Un paisaje rebelde
N
o puede una quitarse de la retina la imagen de la figura nevada del Canigó visto desde el Mediterráneo. El macizo se alza magnífico, con un collar de nubes a modo de complemento. La cordillera llega a su extremo oriental dispuesta a darse un chapuzón. El agua salobre salpica las faldas de los montes, y la costa, como queriendo mantener la rebeldía del paisaje montañés, se rompe en pedazos, mordida con rabia por la tramontana, ese viento del norte de rompe y rasga, siempre impetuoso, siempre dispuesto a limpiar los cielos y a arrasar con lo que se le ponga a tiro. En la Garrotxa, el techo azulado es cambiado sin aspavientos por el verde de los bosques, inmensos, interminables. Podríamos perdernos, literalmente, en estos paisajes olvidados, plenos de silencios, de historias y leyendas, de pasos callados. Ya no humean las carboneras, pero sus cimas ofrecen vistas espectaculares a las que nos asomamos deseosos de nuevas emociones. Es la misma sensación de plenitud y agradecimiento que sentimos tras recibir el accésit del premio Félix de Azara que otorga la diputación de Huesca. El galardón ha sido para el monográfico sobre los valles de Bielsa y Aure.
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98 | Alt Empordà y Garrotxa | Marzo - Abril 3
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