El caballero Tiberto 2º capítulo

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Un hada-tortuga Los caballeros atravesaron la ciudad y se alejaron hacia el campo envueltos en una nube de polvo. A distancia, Hércules y Tiberto los seguían sin prisa.

Los obstáculos eran muchos antes de llegar al jardín encantado De Kurakulor: duendes, genios y animales fantásticos

Y sobre todo el río Kum, ancho como el mar, y los monte Ópalo, altos como el cielo.

Después de días y días, Tiberto pudo divisar el río Kum. El resto de los caballeros estaba allí desde hacía tiempo. Ninguno había conseguido atravesar el río. Pasaban la jornada jugando a los dados, bebiendo vino y peleándose entre sí. Los más valientes habían empezado a construír un barco, pero no lograban ponerse de acuerdo. Para uno era preciso un fondo llano; para otro, una quilla. El primero proponía poner velas cuando los otros querían remos. Tiberto no quiso mezclarse con ellos y puso su tienda aparte. -¿Qué vamos a hacer nosotros, mi amo?-preguntó Hércules. Hay que decir que el caballo Hércules hablaba, pero sólo Tiberto podía entenderlo. -No lo sé-respondió Tiberto-, jamás podremos atravesar el río. Estaba desanimado. Recorrió la orilla llevando a Hércules por las riendas. De pronto vio algo que pataleaba en la arena. Era una tortuga. Estaba boca arriba y agitaba sus patas y su cabeza sin llegar a enderezarse. En lo alto del cielo había un águila dando vueltas. También ella había visto la tortuga


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