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EL IDEAL ASCÉTICO y LA FILOSOFíA
La época de la filosofía antigua se extinguió durante oscuros siglos. Durante este período de letargo, los elementos componentes de la filosofía de los antiguos maestros - la mente y el espíritu- desaparecieron. Cuando el amanecer de la iluminación irrumpió nuevamente, el elemento espiritual fue absorbido por el misticismo mientras que la parte mental, uniéndose a la ciencia, se desarrolló bajo la forma de la moderna filosofía.
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Spinoza Kant Schopenhauer nietzSche
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Al basarse en hechos materiales, y al especular vagamente acerca de las cosas inmateriales, la moderna filosofía carece de conocimiento espiritual, y tampoco posee directivas para la adquisición de dicho conocimiento. En las proezas gimnásticas alas que se entrega la mente en la moderna filosofía, poco lugar queda para las consideraciones de moral idealista. En especial es raro encontrar alguna palabra acerca de la necesidad de la purificación sexual a los fines del crecimiento evolutivo. Por el contrario, los más modernos sistemas cada vez más materialistas, son enemigos de este ideal de purificación. “Las relaciones domésticas de los seres humanos son reducidas por la teoría behaviorista, a menos medios para asegurar la gratificación sexual. Y desde el punto de vista del Naturalismo, el amor es simplemente la excusa para una gratificación de índole física”.
rastros de visión espiritual
Sin embargo, esporádicamente, en algunos lugares se encuentran rastros de visión espiritual, un reconocimiento como el de Emerson cuando dijo que “la fuerza espiritual que cualquier poder material; o como las afirmaciones de Santayana de que “cuando los espíritus mortales se liberen de su falso respeto por la pasión animal, podrán contemplar al ser infinito en toda su pureza”, y de que “la espiritualidad está condicionada por un temperamento disciplinado en la castidad y el renunciamiento”. Luego encontramos a Eucken con su filosofía del espíritu, quien comprendió que “dentro de la humanidad hay un esfuerzo por liberar la vida del alma de las ataduras de los sentidos”, y que “toda moralidad humana ha de basarse en la vida espiritual”. También advertimos que no hace mucho tiempo atrás, Sidgulick escribió: “Se acepta que el apetito sexual nunca debería ser satisfecho en nombre de la gratificación sexual”. Hacia la misma época, Soloyol insistió en que “la carne es fuerte sólo en los débiles de espíritu”, y que la supremacía del espíritu sobre la carne es indispensable para preservar la dignidad moral del hombre”.
Spinoza fundó una escuela de la moderna filosofía
En el siglo XVIII, Spinoza fundó una de las
Spinoza
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Kant
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primeras escuelas de la moderna filosofía. Nos dio un sistema moral que constituye el máximo logro del pensamiento moderno. Dejó sentado que “la castidad no es un estado pasivo ya que por el contrario indica el poder de la mente”. Y a través de su propia experiencia declaró que “el auténtico bien se vuelve cada vez más discernible después que uno reconoce que el placer sensual es tan solo un estorbo”. Muy poco antes de la época de Spinoza, Descartes había predicado que “la principal utilidad del autocontrol consiste en que nos enseña a ser los dueños de nuestras pasiones”, y que “cuando las pasiones nos asedian, debemos ocupar la mente en otros pensamientos, hasta que el tiempo y el descanso hayan calmado completamente las emociones de la sangre”. En su mismo período Charron declaró que “el obstáculo para afianzar la sabiduría y que el ser humano debe evitar cuidadosamente es la confusión de las pasiones”. La principal figura del siglo XIX es Kant. “La moralidad que Kant recomienda es de tipo viril y fuerte”. “Su máxima era abstenerse; su vida era ejemplo de tal máxima”. Dejó claramente establecido que en contraste con los placeres físicos “los goces más refinados no se agotan sino que aumentan la capacidad para mayores goces; y mientras producen deleite al mismo tiempo educan”. La esencia de las enseñanzas morales de Kant está contenida en su afirmación de que “en primer lugar es deber del hombre elevarse por encima de su naturaleza animal”. “Tal vez está próximo el día en que una civilización desintegrada de buena acogida al reclamo de Kant. El suyo no es más que la repetición del reclamo que a través de los siglos ha pretendido de diferentes maneras, ayudar a la elevación de la humanidad”. Comte, el primer filósofo social coherente del siglo XIX nuevamente adjudica al ascetismo todos sus derechos. En su sistema filosófico positivo explicó cómo “el positivismo enseña que la pureza sexual tiene íntima conexión con el mejoramiento físico e intelectual del individuo y de la raza”. Tal como él lo establecía “la educación nos hará sentir todos los defectos del impulso sexual y dará esperanzas de que llegue el momento en que dicho intercambio sexual caiga en total desuso”.
Ya que “es posible provocar la inactividad de dicho impulso, ahora indebidamente estimulado por el cerebro, y lograr su adormecimiento de manera fácil”. En realidad “los requerimientos con los cuales se relaciona dicho impulso pueden fácilmente reducirse ya que es mucho más susceptible de modificación que cualquier otro tipo de impulso”.
Máxima prueba de sabiduría
“El control eficaz del impulso sexual ha sido siempre considerado como la máxima prueba de sabiduría humana”. “Aquellos filósofos que puedan desligarse de toda superstición al respecto deberían considerar que este impulso tiende a interferir en el auténtico propósito del fluido vivificador, cuyo principal objetivo es el de proporcionar a la sangre un elemento estimulante, capaz de vigorizar la actividad de todos los órganos. Con estas palabras, Conte demostraba su comprensión de la transmutabilidad de la fuerza sexual y de la enorme importancia evolutiva de dicha transmutación”. También en el siglo XIX, Schopenhauer dejaba sentados sus conceptos acerca de “la voluntad de vivir”, con lo cual se refería prácticamente a “la voluntad de vivir” una existencia materialista y mundanal. Consideraba que “el fenómeno más importante, más grandioso y significativo que el mundo puede mostrar es la quieta, inadvertida vida de aquel que ha alcanzado el conocimiento a causa de los cual no tiene voluntad de vivir”. “Es posible que su cuerpo manifieste impulsos sexuales, pero este hombre no desea ningún tipo de gratificación sensual bajo ninguna circunstancia”. “Aquel que ha logrado así la negación de la voluntad de vivir se siente pleno de alegría interior; está imbuido de una paz que no puede ser perturbada; un estado que sobrepasa infinitamente cualquier otra cosa”. Pero “la voluntad y completa castidad es el primer paso en esta negación del deseo de vivir”. En cuanto se comienza a ver los resultados envidiables que proporciona esta negación del deseo de vivir, no se puede menos que estar de acuerdo con Schopenhauer cuando afirma que “el impulso sexual aparece como un demonio maldito que procura pervertir, confundir y destruir todas las cosas”. “Una seria investigación histórica demuestra
Schopenhauer
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nietzSche
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la relación estrecha que existe entre el ideal ascético y la filosofía. En realidad la filosofía aprendió a dar los primeros pasos sólo gracias a los hitos rectores de este ideal”. Esto afirmaba Nietzsche. “La vida de los filósofos ha demostrado en todas las épocas, su disgusto por la gratificación inferior de los sentidos, y su apreciación deliberada que las facultades espirituales debían cultivarse a expensas de las inclinaciones animales del hombre”. Por lo menos el verdadero filósofo siempre ha sentido la necesidad de pureza sexual, pues “ve en ello un mejoramiento óptimo de las condiciones necesarias para alcanzar la más elevada y sana intelectualidad”. “Donde quiera han existido filósofos se observa un real enojo y odio por parte de los mismos hacia la sensualidad. Y también se observa la existencia de una auténtica simpatía hacia el ideal de absoluto ascetismo. Si el filósofo carece de ambos sentimientos, entonces -podemos estar bien seguros de ello- se trata de un pseudofilósofo”. En el auténtico filósofo esta actitud ascética es el resultado de la vivencia intuitiva, interior, de que la sabiduría espiritual y el conocimiento de la verdad no pueden lograrse sin la aniquilación de todo resto de sensualidad.
Textos: C. J. Van Vliet
Bibliografía:
Sockman, “La moral del mañana” Santayama, “El platonismo y la vida espiritual” Eucken, “Fundamento de la vida” Durant, “La historia de la filosofía” Abbott, “Introducción a La crítica de la razón práctica de Kant” Comte, “Sistema de la política positiva” Schopenhauer, “El mundo como voluntad e idea”. Nietzsche, “Genealogía de la moral”