El título de este libro de Romain
Migus, comporta sin duda una paradoja
cuyo abordaje puede resultar,
al ritmo que vamos del proceso electoral,
un sombrío juego de ajedrez
ejecutado por un bando fantasma,
cuya reina fue objeto de una extraña
desaparición física del tablero donde
se desarrollaron los primeros pasos
ofensivos, los consabidos amagues de
unas piezas (negras o blancas, aunque
parecen ser amarillas) que fueron
movidas a ciegas, quizás con la velada
y simbólica (y única) estrategia de
acabar olímpicamente no sólo con
el rey del otro bando, que aún no ha
aparecido en la escena de los movimientos,
sino con todas las piezas que
lo integran.