Los pasos y los carros de misterios del Corpus ¿un precedente de los conjuntos escultóricos pasionales? Antonio Vicente Frey Sánchez En este breve trabajo se analiza el posible origen de los conjuntos escultóricos de las cofradías penitenciales en las procesiones la festividad del Corpus Christi. Para sostener esta propuesta, se proponen algunas rocas del Corpus de Valencia y las representaciones pictóricas de las procesiones del Perú como precedentes documentados de finales del siglo XVII: momento en que empiezan a pergeñarse los primeros conjuntos. This paper analyses the possible origin of the penitential brotherhoods’ sculptural ensembles in the processions of Corpus Christi. To support this proposal, some “rocas” of Valencia’s Corpus Christi are presented, as well as and the pictorial representations of Peruvian processions as previous documented models from the end of the 17th Century, when the first ensembles began to be designed.
El temprano origen de algunos pasos de misterio del Corpus de Valencia –nada menos que en el último cuarto del siglo XIV- invita a considerar que el interés de sacar en procesión imágenes en escenas complejas podría ser mucho más antiguo que la eclosión pasional del siglo XVII. Subyace la conocida y tópica afirmación de que el catolicismo apostó desde el Concilio de Trento por la imagen como elemento catequizador, de instrucción, teniendo presente –ya desde el siglo VIII- que la veneración era para lo representado, no el objeto en que se materializaba. La imagen, por tanto, contribuía a elevar la espiritualidad de los fieles, estimulándolos en la fe. Consecuencia de aquella premisa, desde un cristianismo temprano, todo tipo de templos encargaron imágenes correspondientes a los santos a los que estaban consagrados, pero también otras imágenes del discurso mistérico de la fe. También, cofradías y hermandades contribuyeron al enriquecimiento del repertorio iconográfico merced a sus propios patronazgos. Esto último es importante, porque nos equivocaríamos si creyéramos que esa conformación del patrimonio litúrgico de bulto tuvo lugar únicamente a partir de Trento. Mucho antes ya existían imágenes a las que se les rendía veneración y ejercían su correspondiente patronazgo. En Murcia, sabemos de cofradías bajo la advocación de la Virgen y Cristo presentes en una fecha tan temprana como 1296, cuya titularidad estaba asumida por organizaciones gremiales, las cuales comenzaron a realizar procesiones (fig.1), en muchas ocasiones acompañadas de disciplinantes (fig. 2) podemos encontrar en una fecha tan temprana como el siglo XIV. La pauta común es que sus imágenes eran portadas de forma singular y no en conjuntos. Pero más allá de esos cortejos procesionales medievales, es factible pensar en que fue la adoración pública del Santísimo Sacramento la que generó una liturgia de imágenes en procesión que contribuían a significar la importancia de Dios transustanciado. Su origen se sitúa en la mitad del siglo XIII (fig.3). Además de dotar de un discurso finalista sobre la trascendencia del Santísimo, las procesiones del Corpus Christi se enriquecieron con otras imágenes portadas en andas para significar a cada una de las parroquias y cofradías de sus correspondientes localidades (fig.4). Y aquí es donde subyace la creación de un primitivo relato de la fe basado en la santidad aprehendida en cada una de aquellas instituciones, pues las imágenes se transportaban únicas en su anda correspondiente, pero entre una y otra se podía producirse un discurso implícito destinado a magnificar en primera instancia la fe y en última al mismísimo Dios, quien presidía la procesión (fig.5).
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