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La verdadera eugenesia
El verdadero progreso biológico consiste en ser un luchador espiritual por el perfeccionamiento humano, basado en el progreso intrínseco de la vida de cada individuo que come los alimentos que por naturaleza le corresponden (anatómica, fisiológica y antropológicamente demostrado). Este concepto de ser humano no surgirá jamás de las actuales teorías de investigación científica.
La verdadera eugenesia Progreso biológico y espiritual
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Es probable que la medicina moderna vea aumentar progresivamente las cuestiones morales que ocasiona. Ya que la ignorancia origina serias confusiones en la biología contemporánea, recordemos que eugenismo es la ciencia que se ocupa del perfeccionamiento de la especie humana, oponiéndose a su degeneración por medio de una lucha leal y sistemática, pretendiendo que todos sean, a partir del momento en el que nacen, sanos y sin mácula hereditaria. “Podemos garantizar por experiencia–decía el Dr. Amílcar de Souza–que así sucede cuando se lleva una vida natural de acuerdo con la naturaleza”. La ciencia, escéptica en cuanto a las posibilidades de actuar sobre los mecanismos que rigen el potencial genético de una población, se encierra en la actual concepción materialista de la eugenesia y la suposición de que la vida es un fenómeno físico-químico. Esto conlleva el concepto por el cual desaparece la esencia misma del hombre. El hombre podrá controlar su destino por medio de la autoregeneración celular, siendo este proceso el mejor código genético revelador de enfermedades adquiridas y hereditarias. Actual concepción materialista de la eugenesia Consideramos inapropiada la idea de mejorar artifi cialmente la calidad de vida de la población. Las tecnologías de ingeniería genética y molecular (cual “mandatos religiosos” inmersos en las teorías científi cas actuales) son el resultado de investigaciones realizadas por hombres imperfectos con “fallas ancestrales” en lo moral y en lo genético, en la creencia de que la vida es una reacción química coordinada. Los excesos de tales experimentaciones, como los trasplantes de genes humanos a los animales para crear híbridos subhumanos y usarlos como esclavos, los riesgos de las mutaciones genéticas derivadas de la aplicación de ciertas técnicas médicas y la creación de un organismo que sea patógeno e incontrolable con gérmenes para los que no haya medicamentos, la posibilidad que permita a los científi - cos “fabricar” hombres con ADN manipulado por encargo, etc., nos afi rman en el concepto de que nadie tiene derecho a transformar las leyes de la naturaleza, que es la única maestra y como toda obra tiene detrás a su Creador. Cualquier ambición en tal sentido es fruto de la soberbia y el mercantilismo. Es obvio que lo que se debe reformar no es la naturaleza sino la medicina, que en su desorientación no ha logrado encaminar a la sociedad hacia el bienestar físico y moral, hallándose ésta aquejada por numerosas enfermedades y sus insidiosos procesos. Nuestros cimientos biológicos Constituidos por el potencial humano transmitido por nuestros padres y ascendientes inmediatos, somos, asimismo, la resultante del ambiente, del mundo energético cósmico, social, etc., que nos asigna calidades para nuestra degeneración o regeneración humana. En la sustancia protoplasmática del organismo de todo ser vivo existe un poder curativo natural. Cuando efectuamos una cura trófi ca consumiendo frutas o vegetales crudos, se remueven los males pasados y/o hereditarios, provocando mutaciones de las sustancias orgánicas indispensables para la curación, que se activan para recuperar la salud. Una cura efectiva, al regenerar en forma progresiva, reedifi ca al organismo por completo, sanguínea y óseamente, sobreviniendo crisis necesarias que forman parte de la curación. La bioingeniería no respeta los ritmos naturales de la curación, so pretexto de lograr mayor efi ciencia para reducir el sufrimiento. Investigaciones sobre trofología naturista (del gr. “Trofo”, alimento y “logos”, estudio) indican que las enfermedades son el resultado de una intoxicación interna productora de un desgaste celular, posible de regenerar por la nutrición de dichas células; también señalan como causa de las enfermedades crónicas y agudas, la incorrecta manera de comer y de vivir, la gula y el error alimenticio de las incompatibilidades o mezclas inconvenientes para la digestión. “Si no es comprendido el error de alimentarse con animales, comer sus músculos y vísceras, beber alcohol, fumar, envenenar la propia sangre transmitiéndola a la futura generación, no puede existir eugenismo”, dijo el Prof. Nicolás Capo, fundador y director del Instituto de Trofología y Trofoterapia de Barcelona, España. El arte de vivir bien En la Calobiótica (del gr. kalós, bello y bios, vida) o arte de vivir bien, se asientan la eugenesia y la eubiótica ciencia de la vida higiénica, dietética. “Regenerando el alma, se curan los cuerpos, cuando los cuerpos curan, se regenera el alma. El alma regenerada es el alma de la curación y no hay verdadera curación del alma sin la regeneración corporal”. Prof. Nicolás Capo
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La palabra vegetarismo viene del latín vegetus, que signifi ca vigoroso, fuerte, animado, contento, fresco y activo, vegetamen signifi ca principio de vida, fuerza vital. El latín vegeo signifi ca estar alegre, ser fuerte; vigeo signifi ca fl orecer, despertar, germinar, ser apto para vivir; vegeto signifi ca dar movimiento, aumentar, hacer nacer, desarrollar, dar fuerza, dar vigor a todas las cosas con movimiento; mens vegeta (Cícero Tusc. I 17) signifi caba un alma fuerte y sana. Queda demostrado que esta palabra expresa la idea de vivir, de mejorar la salud física, moral e intelectual y que favorece la evolución biológica. Antiguamente, se decía vegetarianismo al vegetarismo; se considera que el vegetarianismo, régimen alimenticio exento de carnes y el vegetalismo o fi tofagismo, son condiciones del vegetarismo, convenientes en grado sumo para la naturaleza humana y, por lo tanto, las que mejor favorecen en el hombre la ley de la conservación de la vida, según expresa el Dr. Carlos Brandt en “El Problema Vital”. “Cuando la naturaleza quiere restaurar una cosa la hace nueva por su parte”(Natura cum reparat novum producit). Esto se evidencia al renovarse la humanidad en cada generación así como la naturaleza en cada primavera. Por lo que se deduce, únicamente bajo la infl uencia de las leyes naturales se logrará una civilización aproximada a la perfección, es decir, obrando de acuerdo al Eugenismo, que es pureza en la sangre y en los pensamientos. Los “hallazgos espectaculares” La ignorancia de lo que se debe hacer jamás justifi ca el hacer lo que no se debe, esto es, perfeccionar el error. Cuando la ciencia no tiene ideas claras pierde su carácter y su razón de ser. Nuestro Planeta Tierra es un hermoso lugar donde cada elemento, cada partícula, tiene un sentido integral e indivisible. Cuando esa armonía es quebrantada, deja tras de sí un mundo agotado y enfermo, lleno de amenazas para el equilibrio del ecosistema. Hoy, la gran ausencia del saber ético se manifi esta en nuestra cultura. La actividad científi ca debe ser reformulada pues la “búsqueda de la verdad” y los “hallazgos espectaculares” indican un desastre gradualmente construido. Inspirada en el “dios” que tiende a materializar elementos de la vida y del comportamiento social, la ciencia cree que la materia gobierna al mundo pero no logra comprender la fuerza íntima y universal que constituye la unidad viviente del universo. De ahí que debamos diferenciar entre las leyes naturales y las que anuncia la ciencia pues éstas últimas están sujetas, como fruto de un proceso parcial, a hipótesis interpretativas. La decisión radica en elegir solidaridad con la naturaleza o ejercer dominio sobre ella. Dijo Jeremy Rifkin, líder de la Foundation on Economic Trends: “aunque se la intente presentar como una tecnología limpia y eficiente, la ingeniería genética es en realidad la consagración de la tendencia a la productividad y explotación que está en la raíz de todos nuestros problemas”. Sus avances entrañan serios problemas éticos, legales, sociales, ambientales y económicos. Manifestaron ser inagotables como devastadores en todos los aspectos, aún obteniendo beneficios aparentes. Incrementan riesgos y la posibilidad de extinción de especies enteras. Solo pueden descubrir el mecanismo pero nunca la causa de la enfermedad. No tienen fundamentos ni bases que sustenten sus procedimientos en la naturaleza misma. Ante la producción deliberada de organismos genéticamente producidos y colocados en el ambiente, la manipulación transgénica de animales y demás organismos vivos, la comercialización y aplicación de hormonas de crecimiento genéticamente obtenidas, virus que vacunan al hombre y a los animales, virus nocivos actuando como plaguicidas, series de animales y vegetales idénticos, microbios que devoran residuos tóxicos, cultivos resistentes a los herbicidas, ovejas con genes humanos, cultivos alimenticios genéticamente modificados, la posibilidad del clonado humano, etc., pensamos que la ciencia va hacia atrás toda vez que no investiga las causas profundas de la infertilidad y nos quiere hacer creer que necesitamos técnicas extravagantes de reproducción artificial, cuando no tiene leyes claras, cuando no defiende la vida animal y vegetal, cuando manifiesta actitudes reñidas con la ecología y la ética. El futuro de la vida en la Tierra depende del hombre consciente, capaz de modifi car hábitos culturales en pos del propio perfeccionamiento y de ennoblecer la especie humana. Toda la tarea de concientización en este sentido, debe ser alentada y apoyada como la más elevada aspiración para transformar al ser humano en el verdadero máximo exponente de la naturaleza. “Debe hacerse de la medicina un arte público, el verdadero sabio debe ser, a la vez el médico de su cuerpo y el sacerdote de su espíritu”. Pitágoras