El ser humano es un ser absolutamente maravilloso,
en muchos sentidos, pero especialmente en que
es una realidad inagotable, en la que hay facetas
siempre por descubrir. No es entonces la verdad de ese
ser, una verdad a la que se llega y en la que se concluye
de manera definitiva, como puede ser por ejemplo la
pregunta y solución de una sencilla ecuación matemática
como dos más dos. De hecho a un ser humano, tanto en
general como en particular, no se le puede abordar como
a una máquina, que se puede desarmar, armar e incluso
rearmar.