Historia ilustrada
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NORTE
Roger Luckhurst
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Portada (derecha a izquierda, de portada a contraportada): George Shaw, Sepia de ocho brazos, de las lecciones entregadas en la Royal Institution de Gran Bretaña, Londres, 1809 (detalle). New York Public Library. Augustus Pugin, Parrilla decorativa del Palacio de Westminster, h. 1845-1859 (detalle). Metropolitan Museum of Art, Nueva York. Adquisición, Friends of European Sculpture and Decorative Arts Gifts, 2015. Louis Romain, sacerdote de vudú haitiano, realiza el primer gesto en el ritual del saludo, 1937 (detalle), fotografía de Rex Hardy Jr./The LIFE Picture Collection a través de Getty Images. Guardas de Niall Sweeney. Página 1: postal de Man Ray a Georges y Germaine Hugnet, sellada el 14 de marzo de 1960. Páginas 4-5: Arrival (La llegada, Denis Villeneuve, 2016). Página 6: planificación de la obra de Bram Stoker’s, Dracula, h. 1890. Izquierda: dibujo conceptual para Batman (Tim Burton, 1989).
Título original Gothic. An Illustrated History Texto Roger Luckhurst Diseño Niall Sweeney, Pony Ltd Traducción Raquel Luque Benítez Revisión de la edición en lengua española Josep Maria Rovira Gimeno Catedràtic, Universitat Politècnica de Catalunya Coordinación de la edición en lengua española Cristina Rodríguez Fischer Primera edición en lengua española 2021 © 2021 Naturart, S. A. Editado por BLUME Carrer de les Alberes, 52, 2.º, Vallvidrera, 08017 Barcelona Tel. +34 205 40 00 e-mail: info@blume.net © 2021 Thames & Hudson Ltd, Londres I.S.B.N.: 978-84-18725-23-4 Depósito legal: B.9885-2021 Impreso en China Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor. WWW.BLUME.NET
Historia ilustrada
Roger Luckhurst
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I
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La forma del gótico
ARQUITECTURA Y FORMA 12 24 36 46 56
El arco ojival Ruinas Fragmento Laberinto La casa
ORGANIZACIÓN DEL TERRITORIO
II
72 90 104 116 128
El campo y la ciudad La aldea El bosque La naturaleza salvaje No lugares
LA BRÚJULA GÓTICA
III
142 152 170 186 200
Norte Sur Este Oeste Horror cósmico y planetario
MONSTRUOS
IV
212 228 240 252 266
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Escala Cruzamientos Tentáculos Amorfo Nosotros
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Lecturas recomendadas
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Imágenes
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Índice
Este control del peso redujo la importancia de los muros. Algunos escritores sospechan que el arco ojival gótico surgió simplemente por la intersección de filas de arcos semicirculares. Pero los constructores de esos edificios también se dieron cuenta de que el arco ojival, con una clave central mucho más pequeña, aún podía transmitir las cargas hacia abajo, a través de delgadas columnas, y de allí hacia el suelo. Bajo la clave, las ventanas y puertas se podían abrir a la luz; los interiores quedaban inundados de rayos divinos. Los espacios entre los arcos (llamados enjutas) también se podían decorar con piedra estampada o con imágenes religiosas. Vasari y Evelyn pueden haber asociado el gótico con la tiranía feudal, la ignorancia y la superstición, pero esos edificios fueron concebidos desde una comprensión magistral de la física y las matemáticas, a menudo tomadas de fuentes árabes. La denominación y clasificación de los edificios medievales como «góticos», que tuvo lugar en los siglos xviii y xix, no fue solo un asunto de anticuarios pedantes. A partir de la década de 1720, también se produjo el comienzo del neogótico. Volvieron a aparecer estilos que habían sido abandonados en el Renacimiento. Sin embargo, fue durante el apogeo del neogótico, que se extendió desde Gran Bretaña hacia el resto de Europa en el siglo xix, cuando se produjo un resurgimiento más continuo del estilo gótico. Tres adeptos apasionados pueden explicarnos un infinito las causas. En 1798, el dibujante John Carter inició una serie de importantes columnas en la revista Gentleman’s Magazine. Mientras Francia vivía una feroz y sangrienta revolución republicana y, más tarde, organizaba un imperio militarista bajo el mando de Napoleón Bonaparte, Carter estaba decidido a convertir la arquitectura gótica en la «arquitectura nacional» de Inglaterra. Era una manera de cimentar el estado inglés en una historia profunda, estable, política y religiosa distinta al caos que reinaba al otro lado del mar. En un primer momento, vacilaba sobre el término gótico, pues, según escribió en 1801, era «un término de reproche, una apelación bárbara, una denominación ingrata, un epíteto vulgar, un lema ignorante, un apodo pobre, entregado a albergar el bochorno de nuestra antigua arquitectura inglesa». No obstante, en 1802 publicó la importante antología Essays on Gothic Architecture, que reunía muchas fuentes antiguas e inciertas para estudiar la emergente revalorización de esta forma. En un momento de pánico político y militar, Carter fusionó el gótico con lo pro-
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ARQUITECTURA Y FORMA
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artificial
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Ornamentación gótica del transepto en dirección sur de la catedral de York, fotografía de J. Draffin, 1860. 8. Techo abovedado de la nave de la catedral de Notre Dame, París, Francia. 9. Ecos góticos en un futuro lejano, en Dune (David Lynch, 1984).
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EL ARCO OJIVAL
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La colección clásica de 1912 de Algernon Blackwood, Pan’s Garden, ilustrada por W. Graham Robertson. 3. La conocida novela El gran dios Pan de Arthur Machen, ilustrada por el indecoroso Aubrey Beardsley para Allen Lane en 1894. 4. [derecha] Tallo del siglo xii del Yggdrasil, el árbol del mundo, único elemento sobreviviente de la iglesia de madera de Urnes, Noruega. 106
ORIENTACIÓN DEL TERRITORIO
Fiestas de Mayo), las cosechas y el comienzo del invierno («Samaín», 1 de noviembre, sustituido por Halloween). Las sugerencias más tétricas de sacrificios rituales de animales y humanos, el almacenamiento de huesos ancestrales en túmulos para su uso en rituales y la exposición de cabezas cortadas en murallas están ampliamente confirmadas por investigaciones arqueológicas, aunque sus significados siguen sin estar claros. Al igual que Julio César predijo sus peores augurios para aquellos más allá del imperio civilizado de Roma, los galos y los celtas, la ficción gótica sigue siendo curiosamente cristiana en sus pesadillas paganas. En The Blair Witch Project (El proyecto de la Bruja de Blair, 1999), los estudiantes de cine se sienten frustrados por un bosque sin caminos que inhabilita su mapa y su brújula, mientras que la «bruja» invisible los va eliminando uno a uno; en The Ritual (El ritual, 2017), los bosques del norte de Suecia que no aparecen en el mapa esconden una tribu primitiva que adora a una especie de incomprensible deidad forestal mediante el sacrificio de otro grupo de desafortunados mochileros. En Wake Wood (Resucitada 2009), los muertos son invocados y devueltos a la vida, pero han de permanecer encerrados en los límites del pueblo y atados a los árboles. A su vez, en Noruega, The Troll Hunter (2010) ofrece imágenes de un bosque malhumorado y de los troles de la montaña, que necesitan una contención constante por parte del gobierno para evitar que salgan de un folclore extinto y entren en el mundo contemporáneo. Asimismo, el bosque se abre paso al interior y a la familia en El pequeño Otik, a la vez que los elementos góticos se funden con el relato checo que narra la historia de una pareja que adopta el tronco de un árbol. En todas estas obras, los límites del bosque marcan el comienzo de una caída hacia un mundo prehistórico y pagano. Salir de la tradición occidental equivale a declarar que el bosque cambia inevitablemente de significado una vez más, del sintoísmo al budismo y a la creencia cristiana. La tradición animista japonesa, que admite miles de dioses, monstruos y «espíritus del lugar», sugiere que ciertos árboles están ocupados por kodama, espíritus que habitan en zonas montañosas, cuyas voces son las responsables de los ecos en los valles de las montañas. La insistencia en lugares cargados de presencias demoníacas también acoge un toque profundamente gótico que atraviesa el bosque japonés. Aokigahara, también conocido como Jukai o «mar de árboles», es un antiguo y tortuoso bosque al pie del sagrado monte Fuji. Este tiene la reputación de ser el hogar de los
considera difícil de describir porque «su día entero» siempre está envuelto en niebla, «por lo que está oculto a la vista». Al final, se decide por la isla de Scandza (quizás Escandinavia), e incorpora a los godos a la plétora de ricas mitologías provenientes del gélido norte. La mitología nórdica se compartió entre los marineros conocidos como vikingos, cuya diáspora se extendió desde Groenlandia hasta los asentamientos del norte de Europa, pasando por toda Escandinavia, un cuerpo de sabiduría popular escrito en las sagas islandesas del siglo xiii. Estas sagas narraban historias de dioses vengativos, gigantes y enanos amenazadores, así como humanos belicosos que luchaban por un lugar en el Valhalla. Desde entonces, las huellas de este ciclo han saturado la imaginación gótica, desde los resurgimientos y las traducciones en el siglo xix —en la poesía de William Morris o en las óperas de Richard Wagner de El anillo del nibelungo (1857)— hasta las versiones de Thor en los cómics de Marvel, del embaucador Loki y del apocalipsis nórdico, Ragnarök. El carácter nórdico intrínseco del género siguió siendo esencial para el neogótico, planteado en contraposición al sur. Este es el insistente mensaje de «La naturaleza del gótico» de John Ruskin, el capítulo más famoso de su obra Las piedras de Venecia (1851-1853). Habla de la «comunión» entre el espíritu gótico «y nuestros corazones del norte» y, mediante una frase artificiosa, completa esta oposición estructural:
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Representación de una batalla entre romanos y godos en el sarcófago Grande Ludovisi, h. 260 d. C., redescubierto en Roma en 1621. 4. Lilli Lehmann como Woglinda en El oro del Rin de Richard Wagner, 1876. 5. Fragmento del Liber Iudiciorum, proclamado bajo el rey Chindasvinto en 642 d. C. 144
LA BRÚJULA GÓTICA
Fuerza de voluntad, independencia de carácter, resolución para actuar, impaciencia de control excesivo y tendencia general a contraponer la razón individual frente a la autoridad, y el acto individual frente al destino, el cual, en las tribus del norte, se ha opuesto a lo largo de todas las eras al lánguido sometimiento; en el sur, a la idea de tradición y propósito de fatalidad, todo se puede trazar más o menos con líneas rígidas y masas vigorosas, y la estructura atrevidamente prominente e independiente de la ornamentación de un gótico septentrional: los sentimientos opuestos son legibles de igual manera en las elegantes y suaves orlas y guirnaldas en las que se dispone de manera constante la decoración meridional; en su tendencia a perder su independencia y a fundirse en la superficie de las masas sobre las que se traza, y en la expresión que se ve tan a menudo, en la disposición de las masas mismas, de un abandono de sus fuerzas a una necesidad inevitable, o de un lánguido reposo.
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NORTE
«Maravilloso. Un libro tan vívido, extraño y rico como su tema». China Miéville
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considera difícil de describir porque «su día entero» siempre está envuelto en niebla, «por lo que está oculto a la vista». Al final, se decide por la isla de Scandza (quizás Escandinavia), e incorpora a los godos a la plétora de ricas mitologías provenientes del gélido norte. La mitología nórdica se compartió entre los marineros conocidos como vikingos, cuya diáspora se extendió desde Groenlandia hasta los asentamientos del norte de Europa, pasando por toda Escandinavia, un cuerpo de sabiduría popular escrito en las sagas islandesas del siglo xiii. Estas sagas narraban historias de dioses vengativos, gigantes y enanos amenazadores, así como humanos belicosos que luchaban por un lugar en el Valhalla. Desde entonces, las huellas de este ciclo han saturado la imaginación gótica, desde los resurgimientos y las traducciones en el siglo xix —en la poesía de William Morris o en las óperas de Richard Wagner de El anillo del nibelungo (1857)— hasta las versiones de Thor en los cómics de Marvel, del embaucador Loki y del apocalipsis nórdico, Ragnarök. El carácter nórdico intrínseco del género siguió siendo esencial para el neogótico, planteado en contraposición al sur. Este es el insistente mensaje de «La naturaleza del gótico» de John Ruskin, el capítulo más famoso de su obra Las piedras de Venecia (1851-1853). Habla de la «comunión» entre el espíritu gótico «y nuestros corazones del norte» y, mediante una frase artificiosa, completa esta oposición estructural:
Ruinas, demonios inmortales, pasajes oscuros y bosques repletos de terrores expuestos y escondidos: los bucles del gótico se han arrastrado por la arquitectura de iglesias, mezquitas y casas señoriales, irrumpiendo incluso en los grandes almacenes de las zonas periféricas y en ciudades superpobladas. Han atravesado los desérticos rincones del mundo y adoptado la forma de monstruos, desde Beovulfo, Gojira, Cthulhu o el wendigo hasta nuestros propios reflejos, pervertidos y terroríficos. A través de un viaje en el tiempo, recorriendo sus distintas formas y modos de expresarse, 4 este libro traza los caminos entrecruzados del gótico, desde las sombras de la historia hasta el corazón mismo de la cultura popular de nuestros días. 3. Representación de una batalla entre romanos y godos en el sarcófago Grande Ludovisi, h. 260 d. C., redescubierto en Roma en 1621. 4. Lilli Lehmann como Woglinda en El oro del Rin de Richard Wagner, 1876. 5. Fragmento del Liber Iudiciorum, proclamado bajo el rey Chindasvinto en 642 d. C. 144
LA BRÚJULA GÓTICA
Fuerza de voluntad, independencia de carácter, resolución para actuar, impaciencia de control excesivo y tendencia general a contraponer la razón individual frente a la autoridad, y el acto individual frente al destino, el cual, en las tribus del norte, se ha opuesto a lo largo de todas las eras al lánguido sometimiento; en el sur, a la idea de tradición y propósito de fatalidad, todo se puede trazar más o menos con líneas rígidas y masas vigorosas, y la estructura atrevidamente prominente e independiente de la ornamentación de un gótico septentrional: los sentimientos opuestos son legibles de igual manera en las elegantes y suaves orlas y guirnaldas en las que se dispone de manera constante la decoración meridional; en su tendencia a perder su independencia y a fundirse en la superficie de las masas sobre las que se traza, y en la expresión que se ve tan a menudo, en la disposición de las masas mismas, de un abandono sus fuerzas a ISBNde 978-84-18725-23-4 una necesidad inevitable, o de un lánguido reposo.