

Adán y Eva estaban acostados sobre un lecho de musgo.
Sucedió una noche en el paraíso.
Miraban el cielo estrellado. Estrellas, una junto a otra como copos de nieve.
¡Son incalculables, exclamó Adán, incalculables!
Yo podría contarlas, afirmó Eva.
Además solamente tendrías las noches, dijo Adán. Durante el día puedes contar el sol, nada más.
Aunque necesite una doble eternidad, lo importante es que puedo.
¿Eso existe?, preguntó Adán, ¿una doble eternidad?
Eva dijo: sería la misma eternidad, solamente mucho, mucho más eterna.