
7 minute read
SALUD PARA TODOS
MAYO 2021 • Pág 48 # 31 •
¿Nacimos para ser mamás?
Advertisement
Ser madre es un instinto que nace de forma automática por la experiencia acumulada de millones de años de nuestra especie. ¿Esto significa que nacimos para concebir la maternidad? Cada vez más, convertirse en mamá deja de ser un mandato sociocultural para construirse en base al deseo de cada mujer.
Por Psic. María José Morlan
Pañales por todas partes, juguetes hasta dentro del lavarropas, noches enteras sin dormir, alcohol en gel en cada habitación, ropita por todas partes, sillita para el auto; preparar la cena, acomodar un poco la casa, querer dormir cinco horas seguidas, ¡uf! La difícil tarea de ser mamá. En el mundo animal, mayoritariamente, las madres son las que se ocupan de sus crías, protegiéndolas y alimentándolas como parte de un instinto innato. Este instinto materno también está en nuestra esencia y activa automáticamente una reacción cerebral (hormonal) desde que estamos embarazadas. Una reciente mamá tiene la capacidad de reconocer los signos de su bebé; a diferencia de los papás y el resto de los integrantes de la familia, la madre puede distinguir diferentes llantos, descifrar miradas e identificar cuando su hijo tiene hambre, frío
o sueño. Esto es porque cerebral, hormonal y emocionalmente, una mamá está preparada para reconocer a su cachorro. Inmediatamente nacido su bebé, una madre busca la mirada de su hijo, lo huele y lo besa. Y ese encuentro sellará el vínculo de por vida, será el punto de partida para el desarrollo de la capacidad de responder a las necesidades de su hijo. Pero lo que nos diferencia de los animales es que vivimos en un entorno sociocultural, con un lenguaje que construye estructuras mentales distintas y superevolucionadas. Todos estos factores juegan un rol fundamental en la construcción de la maternidad, y hace que la misma sea construida, modificada y deseada (o no) gracias a nuestra infancia, el propio vínculo con nuestros padres y el resto de la familia, y las relaciones afectivas a lo largo de la vida. En una mujer la evolución del deseo de ser mamá tiene que ver entonces con contenidos subconscientes repletos de experiencias vividas desde su nacimiento, que fueron edificando emociones con respecto al ser hija-ser madre. Esto hace que cada mujer tenga una vivencia diferente incluso con los mismos padres y dentro de la misma familia, y por lo tanto, la vivencia de la maternidad sea diferente. Además, la propia personalidad construida en este mismo contexto interno genera una base o apoyatura donde la mujer toma decisiones (desde adentro y hacia afuera) acerca del ser mamá. La naturaleza nos dio un cuerpo preparado anatómicamente para gestar, parir y criar. Estamos preparadas en cuerpo y mente para que seamos madres, pero eso no significa que queramos serlo. No todas sentimos esas ganas y a veces preferimos desarrollarnos como mujeres en otros ámbitos también importantes para nosotras. Algunas posponen la llegada de un hijo por sentir la necesidad de formarse académicamente, por ejemplo. El rol que se va construyendo en la sociedad sobre la mujer y el involucramiento hacia el afuera, hace que tomemos decisiones más allá de la biología y el instinto que poseemos. Hay muchas formas de ser mujer; mientras que hoy en día vemos que algunas se están planteando el hecho de no ser mamás, otras saben desde que tienen memoria que quieren serlo, otras lo intentan y no pueden, y algunas se han convertido en madres sin quererlo. ¿Quién tiene la razón? Todas. Son formas de vivir internamente el deseo. Toda mujer en el presente tiene la opción de elegir, como otras grandes decisiones en su vida, si quiere ser mamá o no. Porque la biología y el instinto no cambiaron, pero la sociedad, la cultura y los hábitos sí. Tú que estás leyendo, podés ser una de esas mujeres que sí decidió ser mamá, y probablemente, refrescando recuerdos en tu mente puedas verte de pequeña acunando muñecos, arreglando la ropita que les pondrías o alimentándolos en un juego muy “maternal”. Pero también podés ser una mujer que aun con esos recuerdos de su infancia, hoy decidas no ser mamá. Todo vale.
Haciendo historia no tan lejana El lugar en el que hoy se sitúa la mujer no siempre fue así de “privilegiado”. La mujer tenía el rol de madre desde el vamos. Era la cuidadora de sus hijos, quien debía alimentarlos, educarlos y resguardarlos. No había opción y el poder de una mujer estaba centrado en la maternidad, puertas adentro de la casa, en el ámbito privado. El hombre era quien proveía a esa mujer-madre y se desenvolvía en lo público: ante los ojos del mundo, él era el que trabajaba para sostener a su familia. El ser mujer estaba enlazado al ser madre. Quien no lo fuera, debía esperar todo tipo de comentarios y una especie de aislamiento social (“la solterona”, “la que no tuvo hijos”). El tiempo ha pasado, la sociedad ha evolucionado, y actualmente, estamos asistiendo a un proceso intenso y vertiginoso de un cambio de cultura en este sentido. Las mujeres, a partir de múltiples movimientos, logran visibilizarse independientemente de la maternidad y toman decisiones con respecto a qué quieren para sus vidas. Ser mamás en exclusividad, ser mamás y trabajar, ser mamás solteras; todo depende de lo que ellas deseen, las posibilidades que se les presentan o las que ellas mismas generan, del ámbito en donde habitan y de sus procesos internos, emociones y vivencias. En el presente, coexisten aquellas dos visiones -o, mejor dicho, formas de vivir la femineidad- que hacen que cada mujer se posicione en el camino de la maternidad o en la decisión de formar su identidad independientemente de la misma. Cada una tiene hoy la libertad de vivirse desde el lugar que sienta. ¿Cuántas veces escuchamos la frase “madre hay una sola”? Esta visión de la maternidad es idílica y deja totalmente por fuera emociones que todas las mamás en algún momento han sentido, como el enojo, la envidia, la frustración y la tristeza. La maternidad como un “deber ser” ya no es un discurso del lenguaje, sobre todo para estas latitudes. Por eso, cada mujer debería tener la oportunidad de plantearse cómo quiere encarar su maternidad, si es que la quiere vivir, y rodearse de personas que la ayuden a llevar adelante su deseo. Seguimos insertas en una cultura, en una “tribu”, y siempre vamos a necesitar que nos rodeen otros hombres y mujeres.

MAYO 2021 • Pág 50 # 31 • A su vez, todo el cambio que generó la mujer también lo sienten los hombres, pudiéndonos encontrar con parejas que encaran la parentalidad con mucha más intensidad que antes. El hombre ha adoptado hábitos dentro de casa (ámbito otrora femenino) que permite que la mujer pueda moverse, desarrollarse y planificarse (afuera, en el ámbito público, antes masculino) de una manera completamente diferente. El diálogo, el apoyo familiar y social cercano, son pilares para la construcción de las familias, y por lo tanto, para el crecimiento del ser mujer-mamá. También, en la actualidad, podemos pensar que la función materna, gracias a fuertes movimientos socioculturales, descentra de este eje como “exclusiva” a la mujer: parejas homoparentales que gracias al avance de la medicina pueden tener un hijo heredando la genética de una/o de ellas/os y hacerse cargo de la función materna y paterna, hacen que desde el lenguaje, y luego desde la sociedad misma, se vayan habilitando estas nuevas formas de parentalidad. Por lo tanto, se desplaza esta función a otras formas de vivir la crianza, los cuidados y el amor parental hacia los hijos. Son las nuevas “maternidades” que asumen la crianza de sus hijos en este nuevo formato. Entonces, ¿estamos preparadas para ser mamás? ¡Por supuesto que sí! Lo estamos. Cada una gracias a todas esas construcciones mentales, emocionales y sociales que va experimentando a lo largo de su vida, va construyendo sobre ese instinto su propio deseo hacia ser esa mamá que se imagina. Como siempre digo: cada persona tiene la posibilidad de ser ese ser especial para sí mismo. Cada uno de nosotros tenemos las herramientas internas para ser la mejor versión de nosotros mismos. Y si tu mejor versión incluye ser mamá, pues ahí vas a sentir que todo cobra sentido. Se hace coherente el mensaje interno y se siente seguridad y confianza en que aquello que querés ser y hacer, va a ser lo mejor para vos. ¡Feliz día a todas las que se sienten en este latir!
