Desde que Estrabón hablara de los habitantes de las montañas, mucho se ha dicho acerca de las comunidades sitas en el norte hispano. Celtismo, indigenismo, igualitarismo, matriarcalismo y toda una serie de -ismos, surgidos al calor del interés que suscitaban y suscitan estas poblaciones. Un interés acompasado entre la bruma del romanticismo que acompañó los primeros momentos de la investigación y el positivismo que supuso el desarrollo de la arqueología como disciplina científica. Se trasladaba, así, la confianza en los textos clásicos a la capacidad objetiva de los restos recuperados del pasado. De esta forma, objetos y contextos arqueológicos comenzaban a sentirse como el único medio capaz de aproximarnos a un pasado en el que los «hombres» aún no escribían su historia. El paso del tiempo y el reposo de ideas han favorecido el acercamiento de posturas, y con ello, la posibilidad de observar los beneficios que ofrece el uso y análisis de distintas fuentes.