Pasaporte 10 de Julio

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SECCIÓN

E PASAPORTE

AÑO XCIV TOMO CCCLXIV NÚMERO 33,732

Fundadores • Jesús Álvarez del Castillo V. • Jorge Álvarez del Castillo Z. • Editor-Director • Carlos Álvarez del Castillo G.

GUADALAJARA, JAL., DOMINGO 10 DE JULIO DE 2011

Supervisora: Aimeé Muñiz • aimee@informador.com.mx

Despertar a los sentidos

De viajes y aventuras

Entre naturaleza y cultura, Huasca de Ocampo

POR PEDRO FERNÁNDEZ SOMELLERA (deviajesyaventuras@informador.com.mx)

EL INFORMADOR • P. FERNÁNDEZ

Antiguas haciendas mineras, prismas basálticos, bosques y barrancas, son los elementos que conforman las típicas postales de este pueblo

• Tras una cascada de agua, nuestros amigos gozan empapándonos

La isla de Mezcaltitán

ras que datan de 1531, en las que se observan cristos, santos y arcángeles pintados en óleo y que fueron traídas desde España por la misma congregación cristina. Además, en sus alrededores destacan locales de comida y artesanías, y algunas esporádicas muestras culturales como exposiciones y bailes folclóricos.

Sabores típicos, aroma y esencia En varios hogares del pueblo, las propias cocineras y amas de casa muestran su generosidad al ofrecer un probadita de la gastronomía típica y 100% casera del lugar. Entre otros platillos, invitan a probar los exquisitos pastes, una especie de • Algunas en pie y otras como recuerdo de lo que fueron, las haciendas empanada de carne y harina que, son características de Huasca. tiempo atrás, los mineros ingleses un destino obligado para los otomí, se dedican a elaborar objetos consumían con regularidad. Adepaseantes. Un día en armonía con ornamentales y de uso cotidiano, más, en los criaderos de peces de los la naturaleza permite el convivio que pueden ser adquiridos en alrededores, los pobladores prepafamiliar, un picnic romántico o una tiendas que se encuentran en el ran frescas recetas con los pescados divertida tarde de juegos y poblado, o bien en la Casa de la recién capturados. actividades ecoturísticas con los Cultura donde destacan los tejidos, Por otra parte, el rompope es amigos. la cantera negra labrada, (ubicada sin duda uno de los aromas que se en el Jardín Principal, a un costado distinguen al recorrer este sitio. Su de la Parroquia). elaboración artesanal lo hace un de- Q BARRANCAS DE AGUACATITLA. leite único incluso para los paladaEste lugar de agradable vegetación res más exigentes. y clima templado, forma parte de

PARA VISITAR Q PRISMAS BASÁLTICOS. Las

increíbles columnas geométricas de basalto formadas por el enfriamiento acelerado de un gran derrame de lava, se ubican al pie de una barranca bañada por las aguas de la presa de San Antonio Regla y son un deleite visual para el visitante que podrá observar las formaciones rocosas desde un espectacular puente colgante. Q EX HACIENDA DE SANTA MARÍA

REGLA. Sus patios, su bella capilla de portada barroca y las bóvedas, en las que se depositaba el material y comida, aún conservan ese aire minero que distingue a la ex hacienda de Santa María Regla. Sus pasillos solitarios y el eco entre sus paredes le regalan un aire místico y ancestral. Q BOSQUE DE SAN MIGUEL

REGLA. Por la diversidad de actividades que se puede realizar en las más de 20 hectáreas que conforman esta maravilla natural, el Bosque de San Miguel Regla es

la reserva de Biosfera de Meztitlán y posee pasajes hermosos con columnas basálticas. En medio de la barranca pasa el río de Regla que nace de los manantiales de San Miguel Regla, Río de Izatla y Arroyo de Camarones. Las Barrancas de Aguacatitla son una excelente opción para practicar deportes de aventura. Q PARQUE NACIONAL EL CHICO. El

amante de las caminatas, el escalador de peñas y quien goza de admirar los paisajes naturales, encontrará en los alrededores de Huasca lugares como el Parque Nacional El Chico, dotado de áreas para acampar y muchas hectáreas pobladas por densos bosques de pino, encino y oyamel. Una de las postales típicas es aquella que deja ver el paso de la neblina, que se abre camino entre los brazos de los picos erguidos de peñascos como Las Ventanas, La Muela, Cervino y La Bruja, algunos con paredes verticales mayores a los 150 metros de altura. Q CULTURA Y ARTESANÍAS. Los

indígenas de la región, principalmente de origen náhuatl y

NO OLVIDES

Q Llevar ropa para protegerte del frío

nocturno, así como tenis o botas que te permitirán andar cómodamente por las veredas naturales de esta región. Q Llevar tu cámara fotográfica para captar los hermosos paisajes que ofrece este Pueblo Mágico. Q Si el clima frío es persistente, no hay nada mejor que pasar por las diferentes cafeterías que sirven café de la región o atole calientito.

FIESTAS POPULARES Q Del 3 al 8 de enero: la celebración

de Reyes, se lleva a cabo con danzas autóctonas, jaripeo y eventos culturales y deportivos. Q 20 de enero: en la fiesta religiosa de San Sebastián hay palenques, bailes populares y exposiciones de artesanos locales. Q 24 de junio: la fiesta de San Juan Bautista, santo patrono del pueblo, se acompaña con charreadas, misas y programas literarios. Q Del 11 al 13 de diciembre: fiestas en honor a la Virgen de Guadalupe. Hay juegos mecánicos y antojitos gastronómicos de la región.

ESPECIAL

Desde que se llega a Huasca de Ocampo, un hermoso Pueblo Mágico hidalguense ubicado a 38 kilómetros de la ciudad de Pachuca, con rumbo a la sierra, se respira un aire invadido por la naturaleza y la frescura de arroyos, ríos, lagunas, presas y cascadas. Aquí los sentidos se despiertan sin mayor esfuerzo, instintivamente, y es gracias al impecable paisaje serrano que la mano del hombre no ha logrado opacar, a las viejas haciendas mineras de la época colonial y la gastronomía típica, herencia de los antepasados y de mineros ingleses. El toque pintoresco lo ponen las casas de cantera blanca con techos rojizos que, en su resguardo, mantienen vivas las historias del poblado, todas ellas dotadas de tradición y leyendas provenientes de los claustros en las minas. Los emblemáticos paisajes que regalan vistas imposibles en la ciudad, invitan a recorrer Huasca a pie, ya que la mayoría de sus rincones se disfrutan mejor de esta manera, con un paso calmado y dispuesto a sorprenderse. El nombre de Huasca, proveniente del término Huascasaloya, que en náhuatl –su lengua nativa– significa: “lugar de regocijo” o “lugar de agua”, es un reflejo de la realidad del pueblo, que luce bañado por sus cuerpos de agua dulce. El poblado fue fundado en 1555 por don Pedro de Romero, su función principal era la producción minera que cerca del año de 1760 comenzó su declive. En esa misma época, y como consecuencia de la escasez del trabajo minero, comenzaron a surgir varias haciendas con las cuales se podían aprovechar las bondades de los extensos terrenos de excelente tierra para cultivos. Actualmente, Huasca de Ocampo conserva vestigios de su historia y se mantiene como un importante centro ganadero y agricultor, gracias al empeño de su gente, al clima y al suelo que hace posible este trabajo primario. Justo en el Centro Histórico del pueblo, la remembranza del pasado toma de la mano al presente. Las costumbres típicas de antaño se conservan, pero las personas evolucionan, se preparan y al mismo tiempo se enorgullecen de seguir las tradiciones heredadas por los más ancianos. Una de ellas es la visita obligada de cada domingo a la Iglesia de San Juan Bautista, que alguna vez fuera un convento agustino. Construida en 1780 por la orden religiosa de San Agustín, esta iglesia conserva pintu-

La isla es completamente circular. Dos calles casi paralelas corren de Norte a Sur. Otras dos de oriente a poniente. Una más circunda la isla, mientras otra forma la plaza principal. Las banquetas son muy altas porque cuando llueve mucho las calles se inundan y hay que transitarlas en canoa. Dicen (lo dudo) que fue la misteriosa Aztlán de los Aztecas, en donde encontraron al águila devorando la serpiente Está como a una hora Tepic rumbo a Mazatlán, en medio de una laguna entre los esteros. Hay que tomar la desviación a Santiago Ixcuintla; lugar de reunión muy importante para Huicholes, Coras y Tepehuanes que bajan de la sierra “a saber” y a traer sus vendimias al mercado. Es bueno ser respetuoso con ellos, para hacerlos sentir el orgullo de su estirpe, y ayudarlos a conservar sus tradiciones llenas de valiosos conceptos esenciales de la vida que nosotros –entre nuestra modernidad enceguecedora– tenemos extraviados Recorriendo los esteros entre infinidad de aves acuáticas, se llega al embarcadero Batanga, donde un guía muy platicador los puede llevar por estrechos canalitos hasta la isla. Si se tiene suerte, se pueden ver tejones y mapaches pescando almejas, haciendo alarde de sus habilidades natatorias. Cocodrilos casi no se ven por los canales navegados, pero en los de más adentro sí los hay, y bien grandotes. Aventurándonos en nuestra propia canoa, llegamos a la isla en donde se celebraban las fiestas de San Pedro y San Pablo patronos del lugar, a quienes se les pide por un buen temporal que haga florecer la semilla de la pesca en esteros y pantanos. Atracamos en un pequeño corralito hecho con varas de mangle, cuyos propietarios –que en un principio nos aceptaron a regañadientes– resultaron ser unos magníficos anfitriones que nos colmaron de atenciones. Entre toda la familia, hacían con flores de papel y verdores naturales las ristras con que adornarían a cada santo. Los señores platicaban de sus cuitas mientras los botes de cerveza se apilaban en el centro. Las mujeres soltaban tales carcajadas, que creo hasta las enredaban en los ramos. Se reían mucho, no sé si de los santos o de los pecadores, porque hasta se santiguaban de vez en cuando. Unas a las otras se hacían trenzas mientras platicaban. Los niños se bañaban en las tinajas delante de las casas. Gritos, risas, cohetes y alegría por todas partes, mientras los santitos aparecían muy guaposos a la orilla del muelle principal en sendas lanchas muy bien adornadas Antiguamente –acompañados de su séquito y cada uno por distinto lado– emprendían un peregrinar a punta de remo alrededor de la isla; y el que llegara primero era el patrono del año. Siendo bastante problemáticas las polémicas divinas, se llegó al arreglo de amarrar ambas lanchas para juntos recorrer la isla, duplicándose así los beneficios celestiales. En las pangas –con el cura entre las efigies de San Pedro y San Pablo– se rezaban cosas que nadie oía. Un par de monjitas marcaban el compás de unos cánticos desentonados. Un aire de malicia se veía en las caras de los regionales armados con sendos botes. Después de un buen rato navegando por la laguna, cantando alabanzas, nos juntamos –unidos por las manos de los fieles– para atender a la bendición de las aguas y pedir por el buen temporal. Las miradas de malicia seguían en el ambiente... El cura imploraba la misericordia divina y todo mundo contestaba con cantos mil veces aprendidos. Todo eran rezos, orden y cantares y… a la hora de que se dijo Amén... ¡Las caras maliciosas aparecieron tras los botes que cada uno llevaba! ¡Nos dieron una empapada de padre y señor mío! Todo mundo se enfrascó en un divertidísimo combate de agua que creo que hasta los santos se reían. Ni qué decir que cosa alguna quedara seca: cámaras, ropa, películas, todo quedó empapado y ni modo de moverse para ningún lado. Era una batalla campal que –al principio con sorpresa y luego con risas y jolgorio– disfrutamos a más no poder. Tiritando de frío ya bien entrada la tarde, nos despedimos de nuestras amistades y emprendimos el viaje de regreso remando en la canoa hasta el embarcadero donde había quedado el coche. Una manera –ciertamente– diferente de celebrar el día de santo.


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