LA ESPIRITUALIDAD DE LA EDUCACIÓN EN GUATEMALA. (EN LA CRISIS DE LA PANDEMIA MUNDIAL DEL COVID-19)

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INSTITUTO EDUCATIVO ASISTENCIAL EMILIANI Y HOGAR DE HUERFANOS SANTA TERESA. 100 AÑOS DE MEMORIA Y ESPERANZA LA ESPIRITUALIDAD DE LA EDUCACION EN GUATEMALA. (EN LA CRISIS DE LA PANDEMIA MUNDIAL DEL COVID-19)

Licenciado Raúl Hernández Chacón. Director Técnico Administrativo.

INDICE: 1. INTRODUCCION. 2. JUAN JOSE AREVALO. (GUATEMALA) 3. XAVIER ZUBIRI (ESPAÑA) 4. PEDRO CASALDALIGA (BRASIL) 5. JON SOBRINO (EL SALVADOR) 6. SAN OSCAR ROMERO (EL SALVADOR) 7. BENEDICTO XVI (PAPA) (ROMA-ITALIA) 8. FERNANDO QUESADA ROJAS. (COSTA RICA) 9. JOSE ANTONIO NIETO. (ROMA-ITALIA) 10. OVIDIO D. ANGELO HERNANDEZ. (CUBA) 11. JOSE MATA GAVIDIA. (EL SALVADOR) 12. SAN PABLO VI (PAPA) (ROMA-ITALIA) 13. JUAN JOSE GERARDI (OBISPO) (GUATEMALA) 14. RODOLFO QUEZADA TORUÑO (CARDENAL) (GUATEMALA) 15. PAPA FRANCISCO (PAPA ACTUAL) (EL VATICANO) 16. OSCAR PEREZ SAYAGO. (SECRETARIO-CIEC) (COLOMBIA) 17. CONCLUSIONES. 18. BIBLIOGRAFIA.


1. INTRODUCCION: En las actuales circunstancias, en las que vive el hombre y la mujer con angustia y desesperación, por una crisis derivada del confinamiento, el miedo al contagio del covid 19 y la incertidumbre de lo que puede pasar mañana; se plantea la necesidad de buscar mecanismos de defensa, de esperanza, de asirse a algo, al estar inseguros de lo que pasa, si pasa, de la certeza o no de que saldremos pronto o cuándo, de este estado de calamidad pública y mundial cuyas estadísticas sorprenden, según las campañas informativas de los medios de comunicación masiva. Así como los análisis de algunos científicos a nivel nacional y mundial que aseguran lo contrario, que todo es una farsa con objetivos económicos y políticos a favor de las minorías que detentan al poder a todo nivel. En medio de ese panorama, en un ambiente que rompió la cotidianidad, la vida “normal”, los hábitos culturales practicados desde siempre y que de repente fueron arrebatados, dentro de ellos el trabajo pedagógico del sistema educativo guatemalteco, se plantea un tema que puede contribuir a llevar de una mejor manera esta difícil situación; La espiritualidad de la educación, es decir el sentido profundo de una práctica inherente a la persona humana: educarse, que incluye el instruirse, pero que no la agota. Situación concreta que impone la necesidad de una modalidad educativa a distancia y con tecnología digitalizada. Intentaremos hablar de un educarse integralmente, con sentido, con significado, que lleva a realizarse y a ser feliz, aún cuando el hogar, la familia, toman el control disciplinario y los profesores lo educativo del sistema oficial de los hijos. No olvidar que la educación es responsabilidad en primerísimo lugar de los padres de familia. Si educarse es buscar cómo ser feliz en las circunstancias particulares que hoy se vive, se sobrevive, con la nueva modalidad educativa, se contribuye para ver pronto un amanecer lleno de esperanza e ilusión. La naturaleza, hermosa y gratuita, regala todos los días un amanecer, un sol esplendoroso, una lluvia que reverdece todo lo que nos rodea y noches que, para todos se ofrece a aliviar las penas del día, aunque muchos no descansan ni de día ni de noche. Los que hacen posible la alimentación, la energía eléctrica, donde hay, y los que luchan en los hospitales, que están al frente, expuestos y no sobreviven. La espiritualidad, el espíritu, ver la vida de otra forma, dentro del angustioso contexto de grandes limitaciones. Como los que luchan frente a las adversidades que les presenta su hoy y su ahora. Como dice Alba Ferrete: “La espiritualidad que es hacer contacto con la esencia, nuestra dimensión de sueños, de inspiración, de creatividad. Eso que no explicamos cómo muchos pueden hacerlo, aún a costa de su vida. “Todo ello no es explicable a través de la mente o el cuerpo, sino de algo que los trasciende.” Somos cuerpo físico, cuerpo emocional, cuerpo mental, cuerpo espiritual, este último que nos conecta con lo que es más allá de sí mismo. La espiritualidad “se practica” con la meditación, la música evocativa, la respiración, para estar en contacto con mi dimensión esencial y acceder a estados expandidos de conciencia.” Esto dice Alba Ferrete. Además apunta que la espiritualidad “es una realidad intrínseca en el ser humano, que lo ayuda a conectar con la mística en la que vivimos. Eso


que no entendemos, eso que no sabemos expresar pero que experimentamos ese “algo más”, que tiene tantos nombres como modos de ver la vida que hay en el planeta. Eso que nace del silencio, que despierta en los momentos más duros y que a menudo la mente no sabe cómo encajar. Es donde el corazón hace presencia y el presente es el tiempo verbal que acompaña a la existencia.” Así comenta Alba Ferrete, de España, la visualización de la espiritualidad, que intentaremos reflexionar en este breve ensayo, para darle un nombre. “El desarrollo de la espiritualidad presente en los seres humanos, posibilita la comprensión del ser. Lo que al mismo tiempo promueve una vida con sentido y esperanza, apuesta por la felicidad, y respeto y la paz, no sólo consigo mismos, sino con todos y con todo lo que les rodea, de este modo se supera las visiones antropocentristas y se avanza hacia la construcción de una unidad planetaria y universal.” Margott Piedra Hernández. Costa Rica. (2017). Este trabajo iniciará con algunas ideas fuerza desde la perspectiva del guatemalteco, Doctor Juan José Arévalo. La espiritualidad en la Filosofía, que influye considerablemente en la educación, en consulta a varios autores, desde su aporte al tema, así con breves citas, para luego profundizar la espiritualidad desde el jesuita radicado en El Salvador, Jon Sobrino, ya en la búsqueda de aterrizar, aprovechamos las reflexiones de espiritualidad del Licenciado Fernando Quesada Rojas de Costa Rica y concluimos con un acercamiento a la espiritualidad en la vida y obra de San Jerónimo Emiliani, a partir de un mensaje del Padre General de la Congregación, José Antonio Nieto. Ello permitirá conducir la reflexión con otros especialistas: Xavier Zubita, filósofo español, J.B. Libanio SJ, Brasileño, Casaldáliga, brasileño, algunas ideas de Monseñor Oscar Romero, el santo de América, así como del Obispo guatemalteco Monseñor Juan José Gerardi Conedera y otros. El espíritu que anima este trabajo, es ofrecer al docente y al padre de familia, pistas que le lleven a profundizar en la espiritualidad de la educación, como instrumento que hace la vida que se vive, con mayor profundidad y generosidad, de allí que “la espiritualidad es una conversión profunda, un profundo cambio de actitud. Es superar mi orgullo y egoísmo, mi indiferencia al sufrimiento de los pobres y dedicarme generosamente al servicio de Cristo en mis hermanos.” Dr. Gregorio Smutko, OFM. Guatemala. (1999). Se incluye el pensamiento de los grandes papas Pablo VI y Juan Pablo II. La espiritualidad en la educación se enriquece desde la misericordia, nucleo central del Magisterio del Papa Francisco.


2. La espiritualidad de la educación en JUAN JOSE AREVALO. (Guatemala). No podemos imaginar a la educación, sin el factor espiritual. Es su esencia. Sin ella no es posible. La educación formal, no formal e informal, toda, como proceso de toda la vida está constituida por la espiritualidad, que anima, que trasciende, que fortalece las ilusiones que se desarrollan a través de la vida misma. Ella la espiritualidad es la vida. Por ello siempre está presente en el hacer cotidiano y en la reflexión serena, filosófica, desde la perspectiva existencial del hombre y de la mujer. Uno de los filósofos poco conocido, es el Profesor Doctor Juan José Arévalo. Su presencia política como gobernante, en la década de la dignidad guatemalteca, como protagonista, al ejercer la presidencia de la república de Guatemala, de 1945-1951, opacó su aporte sereno y profundo de una filosofía brillante que, en aquella época, destacada y cuya docencia no pasa desapercibida por los estudiosos. “El pensamiento de Arévalo se sustenta en el socialismo espiritual, conocido también como Arevalismo, corriente política que adversó la estructura de la república bananera que había prevalecido en Guatemala, durante los períodos dictatoriales.” USAC. Juan José Arévalo (2019). En la obra pedagógica de Juan José Arévalo, Díaz Rossotto señala que “El espíritu tiene como misión percibir y descubrir los valores. Gracias a su instancia descienden los valores para realizarse convirtiéndose en bienes culturales. Pero tan formidable tarea no la cumpliría, mientras le falten la libertad y la voluntad. Ambas resueltas en la comprensión y la estimación de los valores.” Díaz Rossotto. USAC, Guatemala (2019). Aquí entramos a percibir la propuesta filosófico-pedagógica de Arévalo, al proponer una Pedagogía de la personalidad desde los valores, es decir del espíritu. Por ello más adelante, dice nuestro autor que Arévalo se incorpora al esquema anterior conservando la ontología platónica, en donde se desenvuelven las jerarquías de la personalidad, que no son otra cosa que ”categorías de valor”. Esa filosofía, aplicada a la sociedad, divide a los hombres en “sensualistas, (categoría del placer), la mayoría de las personas. Políticos (categoría del poder), siempre muchos, pero no tantos como los anteriores. Sabios (categoría del saber), este es ya un valor minoritario. Héroes, (categoría del ser), las personalidades señeras que están predestinadas a salvar a la humanidad.” Díaz Rossotto, USAC, Guatemala, (2019). Como nuestro hilo conductor es la espiritualidad en la educación, destacamos, de la profunda reflexión filosófico-pedagógica de Juan José Arévalo: “La educación debe ser un fin en sí. El hombre no debe educarse para otros propósitos, ni siquiera para la sociedad humana, sino para si mismo, “elevándolo a una personalidad autónoma y a una individualidad espiritual.” Tal concepción educativa presupone la sumisión de la educación a la filosofía.” USAC. Guatemala, (2019). Incluir toda la riqueza del pensamiento que lleva a la concepción espiritual de Arévalo no es la intensión de esta reflexión, pero si debe incluirse la definición que describe al ideal del profesor, agente insustituible en la educación: Dice con sus palabras“ Ligero de músculos y ágil de nervio, airoso en la mirada que se proyecta sobre el horizonte como una flecha infalible, libres las manos de red alguna, descargado el cuerpo de lastres, vacía el alma de rencores y vibrando


en él la vida como un recio haz de juventud: he ahí la materia prima en que habrá de vaciarse lo otro; he ahí el pedestal así sólido, porque en otra forma no resistiría la dínamo de energías; he ahí la parte material indispensable para que cuaje en su propio medio ese complejo espiritual que se llama maestro.” Juan José Arévalo. USAC. 2019. Para comprender mejor la esencia de la espiritualidad Max Scheler, que en su obra El Saber y la Cultura afirma: “Hay, pues, en última instancia, tres notas fundamentales a las que podemos referir las funciones espirituales y racionales genuinamente humanas: 1. El sujeto humano puede ser determinado por sólo el contenido de una cosa, la cual se contrapone a la determinación mediante el impulso, las necesidades, el estado interior del organismo. 2. El hombre puede sentir un amor sin apetito hacia el mundo; un amor que rebosa sobre toda relatividad de las cosas cuyo valor depende de los impulsos. 3. El hombre puede distinguir entre lo que una cosa es (su esencia) y el hecho de ser (su existencia); y en esa “esencia” puede verificar intuiciones que tienen validez y son verdaderas. “todo lo que existe tiene su esencia, pero hay esencias de objetos irreales, como el triángulo o la belleza. Siendo la esencia ideal, no puede sufrir alteraciones.” Max Scheler,(1925). Por ello, se atreve a afirmar “que solo el hombre se coloca a sí mismo, con su “conciencia”, frente al mundo. Sólo en el hombre se separan el mundo de los objetos circundantes y la conciencia de un yo. Sólo el hombre es capaz de percibir una y la “misma” cosa mediante contenidos de percepción procedentes de diversos sentidos.” Por ello se comprende mejor que “ser hombre no es actuar sino ser.”


3.

Xavier Zubiri, filósofo español, para el análisis de la espiritualidad en la educación apunta desde su particular punto de vista: “Si queremos caracterizar de una manera, formularía en qué consiste lo que distingue la Naturaleza del Espíritu, hallaríamos con Hegel, una fórmula bien sencilla. La Naturaleza es eso que está ahí. Y el Espíritu es esto que soy yo mismo. Naturaleza es, por tanto, estar ahí. Como diría Hegel, ser en sí; Espíritu, ser para mí, ser para sí, mismidad. Este es el momento en que va a brotar el pensamiento de Hegel.” Sigue más adelante Zubiri y profundiza históricamente: “Es cierto que la Filosofía ha vivido durante varias centurias y especialmente de Descartes a Kant, moviéndose en ese elemento, como diría Hegel, de espiritualidad del espíritu. Es cierto, así mismo, que en Kant y más concretamente en Fichte, el espíritu no es solamente un segundo mundo colocado junto al primero, la naturaleza, sino que toda ella está sabida por él. Pero, hasta ahora, dice Hegel, no se ha entendido en qué sentido radical se puede hablar de naturaleza y espíritu.” Estas reflexiones, que invitan a su profundización, pueden comprenderse mejor con esta aportación: “nuestro universo se halla compuesto de naturaleza y espíritu. La unidad del Universo depende, pues, del sentido que tenga esta. Su fundamento, su identidad. Por eso concluye que Lo importante de esa “y”, no es que sea el nexo que vincula la naturaleza al espíritu. Zubiri. “Naturaleza, Historia, Dios.” España. (1987) El ser humano es naturaleza, espíritu, trascendencia. Es muy complejo y difícil qué es el hombre. Un ser y su circunstancia diría José Ortega y Gasset. También se puede considerar la espiritualidad en la educación de manera concreta en los pilares de la educación propuestos por UNESCO: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser, porque son posibles en la medida en que el ánimo, el espíritu, como motor en la interioridad, en lo íntimo de la persona, se mueve al impulso de las motivaciones exteriores, entre las cuales sobre sale la mediación de la educación, que acompaña, orienta, persuade, hace descubrir y descubrirse así mismo.


4. La espiritualidad en la educación, según PEDRO CASALDALIGA. (Brasil). Estas consideraciones permiten continuar ahora desde la formidable reflexión, que con su vida ejemplar habla Pedro Casaldáliga, aún con su partida reciente a la casa del Padre. Dice: “El espíritu de una persona es lo más hondo de su propio ser: sus motivaciones, la espiritualidad es la motivación que impregna los proyectos y compromisos de vida. La motivación y mística que empapa e inspira el compromiso, la motivación del espíritu. Apunta S. Galilea. Bogotá (1985). Sus motivaciones últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística para la que vive y lucha con la cual contagia a los demás. Una persona “tiene buen espíritu”, cuando es de buen corazón, de buenas intenciones, con objetivos nobles, con veracidad. El espíritu no es otra vida, sino lo mejor de la vida, lo que hace ser lo que es, dándole calidad y vigor, sosteniéndola e impulsándola. El espíritu, en hebreo, ruah, significa viento, aliento, hálito. El espíritu es, como el viento, ligero, potente, arrollador, impredecible. Es como el aliento, el viento corporal, que hace que la persona respire y se oxigene, que pueda seguir viva. Es como el hálito de la respiración, quien respira está vivo, quien no respira está muerto. Casaldáliga es muy didáctico y muy sencillo en su mensaje y así apunta: “Cuanto más conscientemente vive y actúa una persona, cuanto más cultiva sus valores, su ideal, su mística, sus opciones profundas, su utopía, más espiritualidad tiene, más profundo y más rico es su hondón. Su espiritualidad será la talla de su propia humanidad. Dicho en lenguaje cristiano, la espiritualidad, por ser lo más profundamente humano, sería lo que la persona tiene más de ser semejante a Dios, a su imagen, aquello en lo que más se refleja su participación de la naturaleza de Dios.” Casaldáliga, Colombia (1992). Con estas consideraciones, se camina en la búsqueda de aterrizar más y de la mano del pensamiento y el testimonio de Padro Casaldàliga, quien afirma: En América Latina no se puede vivir una espiritualidad cristiana si no se vive espiritualmente la latinoamericanidad. No se puede ser un buen cristiano o una buena cristiana latinoamericanos si no se aplica la opción por el Reino a actitudes y acciones que lo hagan creíble, lo celebren coherentemente, lo vayan construyendo en el aquí de la Patria Grande y permitan esperarlo para el allá de la Patria Mayor. Por el Reino, en América Latina, las comunidades cristianas consecuentes han de militar en el Movimiento Popular, en la Causa indígena y en la Causa Negra, en la liberación de nuestros Pueblos, en la comunión de la Solidaridad y en la instauración de un Nuevo Orden Mundial sin miserias y sin imperialismos, si degradación de la Naturaleza y sin armamentismo. En el mismo lenguaje, desde una perspectiva distinta, se encuentra esta idea de persona en el pensamiento y en la acción de Casaldáliga: “ Ser persona es algo más profundo que el ser simplemente miembro de esta raza animal concreta que es la raza humana. Es asumir la propia libertad frente al misterio, al destino, al futuro: optar por un sentido ante la Historia, dar una respuesta personal a las cuestiones últimas de la existencia. En un momento u otro de su vida, todo ser humano rompe la capa superficial en la que solemos movernos, como hojas llevadas por la corriente y se formula las preguntas fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida? ¿por qué el dolor? ¿cómo conseguir la


felicidad? ¿Qué es la muerte? ¿Qué podemos esperar? No se trata de preguntas religiosas, sino de preguntas “profundamente humanas”, o para ser más exactos, de las cuestiones humanas más profundas. Toda persona tiene que enfrentarse con el misterio de su propia existencia. Tiene que optar ineludiblemente por unos valores que den vertebración y consistencia a su vida. De una manera u otra ha de elegir un punto sobre el que construir y articular la composición de su conciencia, su toma de postura frente a la historia.” Con esta formidable interpretación experencial de Pedro Casaldàliga, se manifiesta otro personaje que con su propia existencia ilumina esta breve reflexión. Educación, liberación, espiritualidad apuntan en su sentido más profundo al ser humano, a su crecer, a sus motivaciones más íntimas como persona, como sujeto que es más en la medida que se relaciona más, que hace suya la injusticia y trabaja para erradicarla. Por eso Casaldáliga dice: “la espiritualidad de la liberación asume la procesualidad de la vida humana, su evolución, su crecimiento, sus altibajos, sus tentaciones, sus crisis, sus perplejidades, la rutina y monotonía… Y asume también los procesos históricos de los Pueblos, sus angustias y esperanzas, sus luchas de liberación. La “historicidad” de Jesús y la misma forma como él la asumió se convierten para nosotros en modelo y fuente de inspiración.”(1992).


5. La Espiritualidad de la educación en JON SOBRINO. (El Salvador). Ha dedicado su vida a la docencia y a la investigación en la Universidad Centroamericana, en la hermana república del El Salvador. En un espacio de mayor acercamiento para profundizar más en la espiritualidad, se registra su obra escrita y vivencial, en la Universidad Centroamericana, UCA. Se descubre este tema desarrollado en la obra: “La Liberación con espíritu”. (1987) Dice inicialmente “La espiritualidad no es otra cosa que el espíritu del sujeto, personal y grupal, en cuanto relacionado con la totalidad de la realidad. En esta idea se subrayan dos cosas: la primera es que la espiritualidad no es una actividad absolutamente autónoma del sujeto, sino relacionada. La segunda es que esa relación con la realidad no es regional ni se refiere sólo a otras realidades espirituales, sino a la totalidad. La relacionalidad es fundamental porque es ésta una intuición que subyace a la práctica de la liberación y por tanto a su espiritualidad y por otra parte se trata de evitar la tentación de dejar a la realidad abandonada a si misma. No puede ser la espiritualidad sino parte de la realidad, en esa búsqueda individual y social de la liberación en su totalidad: el hombre y la mujer en su realidad existencial, todo el hombre y toda la mujer y todos los hombres y mujeres. Jon Sobrino ahonda más en su análisis de la espiritualidad, cuando apunta que “El si que exige la realidad es un si a la vida y, como la mayoría de la creación està sometida, ese si a la vida debe ser un si a devolver la vida.” Ello implica reconocer a la creación en toda la extensión de lo que significa, en su profunda realidad existencial, pero relacionada con el hombre, sujeto, capaz de sentir y de vivir la espiritualidad, como un compromiso cada vez más consiente y más real. Por eso: “es un sì, por lo tanto, no sólo a la vida, sino a dar vida. La misma realidad es la que exige, por lo tanto lo que de forma genérica se puede llamar el amor, sólo que la honradez con lo real exige una primera caracterización del amor como aquella praxis, dirigida a dar vida a las mayorías, que puede denominarse “justicia”. Con esta reflexión inicial, Jon Sobrino invita a experimentar una verdadera espiritualidad relacional, la cual no es posible sin la honradez de la persona con su entorno humano, material e histórico. Toda una definición aún más concreta se encuentra en Jon Sobrino cuando dice: “De aquí se deduce que una espiritualidad basada en la honradez con lo real no debe ser obviamente alienante, -lo cual sería una contradicción en si mismo-, pero tampoco deber ser una espiritualidad que precipitadamente adecúe sin más espiritualidad y amor (aunque formalmente sea correcto), sin comenzar y mantener aquella forma de amor que exige la realidad mayoritariamente: la justicia.” De una manera pedagógica y didáctica, Jon Sobrino lleva a repensar, cuando señala dos presupuestos de la espiritualidad: la horadez con lo real y la fidelidad a lo real, que no es otra cosa que mantener la primera honradez dentro de lo que en la historia hay de negativo y cargando con ello, aun cuando asi aparezca un cierto no-saber que obscurece el primer saber y aparezca el poder de la negatividad que cuestiona la primera esperanza. Lo único que se sabe es que hay que mantenerse fieles y seguir en la


historia tratando siempre de transformarla en positivo. La honradez con lo real es entonces esperanza, exigida por dirección que la realidad quiere tomar.” Por eso afirma categóricamente: “ El que el mundo tenga vida sólo se espera dando vida al mundo.”. Esa misma esperanza que brota de la realidad y la respuesta próxima de ayudar a que haya vida, es lo que está en el fondo de la práctica de la liberación. Ese corresponder al “más” de la realidad en esperanza y amor es el tercer presupuesto de espiritualidad.” Concluimos esta parte subrayando que Jon Sobrino, relaciona la espiritualidad de la educación con sus praxis en tres actitudes del ser humano: la honradez con lo real, la fidelidad con la realidad y ese más de la realidad en esperanza y amor. Y además enfatiza Sobrino, esa idea fuerza de mucha claridad: “Sin embargo, la insistencia en esos presupuestos nos parece importante para no plantear la espiritualidad en un círculo puramente espiritual, sin mediación de la realidad, sin dar rodeo a través de la realidad histórica. La trampa de evitar ese rodeo ya la desenmascaró Jesús claramente en la parábola del buen samaritano.” Si la espiritualidad es liberación, con lo presenta Jon Sobrino, es muy educativo-reflexivo incluir este último párrafo que confirma todo lo anterior de manera de ejemplar: “ También la práctica de la liberación está amenazada de generar subproductos negativos que no se remedian desde la misma práctica, tal como lo avisó Monseñor Oscar Romero y como lo reconocen los cristianos comprometidos, están los siguientes: Primero Excesivo protagonismo de un determinado grupo liberador en contra de otros, o de todos ellos en contra de otros grupos que trabajan por la liberación. Segundo: Paulatina suplantación de lo popular, de las mayorías populares a las organizadas, de estas a sus cuadros y de estos a las dirigencias. Tercero: Absolutización de un mecanismo de práctica liberadora según la coyuntura (social, política o militar). Cuarto: Manipulación de lo religioso más allá de su legítima utilización, dada la convergencia entre liberación y evangelio. Quinto: Dogmatismo en el análisis, en la interpretación o en la simple constatación de los hechos. Sexto: Ambigüedad en el uso del poder con su tendencia innata a la autoafirmación y no al servicio, a convertir su uso necesario en mística del poder, a abusar de él. Evitar todo estos subproductos negativos en la práctica de la liberación es cosa de espíritu y de mucho espíritu.” Para la práctica educativa, esta reflexión última es maravillosamente comprensible y vivencial. Queda claro que la espiritualidad en la educación es entrega, es servicio, es dar, es darse, gastarse, para facilitar espacios que permiten a los otros realizarse y buscar por si mismos su verdadera vocación desde su realidad existencial. Desde esta perspectiva de una espiritualidad relacional, que Jon Sobrino explica, la educación y el educador están muy identificados, se busca, desde el saber, del conocimiento, la realización de la persona, el alcance de sus metas y una, quizá la más exigente sea la respuesta al cuestionamiento interno de la persona que crece espiritualmente: ¿para qué el saber? ¿para que conocer? ¿hay diferencia entre conocer y saber? Lleva a recordar la frase muy conocida de Sócrates: ¡sólo se que no se nada! Por ello, volviendo a Max Scheler, en su obra “El saber y la cultura”. Argentina (1972), señala: “ Hay tres fines supremos del devenir, a los que el saber puede y debe servir: Primero: al devenir y pleno desenvolvimiento de la persona que “sabe”. Este es el “saber culto”. Segundo: Al devenir del mundo y al devenir extratemporal de su fundamento supremo, esencial y existencial, que se denomina “saber de salvación”, que sólo en nuestro ser humano, alcanzan su propia determinación. Este saber, cuyo fin es la Divinidad. Tercero: hay también el fin de dominar y transformar el mundo, para el logro de nuestros propósitos humanos, fin que el llamado pragmatismo tiene exclusivamente a la vista. Este es el saber de la “ciencia” positiva.” Según Scheler, (1925) existe una jerarquía de estos tres fines


supremos: “en el saber de salvación, es fundamento supremo de las cosas, sabiéndose a si mismo y sabiendo el mundo en nosotros y por nosotros. Una reflexión para el análisis e interpretación, que espiritualmente puede ejercitarse, como acción educativa y educadora.

6. La espiritualidad en la educación se enriquece con SAN OSCAR ROMERO. Está muy bien ejemplificada en este párrafo que, desde la visión de Jon Sobrino, ilustra bellamente con algunas ideas testimoniales de San Oscar Arnulfo Romero, San Romero de América. Dice: Al mencionar la honradez hacia la verdad, el amor, la esperanza y la fe, Monseñor Romero, Arzobispo de San Salvador, con su trabajo, su testimonio y su vida, experimenta la espiritualidad. Espíritu de Fortaleza: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor. Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y pasa ser su voz. “(11.11.1979). Más adelante apunta: “En lo personal, he sentido mucho agradecimiento por la bonita carta de las vendedoras del Cine México. Mandaron una aportación económica según sus pobrezas y dicen: “Reciba nuestras felicitaciones y que Dios siempre lo ilumine para seguir adelante en su empeño y amor en esta lucha por el pueblo salvadoreño.” Además otra idea-testimonio: Espíritu de empobrecimiento: “A mi me toca ir recogiendo atropellos, cadáveres y todo eso que va dejando la persecución.” (19.6.1977). Otro testimonio: “El día que las fuerzas del mal nos dejaran sin esta maravilla (la radio), de que ellos disponen en abundancia y a la iglesia le regateara hasta lo último, sepamos que nada malo nos han hecho." (27.1.1980) Pero esta expresión testimonial es contundente para la reflexión en torno a la espiritualidad de la que hablamos: Espíritu de creatividad: “Si alguna vez nos quitaran la radio, nos suspendieran el periódico, no nos dejasen hablar, nos mataran a todos los sacerdotes y al obispo también, y quedaran ustedes un pueblo sin sacerdotes, cada uno de ustedes tiene que ser un mensajero, un profeta.” (8.7.1979) Ilustremos ahora el espíritu de solidaridad: “Sería triste que en una patria donde se està asesinando tan horrorosamente, no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el signo de una iglesia encarnada en los problemas del pueblo. “ (24.6.1979). Estas hermosas palabras resumen la síntesis de la espiritualidad en San Oscar Romero. Espíritu de Gozo: “Un cristiano siempre debe alentar en su corazón la plenitud de la alegría. Hagan la experiencia, hermanos. Yo he tratado de hacerla muchas veces y en las horas más amargas de las situaciones, cuando más arrecia la calumnia y la persecución. Unirme a Cristo, el amigo, y


sentir una dulzura que no la dan las alegrías de la tierra. La alegría de sentirse íntimo de Dios, aún cuando el hombre no lo comprenda a uno. Es la alegría más profunda que puede haber en el corazón.” (20.5.1979). Esta espiritualidad relacional, honesta con lo real, de fidelidad a la realidad y a la verdad, constituye uno de los nucleos educativos y educadores que tiene y debe ser el mundo de la educación desde una espiritualidad radical, total. Desde una visión filosófico-política, Max Scheler (1925), ofrece esta idea que compagina con lo expresando: “Sólo por un camino puede hoy la democracia salvarse a si misma de la dictadura y salvar al mismo tiempo los bienes de la cultura y de la ciencia: Limitándose a sí misma, poniéndose al servicio del espíritu y de la cultura.”. Y reconoce que cultura es, pues, una categoría del ser, no del saber o del sentir. Porque “en cierto sentido, el alma humana es todo, dice la famosa frase de Aristóteles. Scheler. Alemania. (1925). San Oscar Romero lo lleva su magisterio a un servicio que es entrega total.

7. La espiritualidad de la educación, la encontramos en los escritos del PAPA EMERITO BENEDICTO XVI. Se puede interpretar desde su profundo pensamiento filosófico y teológico, debido a que la espiritualidad es todo el hombre y todos los hombres de manera integral. El pensamiento, el pensar es parte fundamental de su espiritualidad: “en muchos ambientes no se pregunta ya hoy qué piensa el hombre. Se tiene ya presto un juicio sobre su pensamiento porque se lo puede catalogar con una de las correspondientes etiquetas formales: conservador, reaccionario, fundamentalista, progresista, revolucionario. La catalogación en un esquema formal basta para hacer superflua la comparación con los contenidos. Lo mismo puede verse, de una manera más nítida aún, en el arte: lo que expresa una obra de arte es del todo indiferente; pues exalta a Dios o al diablo; el único criterio es su ejecución técnico-formal. Con ello hemos llegado al punto verdaderamente candente de la cuestión: cuando los contenidos no cuentan ya, cuando predomina una mera praxiología, la técnica se convierte en el criterio supremo. Pero esto significa que el poder se convierte en la categoría que lo domina todo, sea revolucionario o reaccionario. Esta es precisamente la obra perversa de la semejanza con Dios, de la que habla el relato del pecado original: el camino de una mera capacidad técnica, el camino del puro poder y el abuso de un ídolo, y no una realización de la semejanza con Dios. Lo específico del hombre en cuanto hombre consiste en interrogarse no sobre el “poder”, sino sobre el “deber” como apertura a la voz de la verdad y sus exigencias. Ese fue, a mi entender, el contenido último de la búsqueda socrática, y ese es también el sentido más profundo del testimonio de todos los mártires: ellos atestiguan la capacidad de verdad del hombre como límite de todo poder y garantía de su semejanza divina. Justamente en este sentido, los mártires son los grandes testimonios de la conciencia; de la capacidad concedida al hombre de percibir, más allá del poder, también el deber, y por tanto de abrir el camino al verdadero progreso, a la


verdadera ascensión.” Joseph Ratzinger, en su obra “La Iglesia: una comunidad siempre en camino.”(Italia, 1991), reflexiona el tema de la conciencia, como aparte de la espiritualidad en la educación, toda vez que, hoy los actos individuales y sociales generalmente son aceptados desde una “toma de conciencia personal”, sin que ello implique el reconocimiento del actuar. Actos diversos, particularmente aquellos que violentan a la persona humana en su dignidad. “La conciencia es la ventana que le abre al hombre la contemplación de aquella verdad universal que nos funda y nos sostiene a todos nosotros, haciendo posible de ese modo, a partir de su común reconocimiento, la solidaridad del querer y de la responsabilidad.” “La conciencia es la apertura del hombre al fundamento de su ser, la posibilidad de percibir lo que hay de más elevando y esencial.” Contrariamente a esta idea fuerza muy esclarecedora, el mundo en general tiene otra idea de la conciencia, que Ratzinger expresa como conciencia del liberalismo. Dice: “En esta concepción, la conciencia parece ser la concha de la subjetividad, en la que el hombre puede huir de la realidad y esconderse de ella. La conciencia no abre el camino liberador de la verdad, que no existe en absoluto o es demasiado exigente para nosotros. La conciencia es la instancia que nos dispensa de la verdad; se transforma en la justificación de la subjetividad, que no admite ser cuestionada, lo mismo que en la justificación del conformismo social, que como mínimo común denominador entre las diversas subjetividades tiene la función de hacer posible la vida en la sociedad. El deber de buscar la verdad desaparece, como desaparecen las dudas sobre las tendencias generales predominantes en la sociedad y sobre todo, cuanto en ella se ha trocado en costumbre. Basta estar convencido de las propias opiniones y adaptarse a las de los demás. El hombre queda reducido a sus convicciones superficiales y, cuanto menos profundas, tanto mejor para él. Una firme convicción subjetiva y la consiguiente falta de dudas y escrúpulos no justifican en absoluto al hombre.” En contraste con esta actitud deshumanizadora, surge el tema de la culpa, que Ratzinger lo plantea así: “El sentido de la culpa, la capacidad de reconocer la culpa, pertenece a la esencia misma de la estructura psicológica del hombre. El que no es capaz de percibir la culpa está espiritualmente enfermo, es “un cadáver viviente con máscara de teatro.” Son los monstruos, entre los brutos, los que no tienen sentido alguno de culpa.” Por otro lado y desde la verdad que nos hace libres, dice Ratzinger : Todos los hombres tienen necesidad de sentido de culpa.” La espiritualidad en la educación es esencialmente, educar para promover y fortalecer el sentido de la culpa, cuando en ocasiones los niños y los jóvenes reconocen su actuar negativo y corrigen su actuación, con el reconocimiento del error, de la culpa y luego de la reparación. Esa espiritualidad en el hogar y en escuela son fundamentales desde una educación para la espiritualidad. No se trata de regresar al látigo que corrige, sino a un diálogo fecundo, que busca el ejercicio de la toma de conciencia, el reconocimiento del error y la posibilidad del bien, de anteponer el bien común, sobre el individual. La espiritualidad en la educación, es ante todo, un crecer en la verdad, aunque


ésta afecte su propio “yo”, su bienestar personal. Esta idea central de este estudio justifica plenamente el presente tema.

8. La espiritualidad según Fernando Quesada (Costa Rica). Pensar en la espiritualidad de la educación es pensar en la espiritualidad del educador, que es, el agente principal del hecho educativo. No sólo de la educación formal. Se incluye en el término educador a los padres de familia, a los diversos hombres y mujeres que en los diversos campos de la sociedad desarrollan ciertos aspectos que facilitan el aprendizaje de niños y adultos. Pero sin duda alguna, son los educadores, profesionales de la educación que hacen de su vida, de su profesión, una permanente y constante atención a sus estudiantes, para quienes la espiritualidad, es decir, la vocación de servicio es una exigencia, un reto y un desafío constante y permanente. En la Obra” Una espiritualidad laical para América Latina” (1995), el Licenciado Fernando Quesada Rojas, de Costa Rica, desarrolla una profunda reflexión que es fundamental en este breve estudio. El estudio se enmarca en una apreciación general del continente: “En nuestro continente, a pesar de los esfuerzos y logros de paz es cada vez mayor la fuerza que va marginando al Dios de la Vida y se van entronizando otros dioses y señores supremos. El poder económico, el consumismo, el narcotráfico, la mentira… son expresiones de esos dioses de la muerte que en definitiva niegan al Dios de la Vida. En términos de Santo Domingo, Conferencia General del Obispado de América Latina, CELAM, (1992) los dioses de la muerte se manifiestan como: “El empobrecimiento y la agudización de la brecha entre ricos y pobres golpean de modo grave a las grandes mayorías de nuestros pueblos debido a la inflación y reducción de los salarios reales y a la falta de acceso a servicios básicos, al desempleo y al aumento de la economía informal y de la dependencia científico-tecnológica (SD 199). “ Luego agrega: “Se asiste a un deterioro creciente de la dignidad de la persona humana. Crece la cultura de la muerte, la violencia y el terrorismo, la drogadicción y el narcotráfico. (SD235)” Un breve comentario, obliga a reconocer que, escrita esta descripción en 1992, hace 28 años, está vigente y aún es más dramática. Es precisamente ese marco referencial al que alude Jon Sobrino cuando señala, lo relacional, la honestidad con lo real, la fidelidad con la realidad, la verdad, que hace la espiritualidad una opción personal y comunitaria. Continúa Fernando Quesada y apunta: “El educador tiene entre sus manos educandos, programas, procesos de aprendizaje-enseñanza, materiales, reuniones, evaluaciones, padres de familia, compañeros… ¿Qué ocupa el centro de todo eso? ¿Cuál debe ser el eje central de nuestra vida y de nuestra acción educativa?” Interrogantes para la reflexión en el marco de la espiritualidad de la educación. Aquí incluye una frase muy profunda: “Un educador que no tiene como objetivo fundamental la opción por la vida, no merece llamarse maestro.”. Esta afirmación lleva a considerar que la espiritualidad es un compromiso, es un estado de gracia, una actitud que se va consolidando con el paso de los años y de la práctica concreta, de una educación que es mediación para la realización plena de la persona humana. Estamos comprometidos a concretar lo que Fernando Quesada llama: “La liberación de toda servidumbre y opresión es el proyecto irrenunciable de Dios para la humanidad.” La espiritualidad en educación es, entre otras cosas, liberar al hombre y a la mujer de situaciones de injusticia, como apunta San Oscar Romero, nuestro Santo de América. Pero Quesada va aún más lejos cuando apunta: “El educador, por la misión específica que tiene de facilitar la formación de hombres y mujeres, debe reunir una mística y una espiritualidad muy especiales. Cumplir fielmente con misión


de “forjar hombres libres, seguidores de la Verdad, ciudadanos justos y leales, y constructores de paz”, va más allá de los procesos de aprendizaje. El cristiano educador vive su profesión como una vocación prestando su vida a Dios, el gran educador de su pueblo. Nosotros los educadores somos los humildes colaboradores de nuestro Dios que va educando a su pueblo.” Esta idea fuerza que Fernando Quesada ubica perfectamente la espiritualidad de la educación, a partir de la experiencia de la espiritualidad del educador. Si bien es cierto que la educación, es un instante que dura toda la vida, según ciertas afirmaciones de la UNESCO, ese instante es vital, porque es la interrelación del hombre y de mujer con su entorno. En la medida que se tiene conciencia de todo lo que es capaz de provocar en el ser interno, en su individualidad y su personalidad, esa mediación hace crecer, fundamentalmente si está con los referentes a los valores que humanizan y personalizan, para así vivir plenamente en el transitar hacia el anhelo a la felicidad, en el compartir, en el admiran, y sentirse cada vez más humano. Por ello dice Quesada: “ Aunque enseñe con claridad y elocuencia, si no amo a mis alumnos, no soy educador. Soy un tambor que resuena o un platillo que hace ruido. Aunque tenga los más profundos conocimientos de la materia que enseño, y domine las técnicas de trabajo en grupo, o defina mis objetivos en términos de conducta de procesos, si no amo a mis alumnos, de nada sirve.” Aquí la espiritualidad de la educación cobra su sentido más profundo, porque ésta debe propiciar el amor y el amor es un sentimiento, una actitud totalmente espiritual. No se ve, no se siente, no se palpa, pero sabemos que si es cierta, en una mirada, en un saludo, en un “qué bien está hecho”. Lo sabes hacer. Continúa Quesada: “Aunque compre materiales con mi propio sueldo, participe en todos los consejos de profesores, prepare planes semanales y nunca falte a clases, si no amo a mis alumnos de nada sirve. El educador que ama es paciente, es bondadoso, no se enoja con los alumnos lentos, ni se jacta de sus conocimientos. Es justo con todo. Afronta con valentía las difíciles condiciones de aprendizaje de nuestro sistema.” Luego de una riqueza que no es posible compartir en su totalidad concluye la espiritualidad de la educación en la persona del educador cuando resume: “De manera que contamos con la fe en nuestros propios conocimientos y técnicas, con la entrega total de nuestra profesión; y con el amor hacia los alumnos. De estos tres aspectos, el más importante es enseñar con amor. Seguid el método del amor.” Fernando Quesada. Costa Rica. (1995).


9. La espiritualidad en San Jerónimo Emiliani. El Padre José Antonio Nieto Sepúlveda crs, en su mensaje del 7 de febrero de 2020 señala: “Según la profunda formulación de la carta a Efesios, por la fe y el bautismo somos obra de Dios, “creados en Cristo Jesús para las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que las cumpliéramos.” (Efesios 2,10) Ésta es la perspectiva neotestamentaria en la que hay que colocar lo nuclear de la espiritualidad de San Jerónimo: cuanto más crezcamos en la comunión con Cristo y vivamos en Cristo, cuanto más abramos el corazón al amor de Dios, que nos hace partícipes de la vida del Señor resucitado, tanto más desearemos realizar el plan de Dios, que nos creó para la buenas obras, las obras que ya manifiestan desde ahora, incluso con las limitaciones que conlleva nuestra existencia terrena, la bondad de la salvación escatológica; y ese deseo hará que los bautizados se comprometan con todo aquello que concierne al bien de la persona, a sus necesidades vitales fundamentales, a su formación integral, a su promoción social y cultural y a su dignidad humana. Todo cuanto hagamos en bien de esos hermanos más pequeños de Cristo se lo estaremos haciendo al mismo Cristo. Cuanto más nos entreguemos a Cristo, como hizo San Jerónimo, más crecerá el ardor por la “obra santa” de servir a los pobres.”La espiritualidad en la educación desde los principios inspiradores de la devoción, la caridad y el trabajo, herencia de una visión del mundo, de la vida, y del ser humano, propuesta por San Jerónimo Emiliani, constituyen por si mismos una práctica valorativa, al acompañar los proyectos educativos con los alumnos que buscan los centros educativos de la congregación Somasca. Con una práctica pedagógica caracterizada por la promoción experencial de esos principios, se fortalece la educación integral, que subraya lo espiritual en el trabajo que dignifica y permite la realización de la persona. La devoción que permite el desarrollo del sentido profundo de un ser superior, Jesús crucificado, resucitado y misericordioso, creador de cuanto existe y la actitud del hombre y de la mujer frente al misterio de ese Dios que es amor y de reconocimiento desde la humildad de su condición humana y limitada. Y la caridad que permite gestos de solidaridad en toda dimensión al otro, a los otros, especialmente los más necesitados. Esta espiritualidad en la educación se ve en las acciones concretas motivadas por su proyecto educativo, que aspira sea apropiado en todas sus dimensión dentro y fuera del ámbito educativo. Finalmente la práctica docente de los profesores que planifican, desarrollan y evalúan los aprendizajes desde esas tres características, que conducen a mejorar la perspectiva de la formación humana integral.


10. El Doctor Ovidio D Angelo Hernández (Cuba), respecto a la espiritualidad en la educación, en su brillante estudio “Etica, espiritualidad y valores: incitación al debate”, expone con una sencillez, lucidez y realismo este tema que tanto apasiona, cuando al ir profundizando más, más se ve su respuesta al “problema de la educación”, desde la reconstrucción de una nueva humanidad. Dice Angelo Hernández, con su experiencia vivencial en la República de Cuba, una país que sorprende en sus avances extraordinarios en materia de educación y salud. “Esta sociedad promotora de valores humanos, claro está, debe poner en primer plano su dimensión espiritual. Podemos entender por espiritualidad “un conjunto de ideas, valores éticos y políticos, ideales, sentimientos, opciones…. que inspiran el compromiso con una causa liberadora (Girardi Giulio). El tema de la espiritualidad nos lleva también a una visión de trascendencia y de comunidad. De integración cósmica y terrenal. A la comprensión del individuo como totalidad del sentir, pensar, hacer y ser, en comunión con los otros, encarnación del espíritu de su época, del “alma” humana universal, nacional, del “amor que construye…., que es fuerza individual y colectiva (Arce Valentín, R 1996). Este sentido de la espiritualidad integra la formación de la identidad en la dimensión de lo cultural y de la religiosidad humana o divina. Religiosidad como resultado de la comunión de totalidad e individualidad, expresión amor, esperanza, aspiración de un futuro mejor. Religiosidad por tanto, “proveedora de virtud”, como en Martí, “unidad inseparable entre lo religioso, lo ético y lo político”, basada en el amor, paz, justicia, solidaridad y dignidad humana. La espiritualidad aportadora a la Identidad personal, cultural, nacional, universal, ¿sería entonces, la referencia a la condición misma del ser individual y social, consistencia y coherencia expresada en la construcción de sus valores esenciales y en los modelos de hacer que definen la dinámica de la cultura. Sobre esta base, la educación en valores tendría que orientarse a un carácter universalista-contextualista, basada en el amor, no en el odio, en la tolerancia constructiva y en la positividad, en una opción crítica y liberadora por los marginados, los pobres, por los oprimidos, hacia el enriquecimiento humano.

+ NOTICIAS Cierre del curso de Seminario, para el presente ciclo. Siendo este un año atípico, derivado a las circunstancias de contingencia no podemos hacer el cierre en nuestras aulas con una puesta en común, sin embargo, creemos que el trabajo hecho desde casa con los padres de familia fue excelente. Gracias por su apoyo en el proceso de “Estudio de Caso” que tiene como finalidad principal reflexionar acerca de una correcta alimentación. Extendemos nuestro agradecimiento a nuestras autoridades educativas, y especialmente a nuestra supervisora de área por motivarnos a seguir haciendo nuestro trabajo con excelencia. Motivamos a la promoción 2020, para que sean profesionales con conciencia social y a donde vayan sean agentes de cambio y se hagan notar a través de la gracia del espíritu santo, siendo testimonio de los principios devoción, caridad y trabajo.


11. La Espiritualidad en la educación desde la visión maya-Quiché. Es muy lamentable que el sistema educativo guatemalteco, aún no logra, después de 24 años que se firmaron los acuerdos de paz, desarrollar estrategias educativas que faciliten una mayor comprensión de los guatemaltecos, de la necesidad de estudiar la interculturalidad. Hay algunos esfuerzos, pero muy débiles. Entre otros factores, la resistencia a conocer, identificar y admirar, como consecuencia, la cultura maya en sus diversas manifestaciones. Es admirable la vivencia existencial de los grupos étnicos que mantienen y fortalecen su visión, su cosmovisión, pero es muy fuerte, con los medios tecnológicos y la globalización, la destrucción cada vez más de la riqueza de su cultura particularmente con la “contaminación” de visiones occidentales, que, desde la conquista, colonización y posterior “vida independiente”, reducen a un cierto folklore con intereses económicos. La historia registra cómo las poblaciones mantienen elementos culturales y por supuesto, interpretaciones de una espiritualidad extraordinaria. Por ejemplo, el escritor, historiador y filósofo salvadoreño, radicado en Guatemala, catedrático e investigador universitario José Mata Gavidia en su tésis (1950) apunta: “Los existentes maya-quichés son antes que nada los seres humanos. A ellos hacen referencia las cosas, y los otros seres animados, y aún sus propios dioses son una perspectiva analógica de la naturaleza humana. De suerte que, para hacer mostración del que llamamos existente maya, el hombre según el Popol-Vuh, es menester traer a escena así a los dioses y sus modos de ser, como también hacer presentación del mundo o natura, o cosmos animista del Popol-Vuh, con todo el ropaje anímico con que se cubre la intuición que de él revelan las páginas del libro de la Comunidad Quiché. Apoyados en sus concepciones de lo divino y de lo terreno, tendremos para el ser maya-quiché situado frente a los dioses y afrente al mundo, el asidero para ayudarnos a llegar hasta el ser de los existentes según lo concebían.” Mata Gavidia, José. (1950). Este admirable educador, divide este estudio, que denomina “Dios y Cosmos”, en dos momentos: Intuición de los divino e Intuición del mundo. “Cuando el Popol-Vuh se asoma al universo, trata de describir la naturaleza de los dioses, y les hace actuar, aunque está haciendo una analogía antropológica al concebir los dioses a imagen y semejanza de los hombres –si bien el texto del Popol-Vuh dice lo contrario-, en realidad lo que acomete es nada menos que plantearse una solución metafísica al problema profundamente humano del Ser Supremo, de Dios, mostrando una interpretación de cómo los quichés sentían a Dios, -de cómo lo comprendían como existente-, que el Popol-Vuh no presume tratar de ficciones, sino de realidades, aun siendo éstas, como el problema de Dios, trascendentes. Las deidades mayas son por lo general duales, presentan su existencia en intima coexistencia, y una misma atribución suele ser patrimonio de dos dioses: El Creador y el Formador. La engendradora (Alom) y el Engendrador (Qaholom), la diosa-abuela (Ixmucané) y el dios abuelo (Ixpiyacoc). Su acción


es siempre conjunta. Su atribución divina es la acción, que llega a su máxima perfección el crear y formar. Una marcada modalidad espiritual de lo divino es la sabiduría omniintuitiva de los dioses “de grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza.” Pero la acción divina no se manifiesta ni actualiza, sino previa una condición, la de que sea la acción conjunta y mediante la palabra es el fac totum divino.” Mata Gavidia en su interpretación, fruto sin duda alguna, con la excelente traducción que realizó en su practica, del Popol-Vuh, dice lo siguiente: “los dioses del Popol-Vuh son distintos entre sí, distintos de los hombres, pero todos ellos y la naturaleza y el hombre mismo forman una comunidad de vida, comunidad existencial, que hace de cada uno un punto sin el cual no tendrían sentido los otros. Sin dioses, no tendría sentido la existencia de los quichés; sin éstos, no podrían existir sus dioses, ni ambos, dioses y hombres, tendrían sentido sin mundo locativo existencial. Dioses y hombres son en el Popol-Vuh verdaderos copartícipes, co-operantes. La naturaleza en el Popol-Vuh es el mundo físico, el mundo animal, el mundo existencial. El mundo para el maya-quiché es un cosmos, y por ende ordenado, en el cual cada cosa, cada ser tiene su razón de hacer. Los estratos de ese cosmos, están bien delimitados y es por ello que en la nación quiché todo concuerda en armoniosa organización con el ser del mundo. La sistematización de oficios, los ceremoniales, minuciosos en los actos, tanto en los más importantes de la vida del existente quiché: nacimiento, pubertad, matrimonio, muerte; o en los más sencillos del quehacer diario, son un eco de ese orden cósmico, que sus sabios y sacerdotes se afanan por ritualizar, a más de buscar sentido a los fenómenos naturales catalogados bajo el signo del tiempo en códices y calendario y en sus observaciones, cuyos resultados van capturando poco a poco los secretos de ese orden de la naturaleza.” Mata Gavidia, Guatemala. (1950). Se conoce por lo estudios elementales que se encuentran en los aspectos declarativos de currículo nacional base del sistema educativo, Mineduc (2004). Allí se oficializa este estudio, aún muy débil, se conoce que la educación en los pueblos mayas era asistemática, se aprendía en el hogar, en la casa, en el trabajo y todo el mundo del conocimiento, las habilidades y destrezas y por supuesto, la espiritualidad se “mama” en el seno familiar. “en cierto tipo de sociedades hay un estadio de su desarrollo en el cual la religión y la ciencia, la diversión y el culto, el arte y el rito, la oración y la danza se entremezclan porque lo religioso-ritual lo invaden todo. El Popol-Vuh está plagado de prescripciones para mejor lograr mágicamente la reproducción de la vida natural y humana. No es una “ciencia” abstracta, teórica; es un saber de vida. La obra pues, tiene un fin pedagógico. Si son sencillos los sucesos que narra; si son “ingenuos”, los planteamientos de los problemas en que se ven involucrados los personajes, no porque sean producto, como creía el mismo Fray Francisco Ximénez, su descubridor, de una mentalidad infantil, poco desarrollada intelectualmente. Se trataba de que los jóvenes que se iniciaban en los secretos de la cultura, tuvieran todas las facilidades para entenderlos.” Rafael Rodríguez Díaz. Ensayos sobre el Popol-Vuh. Guatemala. (2001). Todas estas consideraciones y reflexiones de los especialistas consultados, ilustran de manera extraordinaria, el pensamiento, la visión, la espiritualidad de los maya-quichés, que antes y ahora, mantienen con asombrosa vivencia, a pesar de los enormes empujones que la globalización, la invasión cultural, la religión y el sistema económico imperante, lleva a su total extinción. Un ejemplo entre tantos, los migrantes, jóvenes en su mayoría que buscan su destino en los Estados Unidos de Norte América, con todo lo que ello significa. La espiritualidad en la educación de los maya-quichés está vigente y con su riqueza valorativa: la madre naturaleza, la cosmovisión, el respeto a los mayores, el cuidado del ambiente, el bilingüismo, son criterios


que contribuyen a mejorar las condiciones de vida del planeta, incluyendo a la humanidad. Pero lamentablemente aún queda mucho camino por recorrer.

12. La espiritualidad en la educación desde el magisterio de la Iglesia católica se encuentra en: San Pablo VI, San Juan Pablo II y Papa Francisco. Magistralmente, desde la espiritualidad, entendida como práctica concreta de valores, educa para comprender mejor al ser humano y comprenderse a sí mismo, en toda su dimensión espiritual e histórica. Por ejemplo en la Encíclica Redemptor hominis, El Redentor del hombre (1979), se encuentra la siguiente reflexión: “al anunciar la verdad que no proviene de los hombres sino de Dios (“mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado”, esto es del Padre), incluso actuando con toda la fuerza del espíritu, conservan una profunda estima por el hombre, por su entendimiento, su voluntad, su conciencia y su libertad. De ese modo la misma dignidad de la persona humana se hace contenido de aquel anuncio, incluso sin palabras, a través del comportamiento respecto de ella. Tal comportamiento parece corresponder a las necesidades particulares de nuestro tiempo. Dado que no en todo aquello que los diversos sistemas y también los hombres en particular ven y propagan como libertad, está la verdadera libertad del hombre, tanto más la Iglesia, en virtud de su misión divina, se hace custodia de esta libertad que es condición y base de la verdadera dignidad de la persona humana. Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: “Conoceréis la verdad y la verdad os librará”. Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: La exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy después de dos mil años Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que lo limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia.” San Juan Pablo II, Redemptor Hominis, Roma, (1979). La espiritualidad en la educación, se enriquece con esta otra cita textual de la misma Encíclica: “Todo hombre, en toda su irrepetible realidad del ser y del obrar, del entendimiento y de la voluntad, de la conciencia y del corazón, en su realidad singular (“porque es persona”), tiene una historia propia de su vida y sobre todo una historia propia de su alma. El hombre que conforma a la apertura interior de su espíritu y al mismo tiempo a tantos y tan diversas necesidades de su cuerpo, de su existencia temporal, escribe esta historia suya personal por medio de numerosos lazos, contactos, situaciones, estructuras sociales que lo unen a otros hombres; y esto lo hace desde el primer momento de su existencia sobre la tierra, desde el momento de su concepción y de su nacimiento. El hombre es la plena verdad de su


existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social –en el ámbito de su propia familia, en el ámbito de la sociedad y de sus contextos tan diversos, en el ámbito de la propia nación, o pueblo (y posiblemente sólo aún del clan o tribu), en el ámbito de toda la humanidad.” Redemptor hominis. Con esta bella y hermosa explicación se puede deducir una espiritualidad que fortalece una educación profundamente humana, personalista y valorativa, que busca la felicidad y la realización plena del hombre y de la mujer. 13. Al seguir el hilo conductor de este trabajo, la espiritualidad en la educación se fundamenta en los hechos concretos y testimonio de quienes viven, dan lo que tienen y se entregan por la experiencia de los valores, quizá el más exigente: la verdad. El Obispo Juan Gerardi Conedera, coordina una acción efectiva que busca la verdad de los hechos ocurridos durante el conflicto armado interno en Guatemala. Se llama Proyecto Recuperación de la memoria histórica, REMHI. Este proyecto fue presentado el 24 de abril de 1998 en la catedral metropolitana y 48 horas después, es asesinado brutalmente en el parqueo de su parroquia, San Sebastián, zona 1 de ciudad capital. En qué consistía y porqué se incluye en esta reflexión, lo podemos visualizar en las palabras pronunciadas por el propio Obispo Juan Gerardi: “ Estamos llamados a reconciliar. La misión de Jesús es reconciliadora. Su presencia nos llama a ser reconciliadores en esta sociedad quebrada, tratando de ubicar víctimas y victimarios dentro de la justicia. Hay gente que murió por un ideal. Y los verdugos fueron muchas veces instrumentos. La conversión es necesaria, y nos toca abrir los espacios para estimularla. No se trata de aceptar los hechos simplemente. Es menester reflexionar y recuperar los valores. Queremos contribuir a la construcción de un país distinto. Por eso recuperamos la memoria del pueblo. Este camino estuvo y sigue estando lleno de riesgos, pero la construcción del Reino de Dios tiene riesgos y sólo son constructores aquellos que tienen fuerza para enfrentarlos. El 23 de junio de 1994, las partes que negociaron los acuerdos de paz manifestaron su convicción del “derecho que asiste a todo el pueblo de Guatemala de conocer plenamente la verdad” sobre los acontecimientos ocurridos durante el conflicto armado, “cuyo esclarecimiento contribuirá a que no se repitan las páginas tristes y dolorosas y que se fortalezca el proceso de democratización en el país”, y subrayaron que ésta es una condición indispensable para lograr la paz. Este es parte del preámbulo del Acuerdo que creé la Comisión del Esclarecimiento Histórico, que ahora también está concluyendo su importante labor. La Iglesia se hizo eco de ese anhelo y se comprometió a la búsqueda de “conocer la verdad”, convencida de que, como dijo el Papa Juan Pablo II: la “verdad es la fuerza de la paz” (Jornada Mundial por la paz, 1980). Como par de nuestra iglesia, asumimos responsablemente y en conjunto esta tarea de romper el silencio que durante años han mantenido miles de víctimas de la guerra, y abrió la posibilidad de que hablaran y dijeran su palabra, contaran su historia de dolor y sufrimiento a fin de sentirse


liberadas del peso que durante años las ha abrumado. Ese ha sido esencialmente el propósito que ha animado el trabajo que durante estos tres años ha realizado el Proyecto REMIHI: conocer la verdad que a todos nos hará libres (Juan, 8-32). Nosotros, como personas de fe descubrimos en el acuerdo del esclarecimiento histórico un llamado de Dios a nuestra misión como Iglesia: la verdad como vocación de toda la humanidad. Desde la Palabra de Dios no podemos ocultar o cubrir la realidad, no podemos tergiversar la historia ni debemos silenciar la verdad. San Pablo, hace veinte siglos, hacía una afirmación que nuestra historia reciente la ha confirmado fehacientemente: “Se está revelando desde el cielo la reprobación de Dios contra toda impiedad e injusticia humana, la de aquellos que reprimen con injusticas la verdad” (Rom,1.18). La verdad en nuestro país ha sido torcida y acallada. Conocer la verdad duele pero es, sin duda, una acción altamente saludable y liberadora. Los miles de testimonios de las victimas, los relatos de los crímenes horrorosos son la actualización de la figura de “Siervo sufriente de Yahvé”, encarnado en el pueblo de Guatemala: “Mirad a mi siervo –dice Isaías-, muchos se espantaron de él, desfigurado no parecía hombre, no tenía aspecto humano… Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, nosotros lo estimamos leproso y herido de Dios…” (Is.52.13-53,4). La actualización y memoria de estos hechos dolorosos nos confrontan con una palabra original de nuestra fe “Caín, ¿Dónde está tu hermano Abel? No sé contestó. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano? Replicó Yahve: ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar desde el suelo hasta mí” (Gén, 4.9-10). Discurso pronunciado por Monseñor Juan Gerardi y Conedera, el viernes24 de abril de 1998 a las cuatro de la tarde, al entregar el informe al pueblo guatemalteco en Catedral. 48 horas después, fue vilmente asesinado en la casa parroquial de San Sebastián, de la ciudad de Guatemala. Un largo proceso jurídico llevó a la condena de cuatro personas: tres militares y un sacerdote. Esta página de la historia guatemalteca ilustra cómo la búsqueda de la verdad lleva, a quienes se comprometen hasta la muerte. La espiritualidad en educación facilita momentos de reflexión para contribuir en la formación espiritual e histórica de niños y jóvenes que se educan su hogar y en la escuela. Teóricamente Octavi Fullat señala que: “Estar históricamente en el mundo implica escoger en función de aquello que proporciona sentido a la acción, trátese de una revolución, o bien simplemente de engendrar a un descendiente. La historia es invención, decidida según el sentido proporcionado por opción razonable. La historia transmite sentido, valores, y engendra igualmente sentido. La entrega hasta la propia vida, como constatamos en Romero y en Gerardi, cobra sentido y se comprende espiritualmente, desde una educación crítica su testimonio.


14. La paz es un valor y un anhelo del ser humano. Es la búsqueda de la felicidad. Pero no una paz de cementerio, sino una paz con justicia social para todos. Esta visión de la espiritualidad de la educación, se concretiza en un importantísimo y poco reconocido trabajo del Obispo católico, a quien la Universidad de San Carlos de Guatemala, le confiere el Doctorado Honoris Causa. Oportunidad en la que el Cardenal Quezada Toruño expresa lo siguiente: Deseo señalar que la causa por la justicia y la paz ha sido plenamente asumida por la Iglesia en su servicio al hombre, particularmente el más necesitado, en una opción medularmente evangélica que compromete a la Iglesia a hacer suya la predilección de Cristo por lo pobres. Ser sembradores de justicia y de paz significa defender la dignidad radical de todo hombre y de toda mujer. La Iglesia, cuya misión es carácter religioso y no social o político, no puede menos de considerar al hombre en la integridad de su ser según lo concibe desde su fe: el hombre es una criatura de Dios, creado a su imagen y semejanza, dotado de una capacidad radical para conocer la verdad y de una voluntad libre para amar el bien, redimido además por la sangre de Cristo, un ser único e irrepetible llamado a realizarse plenamente como persona en el marco de su vida personal, familiar y social. Frente a otros humanismos frecuentemente cerrados en una visión del hombre estrictamente económica, biológica o psíquica, la Iglesia tiene el derecho y el deber de proclamar la verdad sobre el hombre que ella recibió de su Maestro Jesucristo. (Juan Pablo II). La participación de la sociedad civil en el proceso de paz tuvo el mérito de fijar toda la temática sustantiva que habría de tratarse en las negociaciones. Desde el primer momento, con la Universidad comprendimos que el proceso de paz no podría encaminarse únicamente a pactar operativo militares para concluir el enfrentamiento armado interno, como algunos hubieran querido. Para que la paz fuera firme y duradera, la paz debía comprender también, como paso previo, una serie de acuerdos políticos destinados a sentar la bases para superar las causas que había provocado el conflicto. Nació así un concepto más rico y dinámico de lo que es la paz, y logró configurarse paulatinamente un proyecto de nación. También es de justicia tener presentes los valiosos aportes que en esta línea de compromiso formularon diversos sectores sociales a una con la Universidad y otras instituciones. Tratemos de defender juntos al hombre mismo, cuya dignidad es seriamente conculcada o amenazada. La Universidad que por vocación debe ser una institución desinteresada y libre, se presenta como una de las pocas instituciones capaces de defender con la Iglesia al hombre por si mismo sin subterfugios, sin otro pretexto y por la sola razón de que el hombre posee una dignidad única y merece ser estimado por si mismo. No son palabras mías. Son palabras del Papa Juan Pablo II dirigidas a los universitarios centroamericanos desde Guatemala 1983. La verdadera paz, es armonía estable del hombre con Dios, consigo mismo y con los demás


hombres amados y servidos como hermanos, tiene que ser el fruto de la justicia social y de la solidaridad. Justicia y paz no son conceptos abstractos o ideales lejanos: Son valores que constituyen un patrimonio común y que están radicados en el corazón de cada persona. Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. A todo nivel, el pueblo debe considerar suyos los acuerdos de paz y exigir a su vez, que se cumplan. Aquí podemos deducir, en ésta cátedra magistral, el mensaje que lleva implícita y explicita la espiritualidad en la educación, toda vez que ella está llamada, por su propia naturaleza, a responder con las actitudes del ser humano, a orientar, promover y fortalecer los valores que son característica de esa educación.

15. El Papa francisco, al abordar la espiritualidad de la educación, en su magisterio Petrino, ha publicado varias Encíclicas y Exhortaciones Apostólicas: una de ellas: Crhistus Vivit, es de una espiritualidad extraordinaria. Estará dirigida a los jóvenes: “Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llama vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: Él vive y te quiere vivo. Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.” Los dos primeros párrafos de la este bello mensaje, tienen una gran espiritualidad para la educación, que inspira a los padres de familia y a los educadores, para desarrollar singulares acciones concretas con los jóvenes. He aquí otro ejemplo de una espiritualidad de la educación que el Papa Francisco, con la sencillez que le caracteriza, apunta dirigiéndose a los jóvenes: “Invoca al Espíritu Santo para que renueve constantemente en ti la experiencia del gran anuncio. ¿Por qué no? No pierdes nada y Él puede cambiar tu vida, puede iluminarla y darle un rumbo mejor. No te mutila, no te quita nada, sino que te ayuda a encontrar lo que necesitas de la mejor manera. ¿Necesitas amor? No lo encontrarás en el desenfreno, usando a los demás, poseyendo a otros o dominándolos. Lo hallarás de una manera que verdaderamente. Te hará feliz ¿Buscas intensidad? No la vivirás acumulando objetos gastando dinero, corriendo desesperado detrás de cosas de este mundo. Llegará de una forma mucho más bella y satisfactoria si te dejas impulsar por el Espíritu Santo. ¿Buscas pasión? Como dice ese bello poema: ¡enamórate! (o déjate enamorar), porque “nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decidas qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué hace con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera.” (Pedro Arrupe). Este amor a Dios que toma con pasión toda la vida es posible gracias al Espíritu Santo, porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5) Él


es el manantial de la mejor juventud. Porque el que confía en el Señor “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará frondoso.” (Jr 17,8). Mientras “los jóvenes se cansan y se fatigan”(Is 40.30),a los que esperan confiados en el Señor “Él les renovará las fuerzas , subirán con alas de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse". Christus Vivit. Papa Francisco.(2019). Cuánta espiritualidad se derrama en esta expresión magistral, con sencillez para la comprensión de los jóvenes, muchas veces alejados de su espiritualidad. 16. El educador , Secretario General de la CIEC, Apunta, al comentar el pensamiento del Papa Francisco, al dirigirse a los profesores les llama a la reflexión desde una espiritualidad educativa y educadora: “Por ejemplo para ser “alguien” ( es decir, para “existir” en el mundo como mercado) hay que “tener” cosas, si yo no puedo tenerlas” por las buenas” ( es decir por poseer algo que el mercado considere valiosos para ofrecer), no me quedará otra que aceptar que “no existo”, que no hay para mí ningún lugar, ni siquiera el último… o intentar tenerlas “por las malas”. Y como el mundo de la economía no se rige tanto por las necesidades reales sino por lo que es más rentable (aunque sea superfluo), habrá muchísimos que “no tienen” pero querrán “seguir siendo”. De modo que los que “si tienen”, deberán redoblar sus cuidados y multiplicar sus rejas a fin de que aquellos que fueron expulsados no traten de entrar por las ventanas… las de la sociedad… y también las de sus casas. ¿Historia conocida? Exclusión por un lado, autorreclusión por el otro, son las consecuencias de la lógica interna del reduccionismo economicista. ¿Aceptamos que estos son “los tristes laureles que supimos conseguir? ¿O nos decidiremos a sacudirnos el lastre de intranscendencia e individualismo que se nos ha ido acumulando, para imaginar y poner en práctica otra antropología? ¿Cuál será la clave para esta otra antropología? Conciencia de ciudadanos dirán algunos. Solidaridad. Conciencia de pueblo. ¿Porqué no reconducirla hacia su fuente, aunque parezca débil o romántica, y llamarla amor? Porque esa verdaderamente, es una de las claves de la dignidad trascendente de la persona.” Mg. Oscar Armando Pérez Sayago. Educación Hoy. CIEC. (2013).


17. Conclusiones. La espiritualidad en la educación se concluye con las acciones concretas que ejemplifican esta realidad, desde lo real. a. La espiritualidad de la educación es su característica fundamental. Es para el ser humano y con el ser humano, en su concepción integral. Es cuerpo y espíritu unidos, integrados. La persona humana es una sola. La educación desarrollará sus facultades biológicas, intelectuales y espirituales. Si descuida una, particularmente el cultivo de su espíritu, no es educación. b. La dignidad de la persona humana se respeta y se promociona, desde una espiritualidad de la educación, que provoca en el hombre y en la mujer las actitudes que la valoran, por medio de una práctica axiológica, como la vida, la verdad y la libertad y como consecuencia, su anhelo para liberarse de situaciones de opresión. c. La espiritualidad de la educación será posible, si desarrolla la conciencia de la persona y de la comunidad, a partir de su realidad, en una actitud de cambio personal y colectivo. d. Los antivalores como la injusticia, la mentira, la opresión, se consideran límites al desarrollo pleno de la persona humana, por lo que la espiritualidad de la educación es una actitud personal y social que debe ser desarrollada desde el horizonte del bien común. e. La espiritualidad de la educación desarrolla la conciencia crítica, para asumir posturas que promuevan cambios que requiere una sociedad injusta, en donde los bienes materiales no están distribuidos desde el bien común. La toma de conciencia hasta sus últimas consecuencias. f. De acuerdo con Juan José Arévalo, Filósofo y pedagogo, la espiritualidad de la educación promueve la idea de que ésta no es en sí misma, sino exclusiva para el hombre mismo. La educación es exclusiva del ser humano, como proceso de realización plena en sí mismo prioritariamente. g. La espiritualidad en la educación lleva a la interrogante del qué y el para qué de la educación en si misma. Y no sólo el cómo, que es proceso de aprendizaje, técnico didáctico, pero sin llegar a la profundidad del ser. h. La espiritualidad en la educación es ante todo, un crecer en la verdad, y como consecuencia descubrir en los sistemas estructurales la falta de libertad del ser humano. i. La espiritualidad en la educación promueve la generosa entrega para ser hombres y mujeres comprometidos con su historia, para liberar al otro de la opresión que le limita el ser, que violenta su dignidad como persona. j. La espiritualidad en la educación, es una realidad en el ser humano, que lo ayuda a conectar con la mística en la se desea vivir, si busca humanizarse y humanizar.


k. La espiritualidad en la educación, por ser lo más profundamente humano, sería lo que la persona tiene más de ser semejante a Dios, a su imagen, aquello en lo que más se refleja su participación de la naturaleza de Dios. l. La espiritualidad en la educación, lleva a optar por un sentido ante la historia, dar una respuesta personal a las cuestiones últimas de la existencia. m. La espiritualidad en la educación está llamada a que la persona tome conciencia de no ser otra cosa que el espíritu del sujeto, personal y grupal, en cuanto relacionado con la totalidad de la realidad. n. La espiritualidad de la educación, es ante todo, un crecer en la verdad y la justicia, aunque ésta afecte su propio “yo”, su bienestar personal, anteponiendo el bien común sobre el bien individual. o. La espiritualidad en la educación lleva a una certeza que la liberación de toda servidumbre y opresión es el proyecto irrenunciable de Dios para la humanidad. p. La espiritualidad de la educación de los maya-quichés está vigente, en su riqueza valorativa y es un referente en la formación del guatemalteco. q. Aún hay camino muy largo a recorrer para experimentar y asumir los valores culturales de la espiritualidad Maya-Quiché. r. La espiritualidad de la educación promueve la libertad que es condición y base de la verdadera dignidad de la persona humana, aún pendiente de realizar. s. La espiritualidad de la educación se comprende mejor cuando se afirma que el hombre es la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social: esto lo lleva a actitudes humanitarias irrenunciables. t. La educación de la espiritualidad indiscutiblemente lleva la reflexión de que lo que se lee, lo que se conoce, lo que rompe el corazón y lo que sobrecoge de alegría y de gratitud, es lo profundo del ser íntimo y personal. u. La espiritualidad en educación trata de una construcción multidireccional y permanente para alcanzar la comprensión de sí mismo, el mundo, la naturaleza y el cosmos. v. El método del amor, es la clave para la educación de la espiritualidad, desde la perspectiva de un proceso de enseñanza-aprendizaje para toda la vida. w. La caridad, la devoción y el trabajo, son principios orientadores que inspiran la espiritualidad de la educación en todos los ámbitos posibles. x. La espiritualidad de la educación es descubrir en su yo íntimo y personal, sus potencialidades y su sensibilidad y descubrir en el otro, la necesidad de transformar al mundo de injusticia, por otro, que dignifique a la persona en toda su integridad.


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