generando vacíos entre las partes habitadas.
La escala en la ciudad, su contacto con el terreno y el tránsito continuo en su interior, sugirió la creación de una plaza subterránea vivida y la entrada al edificio de manera fluida.
Priorizando el equilibrio de vistas y entrada de luz, se llega en las últimas fases del proyecto a la conclusión de desglosar el uso hotel del volumen unitario, creándose así como propuesta final dos torres que dialogan entre sí.