1 edward schillebeeckx, revelación y teología (salamanca sígueme, 1969), 189 210

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LA REFLEXIÓN CREYENTE

dogmática, ya que estudia el origen garantizado por Dios, el comienzo de un movimiento querido por él, cuya orientación original seguirá siendo siempre la instancia crítica de todo el desarrollo ulterior. En este sentido se puede llamar a la Escritura, con K. Rahner, el «hegemónikon de la dogmática» l6 . A la luz de esta breve exposición podemos concluir que frecuentemente los dogmáticos sacan a la vez demasiado y demasiado poco de la Escritura, ya que no la consultan muchas veces más que como una reserva de argumentos en favor de posturas teológicas real o imaginariamente establecidas. Deberían, por el contrario, partiendo de la fe cristiana, seguir de cerca el movimiento del Antiguo hacia el Nuevo Testamento e incluso asociarse a él; deberían seguir personalmente el movimiento de la Iglesia primitiva que, a partir de los temas del Antiguo Testamento, procura acercarse al misterio cristiano de la salvación a la luz de la encarnación. Sí, deberían dejarse arrastrar por la tendencia de la «fides quaerens intellectum», de la que tan claro ejemplo nos ofrece el mismo Nuevo Testamento.

>• K. RAHNER, Biblische Theologie: LTK 2, 449-451.

7 EL LUGAR DE LOS PADRES EN LA TEOLOGÍA *

Y

a los rabinos hablaban de la «tradición de los padres». Esto quería decir que la ley se había transmitido a la generación presente a través de la interpretación y la exposición de una serie de generaciones de doctores. La palabra «padres» lleva consigo la idea de «antiguos». En la antigüedad, el doctor, el maestro, era llamado habitualmente «padre», y el discípulo «hijo» x. También en la época patrística' los doctores cristianos eran llamados con naturalidad «padres». Al principio, este término no revestía ninguna significación particular, pero en el siglo iv empezó a adquirir un sentido bien definido en el lenguaje eclesiástico. Esta evolución se produjo en relación con el desarrollo de la idea de «tradición». Efectivamente, en este momento es cuando se realiza la distinción, en un sentido muy particular, entre la sagrada Escritura, el kerigma apostólico, y la «tradición de los padres». En cuanto a su contenido, la tradición se identificaba con la enseñanza apostólica: esta última era llamada «tradición» por el hecho de que no había llegado directamente a la generación actual por la Escritura, sino que había sido transmitida «de mano en mano» por las generaciones anteriores, que la transmitían según su propia luz, pero manteniendo con toda * Este capítulo apareció con el título Kcrkvader, en Theologisck Woordenboek, 2. Roerraond-Maaseik 1957, coi. 2768-2772. 1 Cf. por ejemplo 1 Cor 4 , 5 ; 1 Pe s, I3;.IRENEO, Adv. haer., 4, 41, 2.


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