Anuar,
la suricata brillante
Escrito por Patrick Lay Ilustrado por Meredith Thomas
Contenido Capítulo 1: Los nuevos cachorros
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Capítulo 2: Un escape con suerte
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Capítulo 3: Anuar no tiene qué hacer
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Capítulo 4: La última oportunidad para Anuar
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Capítulo 1:
Los nuevos cachorros Había una vez una colonia de suricatas que vivían en el desierto, en África. Un día, nacieron cuatro cachorros. Tres de los cachorros se parecían a las otras suricatas, pero uno era diferente. Su nombre era Anuar y su pelaje era rojo brillante con rayas doradas.
Nía, la suricata más anciana y sabia de la colonia, sostuvo a Anuar en los brazos. —Eres diferente —dijo—, pero encontrarás tu lugar. 4
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—Mañana, pueden ayudarnos a cavar en busca de alimento —dijo Zula, la líder de la colonia—. Pero deben tener cuidado. Este Anuar y sus hermanos crecieron rápidamente. Todo el tiempo jugaban y exploraban. Pasaron los días y las semanas. Pronto los cachorros estaban listos para ayudar a la colonia a cazar para alimentarse. 6
es un trabajo peligroso. Cuando cavamos, nuestras cabezas quedan hacia abajo, y nuestras colas, hacia arriba. ¡No podemos ver si un animal se aproxima para comernos! Sin embargo, Anuar no tenía miedo. ¡Este era el día que había estado esperando! 7
Capítulo 2:
Al principio, Chacal no podía
Un escape con suerte
divisar a las suricatas porque
Temprano a la mañana siguiente, Anuar
la arena. Pero entonces
y la colonia estaban ocupados cavando
Chacal distinguió
en busca de alimento.
el brillante pelaje
eran del mismo color que
de Anuar. Comenzó Con la cabeza hacia abajo y la cola hacia
a arrastrarse hacia él.
arriba, las suricatas no sabían que Chacal también estaba buscando qué comer. Buscaba su alimento favorito: ¡suricatas!
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La cabeza de Anuar estaba bajo la arena
Todas las suricatas corrieron tan rápido como
y su cola, levantada. No podía ver que
pudieron hacia la seguridad del escondite.
Chacal se acercaba más y más.
Anuar también corrió hacia el escondite, justo antes de que Chacal lo alcanzara.
Justo en ese momento, Zula miró hacia arriba y vio a Chacal. —¡Corran! —gritó—. ¡Corran rápido! ¡Chacal se aproxima! ¡Hacia el escondite! ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Rápido!
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Capítulo 3:
Anuar no tiene qué hacer Al día siguiente, antes de que la colonia saliera a cavar en busca de alimento, Zula le dijo a Anuar: —No puedes acompañarnos a cavar hoy. —¿Por qué? —preguntó Anuar. —Porque Chacal te ve con mucha facilidad —le respondió Zula—. Tu pelaje es demasiado brillante y nos pone a todos en peligro.
Anuar estaba muy triste. Hizo un gran esfuerzo para no llorar. Acató la orden y se alejó. Cuando se había alejado lo suficiente de la colonia, lloró y lloró. 12
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Sin embargo, Anuar no estaba solo.
—Te equivocas —le respondió Anuar—.
Nía, la suricata más anciana y sabia,
¿Cómo podré ayudar con mi pelaje
lo había seguido. Quería ayudarlo.
tan brillante?
—No estés triste —le dijo—. Eres diferente,
—Eres parte de nuestra colonia —le aseguró
pero encontrarás la forma de ayudar
Nía—; solamente tienes que encontrar tu lugar.
a la colonia.
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Capítulo 4:
La última oportunidad para Anuar El día siguiente, cuando la colonia se fue a cavar en busca de alimento, Anuar tampoco pudo acompañarlos. Desde el escondite, los observaba partir y pensaba en lo que Nía le había dicho: Eres parte de nuestra colonia; solamente tienes que encontrar tu lugar.
Pronto la colonia se perdió de vista. Anuar estiró el cuello hacia arriba, pero no podía ver a la colonia. Comenzó a saltar, pero seguía sin verla. Luego se puso de puntillas. 16
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De repente, ¡Anuar podía ver todo! Podía ver a Nía, con la cabeza hacia abajo y la cola hacia el cielo, mientras cavaba en busca de alimento. Podía ver a sus hermanos y hermanas, con la cabeza en el suelo y la cola hacia arriba, mientras cavaban en busca de alimento.
Y también podía divisar a Chacal, que se arrastraba y se arrastraba cada vez más cerca de la colonia. —¡Corran! —gritó Anuar—. ¡Corran rápido! ¡Chacal se aproxima! 18
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Todas las suricatas miraron. —¡Anuar tiene razón! —exclamó Zula—. ¡Corran rápido! ¡Corran por su vida! Toda la colonia corrió tan rápido como pudo hacia el escondite. Detrás, iba dejando una nube de polvo. Anuar siguió de puntillas observando a Chacal hasta que todos los miembros de su familia estuvieron a salvo.
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En la madriguera, las suricatas se reunieron
—¿Pero cómo pudiste verlo? —preguntó Nía.
en torno a Anuar. —Me puse de puntillas sobre mis patas —Gracias, Anuar —le dijo Zula—. ¡Nos
traseras —le explicó Anuar— y pude ver
has salvado!
todo lo que me rodeaba. Pude ver todo. Y así divisé a Chacal.
Nía miró a Anuar con sus ojos ancianos y sabios.
—Debes mostrarnos cómo lo has hecho —dijo Nía.
—¿Cómo supiste que Chacal estaba cerca? —preguntó. —Lo vi acercarse —respondió Anuar.
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Y así Anuar fue la primera suricata en dedicarse a la vigilancia. Les enseñó a las demás suricatas cómo pararse sobre sus patas traseras. También les explicó cómo detectar peligros y mantener a la colonia segura. —Sabía que eras diferente —le dijo Nía—. Y ahora has encontrado tu lugar en la colonia. 24