las aventuras de tom sawyer MA RK T WA IN Ilustraciones de ROBERT INGPEN
Esta edición ilustrada está dedicada a la memoria y al espíritu libre de Mark Twain, cuya muerte, cien años atrás, en abril de 1910, no fue «una exageración.» Robert Ingpen
Título original: The Adventures of Tom Sawyer Director de arte: Bernard Higton Traducción: Carolina Bastida Serra Coordinación de la edición en lengua española: Cristina Rodríguez Fischer Primera edición en lengua española 2010 Reimpresión 2015 Nueva impresión 2020 © 2020 Naturart, S.A. Editado por BLUME © 2010 Art Blume, S.L. Carrer de les Alberes, 52, 2.°, Vallvidrera 08017 Barcelona Tel. 93 205 40 00 e-mail: info@blume.net © 2010 Palazzo Editions Ltd, Bath, Reino Unido © 2010 de las ilustraciones Robert Ingpen I.S.B.N.: 978-84-18075-44-5 Impreso en China Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor.
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Página anterior: San Petersburgo, Misuri, en el río Misisipi; véase Nota del ilustrador en la pág. 240.
Contenido
Mark Twain, 1835-1910 página 6
Nota del autor página 10 LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER página 11 Nota del ilustrador página 240
Mark Twain
1835 -1910
amuel Langhorne Clemens, conocido en todo el mundo como Mark Twain, nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida, Misuri. Fue el sexto de siete hermanos, aunque sólo tres de ellos llegaron a la edad adulta. Samuel fue un niño enfermizo, y su madre temía que tampoco él sobreviviría. Cuando tenía cuatro años la familia se mudó a la pequeña ciudad fronteriza de Hannibal, un puerto del río Misisipi (Misuri) que en aquella época estaba experimentando una rápida expansión. Samuel pasó su infancia a orillas del Misisipi, y las despreocupadas aventuras que vivió entonces se convertirían más adelante en la fuente de inspiración para las correrías de Tom Sawyer. En 1847, cuando Samuel tenía once años, su padre, John, murió de neumonía, dejando muchas deudas tras de sí. Samuel abandonó los estudios para convertirse en aprendiz de impresor en el periódico local, The Missouri Courrier. Su hermano mayor, Orion, que había estado trabajando en San Luis como impresor, regresó a Hannibal y empezó a publicar una revista semanal,
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I NTRODUCCIÓN
The Western Union, y más tarde adquirió el Hannibal Journal. Samuel empezó a trabajar para su hermano como cajista y editor, y empezó a contribuir al periódico con textos satíricos. A los dieciocho años emprendió un viaje que lo llevaría a Nueva York, Filadelfia y Cincinnati, donde siguió escribiendo al tiempo que trabajaba para distintos periódicos. En 1857, Samuel volvió a Misuri en barco de vapor, con la intención de continuar su viaje hacia Sudamérica, en busca de fama y fortuna. En lugar de seguir con sus planes se convirtió en capitán de barco en el Misisipi, en la ruta de San Luis a Nueva Orleans y, tras un período de aprendizaje, obtuvo un empleo estable y bien pagado en su nueva profesión. Sin embargo, esta carrera profesional se truncaría al estallar la Guerra de Secesión, en 1861, cuando se interrumpió todo el tráfico del Misisipi. Samuel regresó a Hannibal y contribuyó a la formación de un grupo de soldados confederados voluntarios llamado Marion Rangers, del cual formaban parte muchos de sus antiguos compañeros de estudios. El grupo se desintegró en tan solo un mes; más adelante, el autor escribiría que los Rangers «eran unos negados para la guerra». En 1862, durante la etapa más cruda de la Guerra de Secesión, Samuel viajó hacia el oeste en busca de un nuevo destino. Su hermano Orion había sido contratado como secretario del gobernador de Nevada, y Samuel se sentía atraído por la oportunidad de hacerse rico en las minas de plata de Nevada. Los dos hermanos viajaron durante dos semanas en una diligencia, cruzando la frontera y viendo tribus nativas americanas por primera vez en sus vidas. Los numerosos contratiempos y aventuras que experimentaron en el camino habían de verse reflejados más adelante en los relatos del autor. Samuel fracasó en su empresa como buscador de plata, así que empezó a escribir para el periódico de Nevada, el Territorial Enterprise. En 1863 utilizó por primera vez el seudónimo Mark Twain (una palabra de la jerga náutica del Misisipi, que significa que el agua tiene más de dos brazas de profundidad y es, por tanto, navegable). En 1864 se trasladó a San Francisco (California), donde siguió escribiendo artículos para periódicos, y en 1865 obtuvo su primer éxito literario con su relato corto La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras (The celebrated jumping frog of Calaveras County), que fue reimpreso en periódicos de todo el país y con el que cosechó un cierto reconocimiento a nivel nacional. Seguidamente, el periódico Sacramento Union le contrató para que pasara un año como corresponsal en las islas Sándwich (actual Hawái). Cuando regresó al continente, sus escritos habían alcanzado tal popularidad que inició una gira de conferencias por todo el país, lo que le convirtió en un personaje célebre. En los años que siguieron a la Guerra de Secesión Samuel continuó escribiendo y dando conferencias, y publicó un gran número de artículos. Realizó también largos viajes, que lo llevaron a Palestina y a Europa. Estos viajes le proporcionaron material en abundancia para su primer libro, Los inocentes en el extranjero (The innocents abroad), un libro de viajes satírico, repleto de comen-
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este libro está dedicado, con afecto, a mi esposa
a mayor parte de las aventuras que se relatan en este libro ocurrieron en la realidad; una o dos fueron experiencias mías, y el resto le ocurrieron a otros chicos, mis compañeros de estudios. El personaje de Huck Finn está extraído de la vida real; Tom Sawyer también, aunque no representa a una sola persona, sino que es una combinación de las características de tres chicos que conocí, así que pertenece al orden compuesto de la arquitectura. Todas las extrañas supersticiones que aparecen en el libro imperaban entre los niños y los esclavos del oeste en el tiempo en que se enmarca la historia, es decir, hace treinta o cuarenta años. Aunque mi libro está destinado principalmente a la diversión de niños y niñas, tengo la esperanza de que los hombres y las mujeres no lo rechazarán en este sentido, ya que parte de mi plan consistía en tratar de recordar a los adultos lo que ellos mismos fueron una vez, y cómo se sentían, cómo hablaban y qué pensaban, y en qué extrañas empresas se embarcaban en ocasiones. El autor, Hartford, 1876
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Capítulo 1
—¡
om! Silencio. —¡TOM! Silencio. —¿Pero dónde se habrá metido este chico? ¡TOM! Silencio. La anciana se bajó las gafas y miró la habitación por encima de ellas; luego se las subió a la
frente y miró por debajo. Nunca, o casi nunca, miraba a través de ellas para buscar algo tan insignificante como un niño; aquellas eran sus gafas de gala, su mayor orgullo, y estaban hechas para adornar, no para ver. De hecho, hubiera visto tan bien a través de dos tapas de cacerola como a través de aquellas gafas. Se quedó perpleja durante un instante, y luego dijo sin gritar, pero lo bastante alto como para que los muebles la oyeran: —Está bien: te aseguro que si te encuentro voy a... No pudo terminar, ya que en ese momento se estaba agachando para barrer bajo la cama, y necesitaba todo su aliento para poder dar buenos escobazos. Lo único que encontró fue al gato. —¡Este muchacho no tiene remedio! Fue a abrir la puerta, y se quedó mirando las tomateras y las hierbas silvestres que conformaban el jardín. Ni rastro de Tom.
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L AS AVENTURAS DE T OM S AWYER
—¡Pues claro que lo cosí en blanco! ¡Tom! Tom no esperó a ver el resto. Mientras salía corriendo por la puerta, dijo: —¡Sid, esto no va a quedar así! En un escondite seguro, Tom examinó dos largas agujas que llevaba clavadas bajo las solapas de la chaqueta. Una tenía hilo blanco, y la otra, negro. Dijo: —Si no hubiera sido por Sid, no se habría dado cuenta. Unas veces cose con hilo blanco, y otras con negro. ¡Ojalá se decidiera por uno u otro! Así no hay quien se aclare. Pero Sid me las pagará por esto ¡Ya lo creo! Tom no era el chico ejemplar del pueblo. Pero conocía muy bien a «ese» chico ejemplar y le detestaba. En dos minutos, o incluso menos, ya se había olvidado de todos sus problemas. Y no porque sus problemas fueran menos importantes y amargos que los de un hombre cualquiera, sino porque un nuevo y fascinante interés los desterró de sus pensamientos para siempre, igual que la pesadumbre de un hombre se esfuma ante la emoción de un nuevo proyecto. Este nuevo interés consistía en el descubrimiento del arte de silbar, que pocos días atrás le había enseñado un negro, y que ansiaba practicar a solas. Consistía en un peculiar gorjeo de pájaro, una especie de trino líquido, que se conseguía tocando el paladar con la punta de la lengua y se intercalaba en la melodía. Seguro que el lector recuerda cómo se hace, si es que alguna vez ha sido un niño. Con persistencia y concentración, Tom consiguió dominar la técnica enseguida, así que se echó a la calle con la boca llena de armonía y el alma llena de satisfacción. Se sentía igual que un astrónomo que acaba de descubrir un planeta nuevo; en realidad, por lo que respecta a un placer puro, intenso y profundo, no hay duda de que ganaría el chico, no el astrónomo. Las tardes de verano eran largas; todavía no había oscurecido. De pronto Tom interrumpió su silbido. Había un forastero ante él. Un chico que apenas medía unos centímetros más que él. Un recién llegado, de cualquier edad y sexo, constituía una auténtica sorpresa en el aburrido pueblecito de San Petersburgo. Además, aquel chico iba bien vestido, y eso que no era un día festivo. Eso era sencillamente asombroso. Su gorra era de una elegancia exquisita. Su chaleco, de paño azul y abotonado hasta el cuello, era nuevo y estaba impecable, al igual que los pantalones. Llevaba zapatos, y sólo era viernes. Lucía incluso una vistosa corbata. Tenía un aire de chico de ciudad que a Tom le revolvía las entrañas. Cuanto más observaba a aquella espléndida criatura, más alzaba la nariz en señal de desdén hacia aquella elegancia, y más raídas y miserables le iban pareciendo sus propias prendas. Ninguno de los dos hablaba. Si uno se movía, el otro lo imitaba, pero sólo hacían movimientos laterales, describiendo un círculo. Ninguno de los dos apartaba la mirada de los ojos del otro ni un segundo. Finalmente, Tom dijo:
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C APÍTULO 1
—Yo te gano. —Vamos, ponme a prueba. —Sé que te puedo. —Te aseguro que no me puedes. —Sí te puedo.
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Y mientras el ex vapor Gran Misuri trabajaba y sudaba bajo el sol, el artista retirado se sentó en un barril a la sombra con las piernas colgando, dando mordiscos a la manzana y planeando nuevas torturas para víctimas inocentes.
Un vívido retrato de la vida de un pueblo a orillas del río Misisipi y de uno de sus imparables habitantes, Tom Sawyer, el héroe infantil del relato: una entrañable mezcla de exuberancia, inquietud y travesuras.
ISBN 978-84-18075-44-5
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