EL CORONA PÁNICO: Fascismo contemporáneo global, enmascarado de cuidado y protección Por: Mauricio Baberama Flórez, 22 de mayo de 2020.
“Aprieta el culo tío que empieza el baile/ El GRAN HERMANO dice acojónate/ Ya puedes olvidarte de ser distinto/ La contraseña es OBEDECER/Seas yanki o mexicano, seas vasco o español, mafioso o vegetariano, izquierdista o esquirol/ Lo que importa no es tu raza, tu edad ni tu religión/ Lo importante es que todos viváis como pringaos (…) De aquí no escapa nadie, no huyáis cobardes/ Con o sin enemigos, viva el Ejército/ El GRAN HERMANO dice acojónate/ Todos llevamos dentro al policía amigo/ La contraseña es OBEDECER (…) Deberéis dinero al banco, bailaréis el bacalao/ Vestiréis todos lo mismo, pensaréis todos igual/ Aprieta el culo tío que empieza el baile/ EL GRAN HERMANO dice: jode o jódete.” La Polla Records
“Nos bombardean día a día con noticias amañadas/Para ocultar la verdad de este capital salvaje/Es la prensa manipulación, Televisión y radio, desinformación/El que paga es el que manda/ Proteger sus intereses, desinformar y dominar/ En un mundo de ignorantes.” Sin dios
“No es saludable estar bien adaptado, a una sociedad profundamente enferma.” Jiddu Krishnamurti
“Es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada.” Mark Twain La semana pasada después de comprar unas verduras en la Placita de Flórez, ubicada en el centro de la ciudad de Medellín, eludiendo a la Policía ya que ese día, no era el permitido para salir de nuestro arresto domiciliario, nos montamos mi pareja Gaviota y yo en un Bus de Santa Elena (Zona rural del municipio) en el paradero del centro, resulta que había unas cintas amarillas de “peligro no pase” al lado de cada una de las sillas de asientos dobles en zigzag; obviamente compartimos la casa, la cama, fluidos y nuestras vidas, por consiguiente nos sentamos juntxs, el conductor dijo que no podíamos hacernos juntos, yo le dije: “pero si vivimos juntos”, él desde su inmenso discernimiento dijo: “no, no pueden estar sentados juntos”, además detuvo el bus; con un escozor e indignación muy grande me senté en la silla del frente, estábamos comiendo y otra vez más, el epidemiólogo nos interpela, esta vez a mí, diciéndome que me tengo que poner el tapabocas, le digo que estoy comiendo y él insiste que me lo ponga, lo ignoro, me término de comer mi palo de