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SALUD PARA TODOS
MAYO 2021 • Pág 36 # 31 •
Estrés, profesionales de la salud y COVID-19
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Dentro de las repercusiones más importantes de la pandemia, se encuentra el impacto a la salud mental del personal sanitario que atiende a pacientes con COVID-19, debido al riesgo de desarrollar desde trastornos psicológicos hasta enfermedades mentales. Los trastornos de ansiedad, depresivos y estrés postraumático son algunos de los efectos más frecuentes en los profesionales de salud que se encuentran en primera línea de batalla frente a este virus que conmociona al mundo entero.
Por Lic. Psic. Yannina Otero - Medicina del Estrés y PNIE, Mindfulness
Nos encontramos viviendo la pandemia más importante de los últimos tiempos: la aparición del coronavirus cambió drásticamente y en poco tiempo el modo de vida de todos. El quedarse en casa, el distanciamiento físico -que no es distanciamiento social-, y las nuevas formas de vincularse han generado una carga psicológica importante para la sociedad. La ansiedad y el miedo son las primeras reacciones que se expresan ante la incertidumbre que ocasiona el virus. Es algo que por más que queramos no podemos controlar; y esa falta de control acompañada del crecimiento exponencial de los contagios es lo que más preocupa y
genera temor en la población en general. Los individuos estamos diseñados para enfrentarnos a un mundo cambiante, nuestro organismo experimenta a diario ajustes necesarios para resolver las diversas contingencias de la vida. Hay veces que los cambios pueden ser transitorios y en otros casos pueden dar origen a modificaciones más permanentes. Este proceso de adaptación genera una dinámica conocida como estrés. Para comprender la interrelación entre estrés y salud corresponde realizar una breve definición de ambos términos. La definición más referida a salud es la indicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como aquel “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. En esta misma línea, la salud mental es entendida como “un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad”. Por otra parte, la OMS define al estrés como un “conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al individuo para la acción”; es decir, cuando las cargas superan a las resistencias del individuo, es una respuesta del organismo, adaptación a los cambios, demandas, presiones, desafíos o amenazas. Todas las situaciones cotidianas suscitan reacciones internas, pero no toda situación estresante provoca consecuencias negativas en el sujeto. Por eso, es importante mencionar que existen dos tipos de estrés: la respuesta del organismo que nos posibilita mantener una actitud alerta ante situaciones cotidianas, permitiéndonos reaccionar; y el distrés que se manifiesta cuando las situaciones desbordan las capacidades de afrontamiento del individuo, desencadenando un exceso de tensión física o mental. Ante una situación de amenaza, el individuo presenta una reacción universal (Síndrome General de Adaptación) que se describe en tres fases. La primera se denomina alarma, cuando se activan dos sistemas, el neural y el neuroendocrino. La segunda fase es la resistencia, cuando el organismo prosigue con su adaptación a las demandas del medio. Y la tercera fase es el agotamiento, determinada por una pérdida de los recursos adaptativos por parte del individuo, si las cargas superan a las resistencias y se prolongan en el tiempo. En esta etapa puede darse la aparición de trastornos psicofisiológicos. La tolerancia al estrés y su vulnerabilidad es particular de cada individuo, así como la posibilidad y las formas de afrontarlo. Ante una situación estresante, se puede responder de forma rápida (luchando o huyendo) o lenta; y es en esta última donde se presentan diversas somatologías: alteraciones digestivas, cardiovasculares, inmunológicas, ansiedad, depresión, cambios en la conducta y en el sueño, entre otras.
Burnout: efectos colaterales de la pandemia en el personal sanitario El estudio de las manifestaciones del estrés en los profesionales de la salud ha tomado cada vez más relevancia en el ámbito sanitario. En 1930, la Organización Internacional del Trabajo concluyó que los médicos constituyen uno de los grupos profesionales en los cuales el estrés y el agotamiento se presentan con mayor frecuencia, produciendo efectos psíquicos como ansiedad, depresión, enfermedades psicosomáticas y trastornos neuróticos motivados por la gravedad de sus pacientes. El estrés del médico se basa en el contacto con la patología, la enfermedad y la muerte. En el ejercicio de la medicina, el profesional se enfrenta a la incertidumbre a la hora de establecer un diagnóstico o tratamiento, siendo que el paciente consulta buscando mitigar un dolor o resolver una problemática. Esta relación con el sufrimiento supone un desgaste psicológico intenso; emitir un diagnóstico de mal pronóstico provoca en el médico ansiedad por el dolor que siente ocasionar al paciente. Otro estresor son las condiciones laborales y la calidad de trabajo: cambios organizacionales, inestabilidad laboral, multiempleo, presiones institucionales, largas jornadas, disminución del sueño nocturno, entre otras. El estrés de los profesionales de la salud representa un conjunto multidimensional de factores tanto internos (ansiedad, pérdida de autoestima, autoevaluación negativa) como externos (falta de soporte por distanciamiento, aislamiento interpersonal). Un síndrome que afecta a los profesionales de la salud es el Síndrome de Burnout, caracterizado por el agotamiento emocional, la despersonalización y la baja realización personal que puede ocurrir entre individuos que trabajan con personas, según definición de Maslach y Jackson (1986). Luego de décadas de estudio, la OMS reconoció el burnout como una enfermedad, asociada al agotamiento mental, emocional y físico causado por el trabajo. El desgaste profesional es un proceso gradual que comienza con niveles excesivos y prolongados de estrés laboral. Este síndrome se manifiesta por una sintomatología multifactorial a nivel físico, emocional, social y cognitivo. Entre ellos, podemos encontrar astenia, cefaleas, trastornos gastrointestinales, pérdida de apetito, ulceras, enfermedad coronaria, estrés, ansiedad y depresión. En el plano conductual, se manifiesta por un consumo de estimulantes como ser café, té o bebidas alcohólicas, abuso de sustancias con aumento de

MAYO 2021 • Pág 38 # 31 • ingesta de sedantes y otros psicofármacos con autoprescripción, lo que conduce a cambios en su estilo de vida, sedentarismo y mala alimentación. Los trastornos de ansiedad, depresivos y estrés postraumático son mayoritariamente los efectos más frecuentes en el personal de la salud a causa del estrés que la pandemia ha causado en el desarrollo de su vida profesional y personal. No es únicamente el riesgo biológico al que se exponen diariamente, sino también la exigencia de enfrentarse a una enfermedad hasta ahora desconocida, bajo condiciones extremas de trabajo, con largas jornadas utilizando equipo de protección personal que para muchos pareciera una barrera que dificulta la cercanía con su paciente. Las manifestaciones de tipo emocional como miedo, ansiedad, culpa, impotencia, frustración, tristeza, depresión e irritabilidad son permanentes; así como el temor constante de contagiarse o contagiar a su burbuja, y la frustración de verse rebasados por el número de pacientes, la escasez de recursos y la evolución de la enfermedad. Dentro de las manifestaciones cognitivas encontramos dificultad para concentrarse y tomar decisiones, confusión y negación; mientras que a nivel conductual se manifiesta incomodidad por el uso obligatorio de los medios de protección individual, cefaleas, mareos, dificultades respiratorias, molestias gastrointestinales, dolores musculares, insomnio, trastornos alimenticios y del sueño, hiperactividad, llanto incontrolado, dificultad para descansar y desconectarse del trabajo y consumo de sustancias. La crisis por el COVID-19 es un momento de enseñanza. El caos y la incertidumbre exigen un enfoque y una búsqueda de oportunidades. Debemos comprender que el profesional de la salud no es un superhéroe, tiene los mismos miedos y limitaciones que cualquier ciudadano. Conductas ciudadanas oposicionistas y negadoras ante una pandemia mundial generan más estrés en el personal, dado que uno de los mayores temores es llegar al colapso sanitario. Entonces, ¿con qué recursos pueden contar los profesionales de la salud para poder sobrellevar esta pandemia lo más saludablemente posible? En primer lugar, mantener rutinas saludables, como tener un descanso de calidad y realizar actividades de ocio permitidas, que le posibiliten recuperar la energía consumida en las agotadoras jornadas de trabajo. Dentro de las posibilidades, en las jornadas laborales, cada un cierto tiempo, tomar diez minutos para poder relajarse, realizando respiraciones diafragmáticas. La técnica del mindfulness es muy acertada en estos momentos: vivir el presente dado que el futuro es incierto y produce mayor malestar e incertidumbre. Hay que preservar la salud psicológica y eso tiene que ver con el cuerpo también. Si uno no duerme, come mal y se pasa todo el día estresado, el cuerpo se resiente. En este sentido, también se debe intentar seguir las rutinas de ejercicio en la medida que sea posible, reconocer los propios límites y los síntomas de agotamiento que puedan estar experimentando, así como tener una actitud proactiva de protección y cuidado, consultando eventualmente a un profesional de salud mental.


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Psic. Gustavo Ekroth
Sobre pandemia, amor y miedo
El psicólogo y escritor uruguayo explica cómo se han visto afectadas las relaciones de pareja durante la pandemia y cómo la cuarentena propició la intensificación de ciertas patologías mentales. Dice que el miedo es la antítesis del amor y brinda algunas herramientas para no caer en el pánico cuando todo parece adverso.
Hay quienes coinciden en que todas las elecciones de nuestra vida tienen un por qué, pero en este caso parecería ser que la Psicología lo eligió a él. Desde una edad muy temprana, Gustavo Ekroth tuvo la clara certeza de que no quería ni podría dedicarse a otra cosa que no fuera ayudar a las personas que sufren emocionalmente. Pero no fue fácil cargar con esa temprana determinación vocacional: “Siempre me hizo sentir mal y muy mal observar el sufrimiento ajeno, y sobre todo cuando este sufrimiento emocional parece ser innecesario y evitable. Ingenuamente, en ese momento, pensé que a través de la Psicología, escuchando a las personas, entendiendo y aconsejando podía ser útil a los demás y evitarme el sufrimiento de ver sufrir a otros. Luego con el tiempo, descubrí que la magia, el arte y la ciencia de la psicoterapia van muchísimo más allá de ese pequeño horizonte que me había propuesto alcanzar”, reflexiona el autor del bestseller La locura uruguaya. Ese deseo de querer ayudar al otro toma un significado muy especial en esta nueva normalidad, cuando la salud mental ha estado muy vulnerada por el aislamiento social, el temor a la enfermedad, la pérdida de trabajo y la distancia con seres queridos. Hoy, la responsabilidad y el desafío de escuchar al otro es doble, por ello conversamos con Ekroth sobre la nueva vida en pandemia, las consecuencias del aislamiento social, el amor y el miedo en tiempos de cuarentena.
¿Es difícil para un psicólogo no llevar la carga emocional de su trabajo a casa?
No solo es difícil, sino que en ciertas circunstancias críticas específicas es
prácticamente imposible no caer en hacerlo. Cuando realmente nos interesa lograr el bienestar de las personas que solicitan nuestra ayuda profesional, la preocupación más allá del consultorio, sobre todo en situaciones límites, es hija de la empatía. Para mí la primera defensa contra la contaminación emocional excesiva es la acción terapéutica. Es enfocar el máximo de atención y energía en ocuparme de resolver el problema en el consultorio en lugar de preocuparme pensando esto o aquello cuando estoy en mi casa. La segunda línea de acción, imprescindible desde mi modesto punto de vista, es disponer de uno o dos métodos sistemáticos para lograr liberar cargas emocionales periódicamente o incluso todos los días. Para mí hoy la liberación de cargas y energías acumuladas, es a través de la práctica regular de algunas de las nuevas técnicas de meditación activas, sumado al hobby de los deportes intensos, pero claramente también hay otras maneras efectivas de hacerlo.
¿Qué patologías mentales se agudizaron en pandemia?
En mi experiencia prácticamente todas las patologías preexistentes se han agudizado, pero sobre todo los trastornos de ansiedad, como por ejemplo los ataques de pánico o las obsesiones. También las depresiones se han visto aumentadas.
¿Cómo la cuarentena ha afectado las relaciones de pareja?
En lo que corresponde a las parejas creo que esta situación de crisis afianzó, profundizó y mejoró el vínculo en muchas relaciones que ya venían bien, pero también terminó desestabilizando a muchas que ya venían tambaleándose. Una observación general es que los cambios en las rutinas y el aumento del tiempo de convivencia, en muchos casos, han elevado los niveles de irritabilidad y estrés intrapareja. En estos casos fue de ayuda lograr mantener los espacios personales y delimitar claramente los horarios de trabajo, recreación y descanso.
¿Qué ocurre con el amor en tiempos de pánico?
El amor está exactamente en las antípodas del miedo. Cuando aparece el amor, el miedo se desvanece, y cuando aparece el miedo, el amor no está presente. Algunos dicen que lo contrario del amor es el odio. Yo me siento mucho más alineado con los que piensan que lo contrario del amor es el miedo. Pensemos en el inicio de una nueva relación de pareja cuando todo es puro amor, no hay miedo a nada, no importan en absoluto las diferencias socioeconómicas, o de edad o de gustos personales. Ni siquiera se le teme al futuro, se vive y respira en un eterno presente sin tiempo. Tal vez esa misma pareja idílica más adelante comience a desplegar miedos varios: ¿Me dejará de amar? ¿Está conmigo por interés? ¿Con quién estará ahora? ¿Estará pensando en dejarme? Con la aparición de esos miedos omnipresentes, ellos también se estarán preguntando: ¿Dónde se fue el amor? En tiempos de pánico, el amor es casi un imposible. El miedo irracional descontrolado es la reacción básica instintiva de supervivencia individual, es egoísta y nada tiene que ver con el amor. Cuando entramos en pánico todo nuestro cuerpo se prepara para correr lo más rápido y lejos que podamos, el corazón late fuerte y rápido, aumenta la presión arterial, la respiración se convierte en un jadeo, la sangre se redistribuye fundamentalmente a los músculos de las piernas, etc. Obviamente nada de esto cumple ninguna función útil ni necesaria; en nuestros tiempos de pánico, no podemos salir corriendo. ¿A dónde podríamos ir? Sin embargo, al no lograr “quemar” todo ese enorme caudal de energía, la propia activación fisiológica termina “quemándonos” a nosotros mismos emocional y físicamente. En este estado de cosas y teniendo en cuenta que el pánico como emoción eclipsa a todas las demás emociones y sentimientos, el amor en todas sus formas y expresiones (como por ejemplo el amor a sí mismo, el amor a la pareja, o el amor a la naturaleza) puede resultar una tarea ardua e inestable.
¿Cómo es posible alejarse del miedo en este contexto?
La primerísima medida imprescindible y necesaria para alejarnos del miedo es acercarnos todo lo que podamos al amor. Un buen comienzo podría ser ejercitar el amor más olvidado y el menos valorado, el amor a uno mismo, sobre el cual se sustentan todos los demás amores. Para luego continuar con el amor al prójimo, la familia, los amigos, la naturaleza, entre algunos otros. El segundo tip para alejarnos del miedo sería poner un freno a nuestra mente parlanchina. Tenemos que distanciarnos de nuestros pensamientos negativos y catastróficos. Todo miedo exagerado está hecho de puros pensamientos distorsionados. Necesitamos analizar estos pensamientos y modificarlos creando pensamientos más realistas y menos atemorizantes. Por ejemplo, analizar en porcentajes las probabilidades reales de que algo que

MAYO 2021 • Pág 42 # 31 • tememos ocurra verdaderamente. Lo último y no menos importante para alejarnos del miedo es la practica regular de técnicas de relajación y meditación. Ellas ayudan de una manera importante a distender las tensiones mentales y físicas ocasionadas por el miedo.
En una nota de su blog plantea la pregunta: “¿Qué determina que una persona común crea en lo no creíble y se aferre con uñas y dientes?” ¿Cuál es la respuesta?
Se dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Generalmente, la vecina chismosa se da cuenta del engaño amoroso mucho antes que el propio vecino engañado. Es más fácil mentirle a alguien que creyendo en la mentira logra evitar enfrentar un hecho doloroso, que mentirle a alguien que no gana nada o incluso pierde algo si se traga la mentira. No querer ver la realidad es una especie de droga que puede darnos un pequeño “bienestar’ inmediato, pero mucho sufrimiento en el futuro. Como dicen: es pan para hoy y hambre para mañana. La infelicidad crónica suele ser un factor detonante para aferrarse a ideas, conceptos e informaciones falsas. Una persona muy triste, deprimida o carenciada tiene la “necesidad” de creer que alguien o algo mágicamente va a resolver todos sus problemas. Una persona desgraciada suele ser la presa más fácil para los vendedores de ilusiones, sean estas posibles futuras parejas, estafadores en potencia o falsos gurúes, la desesperación nubla la razón. Por ejemplo, la esposa cuyo marido es alcohólico crónico y cree que mágicamente de un día para otro (sin hacer nada en especial) dejará la bebida con su sola fuerza de voluntad. También la tendencia a la pasividad y la inacción unida a una baja tolerancia a la frustración puede llegar a ser un factor predisponente para creer conceptos totalmente falsos y sin fundamentos lógicos. Por ejemplo, las personas informadas e inteligentes que cuando salen a correr usan prendas abrigadas para transformar mágicamente la grasa en agua y poder seguir comiendo todo lo que tengan ganas sin sentirse tan culpables. “Los cambios en las rutinas y el aumento del tiempo de convivencia, en muchos casos, han elevado los niveles de irritabilidad y estrés intrapareja”.

Una reflexión personal
Con motivo del Día de la Madre, en su blog personal Gustavo Ekroth alude a una reflexión muy interesante acerca de que “cuando en el mundo material nace y crece un niño, en el mundo espiritual nace y crece una madre”. Esto no es más que reconocer la importante transformación psicológica, emocional y espiritual que enfrenta la mujer luego de dar a luz. En palabras del experto: “Antes, sentía pensaba, actuaba y vivía de una manera, ahora todo eso cambió. Es madre y ve el universo con otros ojos, tiene otras expectativas y prioridades. Por ejemplo, puede suceder que esa misma mujer antes de ser madre estuviera muy interesada y enfocada a su pareja y la sexualidad; ahora nada de eso parece tan importante o incluso necesario. ¿Qué ha pasado? Gran parte de esa energía biológica instintiva se ha transformado en amor, dedicación y preocupación hacia esa nueva vida. Convertirse en madre crea un enfoque de la vida más generoso, compasivo, amoroso y esperanzador, imprescindible para el sano desarrollo afectivo emocional del niño”.