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DOMINGO, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2010 ●

Málaga hoy

Málaga

LOS RESTOS DE LA FOSA DE SAN RAFAEL

LA MEMORIA HISTÓRICA

Francisco Espinosa tiene recogidos en un archivo Excel los nombres de 4.800 personas a las que podrían pertenecer los restos encontrados

MIGUE FERNÁNDEZ

Trabajos de recuperación de los restos, en una imagen de archivo.

Pablo Piñero / MÁLAGA

Cuando Vicente vio a una guapa mujer que pasaba por su lado no se lo pensó ni un momento a la hora de echarle un piropo. Trabajaba como zapatero en la calle Carretería cuando vio a la joven y no dudó en decirle algo bonito. Pero a ella pareció no gustarle demasiado; tanto, que lo denunció a la Policía. Los agentes detuvieron a Vicente y su suerte no hizo más que empeorar: por sus apellidos y su corta estatura lo confundieron con su hermano, El Curruco, con antecedentes en la guerrilla republicana. Fue encarcelado. Y unos días después, en el trayecto que iba de la cárcel hasta el cementerio falleció de un ataque al corazón: sabía que iba camino de ser fusilado. El de Vicente es el único de los cerca de 3.000 restos mortales exhumados en el cementerio de San Rafael que se ha identificado hasta el momento. Todo coincide: el cuerpo estaba donde un sepulturero había dicho a su familia años atrás y el tamaño del esqueleto también. Ahora puede llegar la confirmación científica. La próxima semana comienzan los análisis de ADN de los huesos encontrados, según confirmó el director de los trabajos, el arqueólogo y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga, Sebastián Fernández. Una ardua labor de la que se espera que, próximamente, sirva para poner nombre y apellidos a muchos otros restos hallados en la considerada como mayor fosa común de represa-

4.800 historias en busca de identidad Comienzan las pruebas de ADN a los casi 3.000 restos humanos hallados en el antiguo cementerio de San Rafael · Algunas de las vivencias personales empiezan a conocerse liados de la Guerra Civil y el franquismo, una necrópolis recuperada tras tres años de excavación. En Parcemasa, donde han permanecido en cajas numeradas los restos hallados en San Rafael, “ya están acomodando el local” para los trabajos de identificación, según Fernández. Es el turno del equipo del profesor Ignacio Santos, del departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga, que será el que realice los análisis. El año pasado se practicaron las pruebas de ADN a 300 familiares de desaparecidos y es el momento de conseguir nuevos datos para cruzarlos. Pero no será un trabajo nada fácil: ni por el volumen de represaliados, ni por el nivel de descomposición de los restos humanos ni por el hecho de que muchos cuerpos fueran tratados con cal viva, lo que afecta al tejido óseo, según los especialistas.

Una de las identidades que se podrán encontrar serán los de Remigio Hevia Ordiz, un asturiano que debió escapar desde su tierra natal dos veces a Francia. Perteneciente al ejército republicano, en 1941 se decidió a viajar a Málaga para trabajar en el campo, donde entró en contacto con grupos de guerrilleros y, más tarde, con un barbero de Coín. Sus reuniones dejaron claro que hacía falta dotar de mayor fuerza a los compañeros que estaban escondidos en la sierra, así que buscaron armas. El propietario de

300 FAMILIARES

El año pasado ya se tomaron pruebas de ADN a 300 personas para cruzar datos con los restos recuperados

un taller en la Alameda de Colón consiguió que dos policías le vendieran dos pistolas. Un agente asturiano comenzó la investigación ante la desaparición de las armas y, casualmente, encontró a Remigio en la calle Mesón de Vélez, en el centro de la capital. Lo conocía de confrontaciones anteriores y le encontró una de las armas encima. Tras un tiempo de cárcel, un consejo de guerra sirvió para dictar su fusilamiento, así como otras cinco personas implicadas en el caso, incluidos el barbero y los dos agentes. Todos están en San Rafael. El responsable de la Asociación por la Memoria Histórica, Francisco Espinosa, lleva en un pen drive un archivo Excel donde recoge todos los nombres que protagonizan historias como la anterior en un listado donde hay en total 4.800 nombres. También sus motes, sus orígenes, su familia, su día de fusilamiento. La lista comienza el 7 de

febrero de 1936 y acaba en el año 1954. De 4.500 de ellos ya ha confirmado que sus restos descansan en las fosas de San Rafael gracias a un arduo trabajo de investigación de una década; y aún sigue con fuerzas para investigar la situación de los restantes 300. Son nombres que, prácticamente, se conoce de memoria. “La historia de cada uno es especial y muy particular. Pero todos se cruzan en lo mismo: fueron fusilados por las fuerzas franquistas y sus restos acabaron en San Rafael”, explica Espinosa, cuyo objetivo es “que no quede en el olvido todo lo que ocurrió a tantísima gente”. Mucho de lo que le ocurrió a esos 4.500 nombres lo conoce muy bien Espinosa, uno de los mayores investigadores de la memoria histórica del país. Emilio Ferro Moya es otro de esos nombres cuya historia conoce bien este sindicalista ya jubilado. Ferro Moya alcanzó el cargo de teniente armero en el ejército republicano. Al acabar la Guerra Civil, “fue hecho preso en el penal de Burgos hasta que le indultaron y enviaron a Málaga cuando le fue detectada la tuberculosis”, relata Espinosa. Vivía junto a su familia en la calle Cabello y en la Alameda de Capuchinos puso una tienda de máquinas de escribir. Pero tras una revuelta de la guerrilla las fuerzas franquistas se lo llevaron al cuartel. La Guardia Civil le inculpó de ser el responsable de infraestructura de la guerrilla urbana “y con sus antecedentes, el final estaba claro”, añade Espinosa. Él conoce bien la historia porque se la contó el sobrino de Emilio Fe-


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